jueves, 24 de julio de 2014

UNA ENTREVISTA A ÁNGEL PETISME





Yo pude ser Letizia
Ángel Petisme, ministro de la felicidad

El cantautor y poeta aragonés presentó en Iruñea (Katakrak) y Bilbao (Librería Cámara) sus dos últimas obras,  el libro “Fast food for freaks” y el disco “El ministerio de la felicidad”, en el que colaboran El Drogas y Kutxi Romero. Hace unos días estrenó el vídeo de una de las canciones en la que rinde un hermoso homenaje a Cecilia Giménez, la restauradora del Ecce homo de Borja.

Patxi Irurzun. Iruñea

Lleva treinta años, quince libros y otros tantos discos repartiendo alegría, pero ha sido en el último de sus trabajos cuando por fin ha reivindicado su cargo. Ángel Petisme, ministro de la felicidad, ecce homo erectus, aragonés de vallekas, padre primerizo a los cincuenta, cinéfilo, escanciador de vino y bebedor de vida, acaba de parir poemario y disco gemelos (Desacorde Ediciones), los dos luminosos, plenos de colores, de letras que relucen como bengalas en el cielo de los días oscuros. De su poemario, “Fast food for freaks” ha escrito su colega Luis Eduardo Aute: Me parece espléndido, excelente, excesivo (en el mejor de los sin-sentidos). Todos los poemas son magníficos, justos y justicieros, austeros, limpios, exactos, mazazos de puntería exacta, precisa, elegante”. Y el disco no se queda atrás. En él, Petisme rinde homenaje al vino, a su hija Alba, a los amigos que, como Felix Romeo, ya no están pero son velas que tiemblan en la oscuridad, a una viñeta de El Roto, convertida en canción ( “Además nos votaréis”, en la que colaboran Kutxi y El Drogas y en la que el ministro de la felicidad se enfada) o a Cecilia Giménez, la pintora del Ecce homo de Borja, a la que defiende de la astracanada y el torrentismo con un escudo de belleza.

-Si te apetece, empieza soltando una barbaridad, Petisme…
Yo pude ser Letizia. En Calanda en febrero de 2000, en el centenario del nacimiento de Buñuel, me invitaron a cantar pues acababa de publicar un libro disco dedicado al cineasta. Entonces tenía de público al entonces príncipe de Asturias, a Yoko Ono, a su hijo Sean Lennon y autoridades eclesiásticas y militares. Los periodistas me dijeron después que el actual rey de los españuelos se me comía con los ojos. Recuerdo que me invitó a Zarzuela y demás pero yo no le presté mucha atención. Una pena porque ahora sería una reina republicana y otro pelo nos correría a todos.
-Disco y libro a la vez, ¿hay vasos comunicantes entre ellos?
Seguro que sí porque en ambos está mi imaginario y mis fantasmas y ambos gozan de buen humor e ironía a raudales.
-Empezando por el disco te has autoproclamado ministro de la felicidad, en un disco luminoso y optimista, ¿es eso, felicidad, alegría lo que nos falta para hacer la revolución? (ya sabes, una revolución en la que no se baile, o no se folle, no es la mía)
Bueno, fui nombrado ministro de la felicidad a regañadientes como a quien le toca ser presidente de la comunidad de vecinos. Es un ministerio sin cartera y por un año, así que no saldré de pobre. Minister significa sirviente, criado, el que está por debajo de los magister: los maestros. Cómo ha cambiado la tortilla, eh. Sí, creo que la auténtica grandeza frente al poder y contra él es seguir sonriendo. La risa es una forma de re(e)xistir. 
-Aunque al disco, no le falta tampoco la rabia, en la canción con Kutxi y El Drogas, o en Virgen de los Peligros, expresada con dos registros diferentes…
Son canciones cívicas contra la realidad asfixiante: el bipartidismo y la casta política en Además nos votaréis y los desahucios en Virgen de los Peligros. En ésta última utilizo el documento, el testimonio de una madre y una hija a punto de ser expulsadas de sus hogares y es una crónica y una plegaria a la vez. En la primera funciona más la mordacidad y la caña a través del recochineo de los políticos que se dirigen a nosotros: Os bajaremos los sueldos, os quitaremos derechos, nos llevaremos la pasta y además nos votaréis…
-Acabas de estrenar un video con Cecilia Gimenez, la restauradora del Ecce Homo de Borja, en la que tú también te pones en sus manos, dejas que te mime, te dé de comer… ¿Cómo y por qué surgió esta canción y la idea del video?
La historia del Ecce homo me inspiró una canción de amor y ternura. Todos somos esa pintura abandonada que se cae a pedazos y esperamos la mano restauradora del amor. Da igual que luego salga un monstruo, lo importante es que en el amor existe la voluntad y el deseo de mejora. El vídeo surgió porque me pasaron el teléfono de Cecilia y estuvimos más de horas de conversación en la primera llamada. Hubo mucho feeling, era como hablar con mi madre. Cecilia tiene un hijo paralítico de 55 años del que cuida desde niño, así que ese sentimiento materno filial era el mismo que el del Ecce homo con su creadora.
-Otro tema muy presente y nuevo en tu caso es la paternidad (me encanta y me resulta muy cercano, por cierto, cuando le dices a tu hija eso de “Si gano este premio te compro la Nintendo”, es casi un microrrelato), que en tu caso tiene algo de especial (padre a los 50, adopción, etc.)…
Sí, hay tres canciones que nacen con los nuevos sentimientos y la responsabilidad de adoptar a una pequeña que no venía precisamente con la mochila vacía sino llena de piedras y malos tratos.
-En cuanto al libro, resulta muy actual, tiene algo de justiciero, como te dijo Aute, pero a la vez parece también un libro que has compuesto escribiéndolo a fogonazos, en diferentes épocas, apuntando en servilletas o paquetes de tabaco… ¿Es así? ¿Cómo ha sido el proceso?
Lo fui escribiendo en libretas y papelitos desde 1996 hasta ahora.En realidad son apuntes, primeros versos que yo guardaba para hacer un poema o una canción en el futuro y se han quedado en relámpagos sin tormenta como aforismos, bueno, euforismos como dice un amigo. Suele tender a despertar una reflexión,un pellizco poético o en ocasiones la risa directamente.
-Para acabar has decidido mover tanto disco como libro solo por pequeñas librerías…
Es que en eso que llaman los “supermercados de la cultura”, que en realidad son del ocio y la informática les da igual vender el disco de Paquirrín Dj. que el mío. En un tiempo en que nos quieren robar hasta las mismas palabras, el mejor espacio para los ciudadanos libres son las librerías, a pie de calle, con relatos, ensayos, poemas, canciones y sueños para cada uno de nosotros.



lunes, 21 de julio de 2014

EN TODOS SOMOS SOSPECHOSOS (RADIO 3)


Haciendo el golfo y el sospechoso con la gran Laura González en Radio 3. Como siempre, ella me consiguió sacar una entrevista bien divertida. A partir del minuto 40, justo después de que suene Hurricane, ni más ni menos, de Bob Dylan

EN ROCKOLA FM



Bego Loza recomienda encarecidamente "Atrapados en el paraíso" en el programa "Compañeros de viaje". Se lo agradezco de todo corazón, y ya van unas cuantas, pero cuando vaya por allí no pienso cantar, con karaoke o sin él. A partir del minuto 35.

PRÓLOGO CIRUELO O AFILANDO EL CUCHILLO DE MATAR OGROS (Prólogo para EL CERO TAMBIÉN CUENTA de MANU LF)

Foto: En la selva de Sarriguren, dos escritores vecinos y amigos, con sus libros y sus niños. He tenido el gustazo de escribir el prólogo de 'El cero también cuenta' de Manu LF (prólogo titulado 'Prólogo ciruelo o Afilando el cuchillo de matar ogros). También presente con uno de sus comix un colega común, Juan Kalvellido. Una mañanica bien a gusto. La foto la ha sacado mi hijo Hugo.
Con Manu en Sarriguren (foto Hugo Irurzun)

Como ahora todos somos supermodernos Manu me pidió por el Facebook que le escribiera este prólogo. Yo me había prometido no volver a escribir prólogos en mi vida. No por mí y por el tiempo que me falta, que también, sino por aquellos que me lo piden. Que yo le escriba un prólogo a alguien no sé en qué puede mejorar su libro, al contrario, igual solo sirve para meterle en líos, o para afear lo que viene detrás.  Pero Manu no es alguien, no es un amigo cualquiera, no es un amigo del Facebook, Manu y yo nos hemos visto las caras, nos hemos echado algún café juntos, aquí en Sarriguren. Somos vecinos y además tenemos un amigo común, el dibujante Juan Kalvellido, y los amigos de Kalvellido son mis amigos por decreto. A los amigos de Kalvellido hay que escribirles prólogos sí o sí. Sobre todo, si te has visto los gepetos, y has certificado que, como Manu, son gente de fiar, gente de verdad, gente que merece la pena y con los que los cafés se alargan, raja que te raja, y que le den por saco al Facebook.
De ese modo, además, es mucho más sencillo comprender qué significa la literatura, la poesía para Manu. Manu escribe poesía para cerrar la puerta a los ogros, en la habitación de los niños. Manu escribe poesía en legítima defensa, del mismo modo que robaría o quizás haya robado una bandeja de carne del súper para dar de comer a sus hijos cuando las cosas se ponen feas, cuando los ogros llevan corbata y se comen los sueños de la gente. Manu escribe poesía con las manos llenas de agujas, con sus manos de currela hinchadas y doloridas…
Por eso escribo este prólogo. Por eso y por versos como este: “En la urbe moderna/lo más parecido a la felicidad/ es encontrar aparcamiento”. Y por sus relatos. Porque en ellos aparece gente que se presenta a anuncios del periódico en los que buscan afiladores de cuchillos. Y también por vanidad. Porque en uno de esos cuentos Manu me menta, y además de la mejor manera posible, escribiendo en la misma línea mi nombre y una de mis palabras fetiche: ciruelo. El cuento en cuestión es además una segunda parte de otro que me encanta, que me trae a la memoria los relatos del mejor Bukowski, cuando este deja de ser Mister Polla (o Mister Ciruelo) y se pone socarrón. Puede que Manu no quiera volver nunca a un taller literario en Lloret, como el que describe y da título a ese relato, pero si quedan plazas libres para próximas ediciones yo me apunto. Mientras tanto, esperaremos a que Manu siga tirando del hilo, escribiendo más cuentos de ese palo, cuentos con títulos como “Mi glande juega al ajedrez”. Y a que siga afilando el cuchillo de degollar ogros con sus versos.
En fin, Manu. Que el prólogo te lo mando por el Facebook, pero ¿cuándo nos echamos otro café?

Sarriguren, 20 de mayo de 2014

Entrevista en Gara sobre 'Atrapados en el paraíso'

La entrevista que me hizo en Gara Álvaro Hilario, con la foto de Iñigo Uriz, que me gusta mucho.




ANNALYN




El día de mi cumple, hace algunos días alguno de los lectores de facebook  me pidió que me pagara una ronda publicando un relato, y eso me disponía a hacer, cuando me sucedió una cosa realmente curiosa y hermosa, que perfectamente podría ser también un relato. Como sabéis la portada de mi último libro es una fotografía de Hartmut Schwarzbach. Pues bien, cuando como digo me disponía a colgar un cuento-ronda en el muro, recibí un mensaje de Hartmut felicitándome por mi cumpleaños y contándome que, oh casualidad, la niña de la foto, que se llama Annalyn, también cumplía los años, 9, cuando él le sacó la foto, un día como ese (que el fotógrafo sepa el nombre de la niña y su fecha de cumpleaños y la recuerde, dice mucho sobre él). A mí este tipo de coincidencias me encantan, me emocionan, son como piezas de un puzle extraño que encajan, que estaban destinadas a encajar, aunque cada una de ellas se encontrara a miles de kilómetros de la otra. Qué bonito regalo de cumpleaños. Gracias Hartmut. Y felicidades Annalyn.

UN OSO SINTECHO Y OTRO EN TANGA




Artículo publicado en la sección 'Rubio de bote' de ON, suplemento de los diarios del Grupo Noticias (http://issuu.com/gruponoticias/docs/on190714/0 Página 17)


UN OSO SINTECHO Y OTRO EN TANGA

—Este oso ha debido de llevar una vida de perros—pensé cuando vi aquel enorme peluche abandonado junto a los contenedores de basura, debajo de casa.
Tenía buen aspecto, a pesar de todo. Parecía más bien que en lugar de haber sido desahuciado del cuarto de un niño con alma de banquero, acabara de regresar de una comida de empresa de osos, en la que se hubiera excedido con los chupitos de miel o quedado traspuesto de vuelta a su madriguera, de puro gustirrinín, mientras se rascaba la espalda en la farola contra la cual se apoyaba. Parecía que durmiera la mona, el oso. Pero su aliento no olía a alcohol ni a ceniza ni a trucha muerta. Había algo inquietante en aquel oso. Algo misterioso. Me acerqué a él  y olfateé. Tampoco olía a babas ni a cabezas de niños ni de poetas. Nadie había besado nunca a aquel peluche, nadie lo había abrazado antes de quedarse dulcemente dormido. Aquel oso olía a trastero, a pelusones, a goteras, al moho que exhalan los corazones solitarios que no eligen serlo. A mí se me partió el mío al verlo. En la habitación de mis hijos había, hay un oso exactamente igual a él, un oso al que hemos querido, sobre el que hemos babeado mucho. Putoso. Así lo llamamos, cariñosamente, pues es tan pesado y grande —en todos los sentidos—que siempre está en medio de todo. 
Se lo regaló mi cuñada a mi primer hijo, al nacer. Apareció en la maternidad detrás de él y al entrar en la habitación casi asfixia al niño, pues se tiró emocionada a abrazar a su hermana sin percatarse de que en su regazo estaba la criatura. Putoso lleva pegado a su piel el primer aliento de mi hijo y las lágrimas hermosas como pompas de jabón de su madre y de su tía. Putoso ha servido de almohada a algunos amigos que han hecho parada y fonda por la casa, con sus maletas llenas de libros de poemas y sus cabezas de pájaros. Putoso fue airbag cuando los niños comenzaron a andar. A Putoso lo hemos puteado también de lo lindo, lo hemos vestido de judoka, de romano, le hemos puesto tanga… Y él nunca se ha quejado. Siempre ha estado ahí. Queremos mucho a Putoso, y por eso me resultó incomprensible que alguien hubiera podido ser tan despiadado como para abandonar a uno de sus semejantes, junto al contenedor de basura.
—Quizás —imaginé — este oso desahuciado sea hermano gemelo de Putoso, uno de sus diezmilquinientillizos, alumbrado en una de esas siniestras fábricas asiáticas o en esas maquilas centroamericanas en las que las niñas esclavas cosen mensajes de auxilio en las etiquetas de lavado—. ¿Y si me lo llevo? —me pregunté, y luego subí a casa a tramitar los papeles de la adopción (es decir, a mandarle un guasap a mi mujer para ver qué decía). Y mientras esperaba la respuesta me pareció que la imagen de ese oso, tirado en la basura, era una metáfora de algo, un signo de los tiempos,  que no llegaba a descifrar del todo, y pensé que, cada vez más a menudo, en los contenedores no había peluches abandonados, sino gente hurgando con ganchos, gente que tampoco tiene la vida que se merece. Después, me asomé a la ventana y vi que el oso había desaparecido. Me pregunté si alguien —ojalá— lo habría adoptado o si se lo habría llevado el camión de la basura.


domingo, 29 de junio de 2014

CÓNSUL DE LA FELICIDAD



Ejerciendo de cónsul de la felicidad con mi ministro, Ángel Petisme, que presentó en Pamplona (Katakrak) sus dos últimos trabajos: "Fast food for freaks" y "El ministerio de la felicidad". Fue un placer presentarle.

EN DEIA, CON IBAN GORRITI

Foto: Unai Beroiz

Atrapados en la dignidad de los quevedos de Patxi Irurzun


Pamiela concede una segunda vida al éxito 'Atrapados en el paraíso' (2004) del escritor navarro en el décimo aniversario de su primigenia publicación por el Gobierno de Nafarroa
IBAN GORRITI - Lunes, 23 de Junio de 2014 
BILBAO - Hay una segunda vida en las irrespirables montañas humeantes, en las Smoky Mountains de Manila. Se reedita, se recicla estos días en papel facturado por Pamiela un segundo tiempo de un libro de 2004 acotado en un mundo basurero cohabitado de Filipinas, humeante de literatura firmada por Patxi Irurzun (Iruñea, 1969). Existe ya una segunda parte. En ella hay, además, una segunda parte contratante de este periodista en su libro Atrapados en el paraíso: Es la vida en Papúa Nueva Guinea. Indómita.
Lectores de esta publicación (ya) de culto, insurgentes, muy fans, dignos, universitarios de New Jersey, el cantante de Marea, recolectores entusiastas, enamorados, el bajista de La Banda del Abuelo, cáusticos... han sido los que han empujado a que este vaporoso tomo de viajes novelado vuelva a las librerías en nuevo formato y con anejos extras. Es lo que el mago de Sarriguren denomina "segunda oportunidad".
Arribados hasta aquí: la primera parte de la segunda parte pone en el mapa a un no-aventurero Irurzun en un basurero-ciudad en el que conviven 60.000 personas que se consideran privilegiadas si el camión llega a tirar los vómitos de la metrópoli de 15 millones de habitantes a su enclave. Doscientos habitantes perdieron la vida días antes de llegar el navarro a sus colinas por un derrumbe. La segunda; trata de respirar en Oceanía en Papúa Nueva Guinea.
Irurzun viajó cuatro meses a nuestros continentes más lejanos en busca de párrafos de... viaje que atraparan al lector, de amor -acababa de enamorarse y atrapar relación con Malen, su hoy compañera-, líneas que de forma inconsciente le pusieron a prueba o dejar escrito cómo quedaba atrapado en situaciones descontroladas fuera de las paredes de su seguro hogar, atrapado en la burocracia de la diáspora. La bitácora daba también para tergiversar una crónica periodística al uso o volver a casa con ropa que olfateaba a muerto. La nariz no fue lo que más sufrió. Los ojos no acababan de creer lo que vivía. En Payatas sobre y bajo el hedor había bodas, nacimientos, escuelas, familias cantando karaokes mientras velan a su pariente muerto desafinados con botellas de ron... Y al otro lado de las montañas en las que Irurzun escarbó dignidad tuvo contacto con exministros de Corazón Aquino o con los pelotaris de Manila. Todo con un equipaje de mano cargado con mudas literarias de humor. Para viajar aseado de tópicos. Y de allí a cerca, 5.000 kilómetros, al Río Sepik, autopista acuífera de aldeas con culturas chocantes. La moneda de cambio era la solidaridad entre pescadores. Aún se le empañan gafas a Irurzun con aquel aliento. Quería reflejar en sus quevedos la dignidad de pasear bajo las montañas humeantes, "en lo más bajo de todo", describe quien considera su suerte como "peripecias de un escritor tímido".
CRUCE DE CAMINOS Compañeros de tinta de Patxi Irurzun recomiendan a DEIA este libro. Así, el periodista Josu Arteaga estima que Atrapados en el paraíso "se trata de un libro vital e iniciático. De esos que no escriben los grandes nombres sencillamente porque no pueden. Es literatura para releer un ciento de veces porque nace de la necesidad. Una sacudida que incomoda pero que a la larga se agradece".
Óscar Beorlegui también aporta a este diario su visión. "Es un retrato de Patxi tratando de huir de sí mismo o de buscarse, de encontrarse en su laberinto. En el auténtico cruce de caminos que le estaba tocando vivir. Bajo la excusa de un aparente viaje por el mundo, lo que se le ofrece al lector es mucho más: una inmersión en primera persona en el ser de Patxi. Un emocionante viaje a pecho y corazón abierto realmente introspectivo".
Habla el cantante de Marea y escritor, Kutxi Romero: "Patxi sabe que no es un libro: es un espejo. Y lo único que espera es que nos miremos en él y allá nosotros con nuestra cuchara". El lector como Kutxi, Beorlegui o Arteaga quedan atrapados en la dignidad: "A veces me cuesta hablar de la dignidad -cuenta Irurzun-, porque hay palabras que se manosean tanto que se reducen a tópicos, pierden valor. Pero es eso, conservar la alegría incluso cuando te han despojado de todo, de todo lo material, demostrar que hay cosas que nunca podrán quitarte, porque eres humano, sigues siendo humano, incluso cuando intentan invisibilizarte, borrarte, reducirte a una estadística… Es difícil explicarlo".
http://www.deia.com/2014/06/23/ocio-y-cultura/cultura/atrapados-en-la-dignidad-de-los-quevedos-de-patxi-irurzun

EN NÓMADAS DE RADIO NACIONAL, DE VUELTA A PAPÚA NUEVA GUINEA

La nación que ocupa la mitad oriental de la isla de Nueva Guinea es un territorio montañoso de gran actividad volcánica atravesado por una cordillera en la que viven cientos de grupos tribales, cada uno con su idioma y tradiciones originales porque se han mantenido bastante aislados del mundo exterior. Esta autenticidad, sin embargo, convierte a Papúa Nueva Guinea, uno de los países más biodiversos del mundo, en uno de los más amenazados por la tala indiscriminada de bosques por parte de compañías extranjeras. Nos acercamos a su realidad social y paisajística en un viaje sonoro guiado por los escritores y viajeros Patxi Irurzun y Francisco López-Seivane.

MAGNUM

.Foto: Hoy una lectora me ha enviado una magnum. De vino. Rioja. Ah, qué grandes lectores sigue teniendo Atrapados en el paraíso... Compran mis libros, los regalan a sus amigos, familia (que alguien regale mi libro a alguien al que quiere me parece algo maravilloso, me emociona...), y no contentos con ello me hacen regalos también a mí. Yo no voy a decir que no, claro, y si alguien se anima y quiere seguir el ejemplo... Gracias, gracias, Cristina, la descorcharemos en una ocasión especial, igual por mi cumple, que se acerca y cae cifra redonda.

Hoy una lectora me ha enviado una magnum. De vino. Rioja. Ah, qué grandes lectores sigue teniendo Atrapados en el paraíso... Compran mis libros, los regalan a sus amigos, familia (que alguien regale mi libro a alguien al que quiere me parece algo maravilloso, me emociona...), y no contentos con ello me hacen regalos también a mí. Yo no voy a decir que no, claro, y si alguien se anima y quiere seguir el ejemplo... Gracias, gracias, Cristina, la descorcharemos en una ocasión especial, igual por mi cumple, que se acerca y cae cifra redonda

domingo, 22 de junio de 2014

PORTEADORES Y PALANGANEROS



Hace algún tiempo visité el Palacio Real de Aranjuez y en una de las salas en la que exponían los juguetes de los niños que nacen príncipes por voluntad divina y de la Constitución española había una de esas sillas para hacerse transportar a hombros por cuatro vasallos, una silla pequeñita, con su palio y todo. Me pareció una imagen muy elocuente de lo  que es la monarquía. Si nada lo ha remediado, hace dos días (yo escribo esto una semana antes) Felipe Sexto se habrá paseado rey por el centro de la villa y corte de Madrid ante los aplaudidores, porque solo habrá aplaudidores y siete mil policías para dar de hostias a los que no lo sean. Semejante despliegue, dicen los telediarios, pretende evitar atentados y abucheos, y lo dicen todo en la misma frase. Y también escriben titulares como este: “El Rey que sirve a todos los españoles y el Príncipe que ama a España son aclamados y vitoreados por la ciudadanía”. No, no es una broma, es la portada de un periódico. O quizás sí, quizás es una broma, colada por un becario cuatrocientoseurista e irónico al que le ha tocado el cierre.
El departamento de comunicación y propaganda de la Casa Real también parece estar infestado de gamberros, si no no se entiende como pueden poner a leer al campechano Juan Carlos en su discurso de abdicación frases como: “La larga y profunda crisis económica que padecemos ha dejado serias cicatrices en el tejido social, pero también nos está señalando un camino de futuro cargado de esperanza”. Eso, si no es una broma, es de bribones. Y de cobardes. Eso a ver si hay narices de decírselo a la cara a un desahuciado o a un parado de larga duración.  O quizás no sea una broma ni puro cinismo, quizás sea solo dejadez, un trabajo mal hecho, una campaña de marketing y una ducha apresurada de patriotismo, cuando el régimen se ha tambaleado. Las elecciones europeas han dejado al descubierto la trastienda de este chiringuito de la que han salido dando voces y vivas al rey los dos grandes partidos, monárquicos y republicanos, ja, ja,  cuando han notado que les movían las sillas, y agitando las palanganas periodistas, empresarios y algún cantante argentino del que ya no voy a ser más fan. Porque yo estoy a favor de la ilegalización y el aislamiento social de los monárquicos. Y en contra del referéndum. No se puede estar a favor de la monarquía. ¿Se puede estar a favor del cinturón de castidad, de la picota, de la edad media? ¿Se hacen referéndums sobre eso?...
En aquella visita al Palacio Real de Aranjuez me imaginé  qué pasaría si alguien le regalara a uno de mis hijos una de esas sillitas de mano. Fue mucho imaginar, claro, porque no veía yo a los niños en el parque aupados en hombros por cuatro de sus amiguitos. Menuda lacha. En realidad, nunca saldría de casa con un juguete como ese, no se me pasaría por la cabeza (no sé si a los reyes, les sucederá eso, si pensaran a veces en lo antidemocrático de sus privilegios; o si seguirán siendo niños príncipes, pequeños tiranos toda la vida), pero si mis hijos, que son los únicos reyes ante los que agacho la cabeza, insistieran mucho y yo accediera, lo que realmente me preocuparía no sería verlos subidos en ese trono, sino que fueran uno de los que llevaran a hombros la sillita, con su palio y todo.

Patxi Irurzun
Colaboración para la sección Rubio de bote del semanario ON (periódicos Grupo Noticias)


jueves, 12 de junio de 2014

EN RADIO 5 CON "ATRAPADOS EN EL PARAÍSO"

Una buena entrevista que me han hecho esta mañana en Radio 5, hurgando como "scavengers" en lo que hay al fondo del libro, los sentimientos, las motivaciones del viaje, por qué a veces hay que alejarse para ver y apreciar lo que tenemos cerca...

http://www.ivoox.com/atrapados-paraiso-patxi-irurzun-entrevista-en-audios-mp3_rf_3214899_1.html

EN 'LA CASA DE LA PALABRA' (RADIO EUSKADI) CON ROGE BLASCO



Salimos en los diez últimos minutos hablando de "Atrapados en el paraíso"

UN RELATO SOBRE EL CONFLICTO VASCO SIN BLANCO Y NEGRO

Foto: Leticia Ruifernández

El dibujante bilbaíno Javier de Isusi cuenta en la novela gráfica “He visto ballenas /Baleak ikusi ditut” (Astiberri) una historia que busca caminos para la reconciliación, a través del encuentro entre un preso de ETA y otro del GAL en una prisión francesa. 

Patxi Irurzun. Iruñea

Parece una perogrullada, pero para creer lo que se cuenta en esta novela gráfica hay que leerla. Hay que confiar en quien cuenta que ha visto ballenas, y escuchar su historia. No basta con resumir de forma apresurada su argumento: dos jóvenes amigos que toman caminos opuestos y que aparentemente nunca pueden volver a encontrarse: uno de ellos, Antón, perderá a su padre en un atentado de ETA; el otro, Josu, se convertirá en militante de la organización armada y conocerá, más tarde, en prisión a Emmanuel, un preso del GAL, con quien establece una relación personal, y que es además el asesino del asesino del padre de su amigo Antón… Sí, todo parece a priori enrevesado, efectista, forzado. Hasta que se empieza a leer el libro y la historia no solo se sostiene, se convierte en verosímil (porque lo es, en parte está basada en una historia real; y sobre todo, por el magnífico trabajo del autor, Javier de Isusi), sino además en un relato que contiene claves para la reconciliación en un conflicto como el que ha sufrido durante las últimas décadas Euskal Herria.
La historia del encuentro entre los presos de ETA y el GAL se la contó a Isusi su hermano, e inmediatamente el autor bilbaíno tuvo por una parte el pinchazo creativo, la necesidad urgente de contarla y por otra la conciencia de que se metía en terreno resbaladizo y desconocido para él. Tal y como reconoce a Javier Zalbidegoitia en una entrevista en la web de Astiberri, la editorial que ha publicado en euskera y castellano He visto ballenas / Baleak ikusi ditut  “la realidad de la violencia en Euskadi me ha tocado vivirla desde pequeño porque soy vasco pero la verdad es que mi contacto real con ella ha sido muy tangencial, nunca he sentido en mi entorno más cercano la opresión policial ni la de ETA. Jamás sentí esa generalización que tanto gusta en ciertos medios de comunicación de que en Euskadi se vivía con miedo, que no podías decir libremente tus opiniones... Con esto no quiero decir que eso no haya existido (o exista aún en algunos ambientes) ni pretendo minimizar la tragedia que tantos han vivido y en algunos casos siguen viviendo en Euskadi, simplemente digo que yo no la he vivido en mi propia carne ni en la de mis conocidos, y por tanto, no necesitaba sacar una historia sobre este tema a modo de catarsis; más bien cuando la historia me llega, automáticamente siento y pienso que precisamente por esa lejanía relativa puedo servir de vehículo para sacarla a la luz, aun siendo consciente de todas mis limitaciones”.
Limitaciones que creativamente Isusi convierte en virtudes, tanto en el tono o el modo de abordar la historia, como en el tratamiento formal. Isusi ha escrito una historia llena de matices que convierte a los personajes en personas. En cada una de ellas, incluso en aquellas de las que cada cual pueda sentirse más lejana ideológicamente,  resultan reconocibles como propios sus contradicciones, sus dudas, sus temores… El autor ha huido del maximalismo, tan común a la hora de hablar del “tema vasco”, y, de hecho, ha dibujado con acuarelas en grises y amarillos, huyendo del blanco y negro (al que recurrió inicialmente empujado por la urgencia de contar la historia) y  buscando la intimidad y a la vez la frialdad de los dormitorios, de la luz mortecina de los calabozos o de las salas de espera de las cárceles…
Para retratar todos esos espacios y para encarnar a sus personajes se documentó y habló con personas que han vivido en primera persona historias como la que él cuenta, víctimas de la violencia o presos, y tuvo también claro que no publicaría el comic sin la aprobación de ellos. El resultado es una obra en la que consigue ponernos en la perspectiva del otro, romper con los prejuicios y sobre todo que convierte el arte, la ficción en una herramienta necesaria para contarnos a nosotros mismos quienes somos o hemos sido y para que exista una oportunidad en la que los caminos vuelvan a encontrarse y en la que la escena final, como sucede en “He visto ballenas”, quede abierta. 


 Artículo publicado en Gara




lunes, 9 de junio de 2014

ATRAPADOS EN EL PARAÍSO EN 'RUBIO DE BOTE'



Con Kutxi, tal vez el principal culpable de la reedición del libro

La última vez que hice esto me echaron. Un “Yo-he-venido-aquí-a-hablar-de-mi-libro”, digo. Pero entonces no tenía tantos amigos. De Facebook, digo (de los otros nunca he tenido muchos; de hecho, en mi cuadrilla éramos tres). El caso es que mis amigos virtuales son los dedos más rápidos del salvaje internet a la hora de apretar los ‘Me gusta’.  Gente a la que no le va a gustar un pelo que mi estado sea “Me han quitado la columna del ON”. Lectores fieles, hooligans de Patxi Irurzun, que incendiarán las redes sociales, usarán mis libros como lo que son —armas arrojadizas—, dejarán de comprarse su periódico, señor director, o de robar los sábados en los bares este semanario si usted me echa. Piénseselo.
Dicho lo cual, yo he venido hoy aquí a hablar de mi libro. De basureros en Manila y tribus de papús con fundas de cuero en el pito (que se las quitan después de que el periodista haga la foto y se ponen unos vaqueros). De arroz y de moscas. Del Mr. Bean de la literatura de viajes —yo— y de la chica más guapa del barnetegi —mi chica—... De eso, entre otras cosas, va el libro. Ahora el “Cómo empezó todo”.  Hace doce años gané un concurso de literatura de viajes convocado por El País. Seis mil euros para gastar en un solo viaje. Decidí irme a Payatas, un vertedero en Manila en el que trabajan y viven miles de personas. Y a Papúa Nueva Guinea, uno de los pocos países desmacdonalizados del mundo. Luego escribí un libro, Atrapados en el paraíso, sobre mis peripecias de viajero novato y enamorado (solo unos días antes de irme acababa de conocer, en un barnetegi, a la que hoy es la madre de mis dos hijos). Y con ese libro gané un premio (y con el dinero de ese premio hice otro viaje, volví a escribir sobre él y a ganar otro premio, otro viaje… y así estuve, encadenando premios y viajes, durante dos años: Chiapas, La Habana, Bangkok…, pero esa es otra historia).  
Atrapados en el paraíso tuvo una vida secreta — porque yo soy un autor de culto—pero sentimentalmente intensa, con encuentros con lectores que se enamoraron del libro e hicieron tonterías por él: una chica francesa lo tradujo por puro gusto; un grupo de rock, La banda del abuelo, acostumbra a regalar algún ejemplar  en sus conciertos…. Todo muy guay, sí, pero lo mejor, lo más placentero de los secretos es traicionarlos —y, por otra parte,  los autores de culto también tiene que comer—, así que finalmente decidí hacer caso al gran Kutxi Romero, de Marea (“¿Para cuándo una reedición en condiciones de Atrapados en el paraíso, que es tu mejor libro, compadre?”) y darle una segunda oportunidad a esta obra, que ahora vuelve a editarse.
Ya voy acabando, señor director. En realidad me da mucha vergüenza todo esto. Pero tenía que hacerlo, entiéndame.  Yo soy un escritor humilde, sin padrinos, sin agente literaria, sin dinero para comprar a una agente literaria. Lo único que tengo es mi libro, pero eso se lo juro, a las personas que lo lean les va a gustar, se van a divertir, se van a emocionar, van a viajar conmigo, van a ser más guapas y más guays, no van robar más el ON de los bares, se lo comprarán en el quiosco todos los sábados… No me eche, por favor. Y vosotros, dadme algo. Leed mi libro. Tengo hambre.


Colaboración para ON (Grupo Noticias)
Página 8



jueves, 5 de junio de 2014

EN EGUZKI IRRATIA POR LA MAÑANA CON MARCELA ABARZUZA Y EN LA FERIA POR LA TARDE CON CAPITÁN CALZONCILLOS




Ahí va el podcast del programa en la Eguzki Irratia, con Marcela Abarzuza, hablando de la Feria y de mi libro "Atrapados en el paraíso". A partir del minuto 26. Marcela es lectora mía desde el primer libro que publiqué, "Cuestión de supervivencia", cuando, y durante algunos libros más, ella me imaginaba como un terrible macarra, campando a mis anchas por Navarrería. Nunca he faltado en su librería de la cuesta de Santo Domingo y le estoy muy agradecido por eso y por las bonitas palabras que hoy me ha dedicado, en la animada charla que hemos tenido con Fertxu Iziquierdo, otro que tal. Gracias a los dos, nos sé qué haríamos sin gente como vosotros. Por la tarde he vuelto a coincidir en la Feria con Marcela y con este amigo, el Capitán Calzoncillos, uno de mis ídolos literarios y de mis hijos.

ESPEJO DE PRÍNCIPES. Patxi Irurzun


 
Borbones en pelota

Aquí está mi cuento "Espejo de príncipes", en el que un tipo empuja al príncipe para que reflexione sobre su papel. El relato se va a hacer viejo antes de lo que yo creía. He decidido liberarlo, publicarlo íntegro, ahora que la monarquía se tambalea. Como en el cuento, que es una caricatura, un esperpento, una portada de El Jueves. Los espejos de príncipes eran manuales didácticos para príncipes y gobernantes. Yo es por aconsejarle un poco, a Felipe, ahora que todavía está a tiempo, antes de numerarse en la historia como un rey más, el sexto de los Felipes, cuando podría pasar a la misma como el primero con un poco de decencia , renunciando al trono. Apareció en "La tristeza de las tiendas de pelucas" (Pamiela, 2013. Finalista del Premio Setenil 2013) y en la antología dedicada a Celine, "El descrédito", de Lupercalia Ediciones. La ilustración es la portada de un libro publicado por los hermanos Bécquer, "Los Borbones en pelotas", con unos lúbricos dibujitos sobre esta campechana estirpe.

ESPEJO DE PRÍNCIPES

Me compré una camiseta con la jeta de Celine por internet y me llegó a casa el mismo día que empujé y tiré al suelo al príncipe Felipe –o que atenté contra él, como dicen algunos periódicos-. Dicen también, esos bocachanclas, que lo mío y lo del escritor francés es como lo de aquel otro, aquel que le pegó un tiro a Jhon Lennon y después se sentó a leer El guardián entre el centeno mientras llegaba la pasma. Que estoy tan majareta como él.  Pero se equivocan. Todo fue pura casualidad. Y yo desde luego no estoy obsesionado con Celine —ni con el príncipe, por otra parte—,  no soy un experto, ni una autoridad, ni siquiera un fan de ese autor. Algunos piensan que sí, y me invitan a escribir artículos, a participar en antologías como esta, y yo digo “Vale”, pero en realidad lo hago sólo porque me aburro, aquí en la cárcel. Por eso y porque hay que figurar, hay que hacer como que controlas, si quieres ser escritor. Yo sí quiero, pero tengo un problema: se me olvida todo lo que leo, los libros, no retengo, no entiendo cómo hacen esos intelectuales, que hablan y escriben  como si tuvieran esos libros siempre abiertos y subrayados dentro de su cabeza. Para mí que va ser cosa del Google. Sí, por supuesto, leí hace años Muerte a crédito y El viaje al fin de la noche, y lo que recuerdo es a un tipo cabreado y con dos huevos muy gordos; a un escritor con los puños tatuados, como en la canción Radio Rahim,  de Negu Gorriak: “Amodioa eta gorrotoa hatz koskoetan tatuarik…Eta batzutan amodioarekin, bestetan aldiz gorrotoarekin” (“Amor y odio tatuados en los nudillos… Y algunas veces (golpeas) con AMOR y otras en cambio con ODIO”). Eso, y los puntos suspensivos… Seguro que en esta antología hay muchos puntos suspensivos. Espero al menos que ninguno tenga la misma ocurrencia que yo y diga, por ejemplo,  que son como los agujeros que deja una ráfaga de ametralladora en la pared, o sobre la calavera de un rey (“Los testículos me cortaría, por la calavera del rey”, cantaban Eskorbuto; Celine creo que también se los cortaría, o al menos escribe/dispara haciéndote creer algo parecido). Y eso es lo que recuerdo de sus libros y lo que puedo contar sobre Celine.

***
Esta mujer, esta flaca, a mí me va volver loco, siempre metiéndome en líos, el último con el escritor ese, que yo no sabía, lo juro por mi honor,  no tenía ni idea de que fuera un filonazi,  ¡Dios!,  ¿por qué le habría hecho caso?, pero si hasta yo mismo me di cuenta de que el chiflado aquel,  el de la camiseta con el rostro del tal Celine, lo único que buscaba era sus cinco minutos de fama, y vaya que si los ha conseguido, míralo, aquí lo tienes, escribiendo esta basura, alardeando de su hazaña y a la vez lloriqueando por la cárcel que se está chupando, qué esperabas, alma de cántaro, después del viaje que me metiste, pero si todavía me duele el hueso de la risa, que le llaman, aunque su nombre científico sea nervio cubital, yo lo sé porque he visto mi radiografía en el Hola y en el ABC y en los telediarios, para que luego se quejen los republicanos, ahora todos los españoles también saben cómo se llama el hueso de la risa y que en realidad no es un hueso, sino un nervio, españoles, españolas, la monarquía es pedagógica (ay, a ver cuando se me quita esa manía de ensayar discursos), bien, el caso es que el chiflado este un día saldrá de la cárcel y entonces, ¡hala!, a vender exclusivas, y más libros, que igual también me toca leérmelos, “Tienes que leer a Celine”, me dijo mi mujer, y yo ya me eché a temblar, y a buscar en la agenda a ver qué tocaba esta vez, ¿un centenario, la inauguración de una biblioteca, una fundación, un premio literario?, y solo de pensarlo ya me puse malo: “¿Pero quién le habrá metido en la cabeza a esta mujer esa idea de escribir ella los discursos?”, empecé a bufar, “¿Para qué pagamos a un jefe de protocolo y un gabinete de comunicación?, ¡Claro como ella es periodista!, Ay, que yo soy periodista, pues no, señorita, tú ya no eres periodista, ahora eres princesa, y los demás trabajan para ti, para que todo salga bien y no metas otra vez la pata”, pero ella erre que erre, con el Celine ese, “A ver, ¿para qué tengo que leérmelo?”, le dije, “Para nada, porque sí, por saber. Y además te vendrá muy bien cuando quedamos a cenar con Sabina y esos”, me contestó, y entonces yo, claro, me callé, no le iba a contar que en esas cenas, cuando ella se levanta, aprovechamos para hablar de nuestras cosas, de fútbol, de cerveza, de churris, por cierto yo me doy cuenta de cómo Sabina y esos se controlan para no mirarle el culo, cuando Leti se va a hacer pis, porque las princesas no mean, las princesas hacen pis, todo el mundo lo sabe, y también que no puedes mirarle el culo así como así a una princesa, y por eso se aguantan, aunque se mueren de las ganas,  normal, porque mi flaca está como un tren,  a mí me vuelve loco, ay, si no fuera por esas cosillas suyas, si no se metiera donde no la llaman, “Acércate, acércate a saludar a ese señor, ¿no has visto que lleva una camiseta de Celine?”, me dijo por lo bajinis el día del empujón, por ejemplo, “Anda vete y habláis un poco de libros, que vean todos qué principito más listo tengo”, y yo a pegar la hebra con el tarado este, que para qué le habría hecho caso yo a mi mujer, bastante tenemos con lo que tenemos, con lo del cuñado, otro que tal, digo yo que a mi hermana le pasará un poco lo que a mí, se habrá dejado embaucar, porque eso también es que se veía venir, a mí nadie me quita de la cabeza que Iñaki es un submarino nacionalista, una quinta columna abertzale, que ha entrado en la familia para romper España por donde más duele, claro que también hay otros que dicen lo mismo de mi Leti, la princesa republicana, la llaman, serán gilipollas, no tienen ni idea, mi mujer lo único que quiere es modernizar un poco la institución, acercarla al pueblo, según ella, pero claro, luego pasa lo que pasa, que el pueblo se te acerca y te mete una hostia como un pan y tu acabas despatarrado, con el codo roto y a los pies de los caballos, “¿Pero a quién se le ocurre?”, me riñeron cuando lo del empujón los de protocolo, y los de comunicación, y mi padre, a mí es que me riñe todo el mundo,  “Ya tienen titulares los de Público y los de El Mundo: La corona por los suelos”, decían, y también “Por no hablar de lo del Celine ese. ¿Pero, no sabías que era un filonazi?” y yo les contestaba “Pues no. Yo soy un mandado, yo qué voy a saber”, eso era lo que les decía, “Yo qué cojones voy a saber”…
***
Lo que sí puedo contar es lo otro. Lo qué pasó aquel día, antes de llegar a la inauguración del Congreso de Exaltación de la Verdura, en el Auditorio.  Aclaro que yo me dirigí a aquel lugar por pura casualidad, haciendo el zascandil, y que fue Felipe de Borbón quien vino a buscarme y también él quien, en cierto modo,  se buscó el empujón. Pero es verdad que yo llegaba caliente, y creo que en ello tuvo bastante que ver mi camiseta. No sé, había algo en ella que me traspasaba: como si el rostro de Celine, pegado a mi corazón, me hablase; como si en lugar de una simple camiseta fuera una capa de superhéroe literario y yo adquiriera todos los superpoderes del escritor francés: los rayos X de su mirada, el escalpelo de su pluma… De repente, el mundo se convirtió en un gran estercolero, y las personas que me rodeaban en bolsas de piel llenas de vísceras y excrementos.  En el autobús todos los pasajeros me parecieron feos y ruines. Yo no era yo, sino Celine atravesando Europa, convertido en un fugitivo, y encontrándose por el camino cadáveres con puñales clavados en el pecho, trincheras llenas de muertos. Celine en un dispensario, atendiendo a tuberculosos, sifilíticos, mutilados... Odiaba al resto de viajeros, me sentía también un príncipe a lado de todos ellos, los odiaba y los amaba, me compadecía de su dolor, del dolor y el vacío que consumía y anestesiaba sus vidas, hasta tal punto que nadie en el autobús se fijó en mí, en mis nudillos tatuados, ni mucho menos en mi camiseta. Ninguno de ellos sabía quién era Celine (tal vez se hubiesen fijado en mí si llevara una camiseta con la jeta de Paquirrín, o de Belén Esteban). Tenían miedo, y el miedo los volvía más vulnerables, aunque pensaran precisamente lo contrario, que los protegía. El miedo no era su escudo, era su puñal clavado en el pecho. Miedo a perder sus trabajos de mierda, malpagados y aniquilantes. Miedo a las colas del paro, a los cursillos, a los exámenes que no querían hacer para convertirse en algo que no querían ser… Miedo a perder sus coches, las compras en el híper,  la hipoteca, el móvil… Miedo a perderlo todo mientras todo se iba perdiendo y ellos participaban en la ceremonia del miedo, votaban, miraban la tele, el fútbol, los programas del corazón, su Twiter … o mientras  se dirigían, como algunos de los que iban en ese autobús –aunque yo entonces no lo sabía—, a espantar su miedo agitando banderas al paso de un príncipe, un jefe de las fuerzas armadas, un generalísimo, un extraterrestre con el que lo único que tenían en común era que nunca se habían mirado de verdad en un espejo.
“El mundo es un autobús”, recordé la canción de La Polla Records (las canciones, al contrario que los libros, no se me olvidaban) y decidí bajarme de él, me apeé de aquel ataúd con ruedas y traté de buscar consuelo entre quienes aspiraban a la inmortalidad, con más pena que gloria, eso sí. En parte era por ellos, por un grupo de poetas que solía frecuentar, por los que me había comprado aquella camiseta. Me dirigí al bar en que solían reunirse para hablar de sus cosas (cada uno de sus cosas, porque hablaban, sí, pero no se escuchaban), pensando en la cara de asombro que pondrían al verme. Me gustaba hacerme el outsider entre aquella recua de escritores de pueblo, doblemente subvencionados, primero con sus trabajos de funcionarios, maestros, oficinistas o concejales de cultura, y después con sus columnas/redacciones de colegio en los periódicos locales; con sus premios de cuentos en los que unas veces unos eran jurados y otros finalistas y ganadores y otras al revés; o con sus revistas y libros de ripios subvencionados… Quería abrir sus bocas cerradas en las que no entraban las moscas de la incorrección política, hacer temblar sus corazones paniaguados. Pero ellos ni siquiera se daban cuenta.
—¿Ese quién es, Bukowski? —preguntó uno, señalando mi camiseta de Celine.
Así que me fui a otra parte con aquel cuento: ¿Se podía separar la vida y la literatura de un escritor, esta de sus ideas políticas o su calidad humana? ¿Se podían juzgar por separado todas esas cosas? ¿Por qué Celine era un colaboracionista y un antisemita que no se merece homenajes públicos y a Knut Hamsun le dieron el Premio Nobel? ¿Hacía acaso peor la poesía de Joseba Sarrionandia su militancia en ETA? ¿Y sus trabajos como censores a Bécquer o a Cela?...
¡Ellos qué sabían! Salí de la cafetería hecho un basilisco, en parte por su enanez mental, pero también porque me daba cuenta de que yo tampoco tenía ni idea. Ni puta idea. Yo solo tenía una camiseta de Celine. Y con ella puesta, seguí ramoneando por la ciudad, hasta que cerca del auditorio, aquel auditorio en el que se habían gastado millones de euros (aunque había merecido la pena, porque ahora podíamos ver en la ciudad a figuras de la talla de Los Morancos o Bisbal), vi a gente agitando banderas, comiendo bocadillos de mortadela, gritando ¡Majestades, majestades!.. Y decidí acercarme.

***
…aunque a mí lo que digan los de protocolo me importa un huevo, y una yema del otro lo que digan los de comunicación, a mi familia nadie nos hace callar, somos nosotros los que mandamos callar,  y además gusta mucho, “¡A callar!” le soltó el otro día mi tía a los periodistas, cuando le preguntaron por lo de Iñaki, y todos chitón, pero sin malas caras, riéndole la gracia, o como cuando papá le soltó aquello a Hugo Chávez, “¿Por qué no te callas?”, si hasta han hecho camisetas, lo he visto por Internet, yo es que entro mucho en Internet, hago egobúsquedas, creo que las llaman, Felipe de Borbón, pongo en el Google, y salen 1.840.000 resultados, aproximadamente, a ver quién puede decir lo mismo, Facebook también tengo, no con mi nombre claro, ahí voy de extranjis, y así curioseo un poco, y la de barbaridades que sueltan sobre mí, yo es que soy un poco masoca, me meto en grupos de antisistemas y perroflautas, “Tiburón”, me pongo de alias, y hasta he subido una foto de cuando Leti y yo estuvimos en un Aquarium, en Singapur o en Donosti, no recuerdo, que nos vistieron de hombres-rana y luego nos metieron en una jaula submarina a darles chuletones a los cachalotes que pasaban por allí, “Los borbones  a los tiburones”, he escrito al lado de la foto, ¿a qué es bueno?, yo es que me meo de la risa, a Leti, sin embargo, no le hace mucha gracia esto de las redes sociales, ella es más finolis, solo trastea en Internet para buscar libros, “Mira, en este te sacan”, me dice, y hala, a leer otra vez, el último fue uno de un tal Manuel Vilas, que no sé si se ríe de mí, y de papá, que también sale, o qué, pero bueno, eso es una cosa, y hasta lo de El Jueves, cuando nos dibujan chingando, y otra cosa es que venga uno y te meta un empujón, que ya le vale, “No estoy obsesionado con el príncipe”, dice, el tío, pues menos mal,  primero lo del empujón y ahora la antología esta de los huevos, al final habrá que hacerle callar también, igual hasta tengo que inventarme yo mi propia frase (“Españoles, españolas, esto es lo que tengo que decirle a este señor: ¡Cierra el pico!”), sí, “Cierra el pico” no está mal, una frase para la historia, y para poner en camisetas, la próxima vez se la suelto, aunque yo no sé si habrá próxima vez, no le van a quedar ganas entre lo de la cárcel y esto que me cuentan los de los servicios jurídicos, que dicen que van a secuestrar la antología, aunque para mí que ya van tarde, los libros que ya han vendido, por ejemplo ¿qué pasa?, yo el mío desde luego no lo devuelvo, yo es que soy así, y mi Leti lo mismo, somos rebeldes, príncipes del siglo XXI, más abiertos, más modernos, aunque una cosa no quita la otra, y también somos unos profesionales del copón, y por eso no decimos nada, en alto, en público, pero vamos, así entre nosotros, que lo hemos hablado, y en el fondo el tarado este, pues eso, que en el fondo, muy en el fondo, pues que igual también lleva su parte de razón…

***
Me coloqué en una valla, en primera fila. No me costó mucho.  La verdad es que tampoco había tanta gente y los que había parecían todos un poco mongolos. No sé si fue por ello, pero cuando los príncipes salieron del auditorio y saludaron, sus miradas sobrevolaron entre el público como moscardones, para posarse después de un rato en mí, que era el único que no agitaba banderitas ni me esforzaba en llamar su atención. Letizia susurró algo al oído del príncipe y muy fugazmente una mueca de desagrado cruzó el rostro de este, pero rápidamente se rearmó con una sonrisa profidén y echó a andar, pisando fuerte, hacia mí. A su alrededor pululaban varios políticos, la presidenta autonómica, el alcalde, y todos le siguieron como perritos falderos. La verdad es que ellos parecían igual de mongolos que los que estaban al otro de la valla.
Por lo demás, al principio no pensé, ni loco, que el príncipe viniera a buscarme a mí, pero después me quedé paralizado, cuando desde lejos señaló mi camiseta y dijo:
—Louis Ferdinand Celine, qué gran escritor.
—¿Lo… conoce? —balbuceé.
Él entonces enumeró alguna de sus obras, y dijo algo sobre la invención de un nuevo lenguaje, la oralidad, su ritmo salvaje… No sé, yo no me concentraba. Solo pensaba que aquella era como una de esas conversaciones sobre el tiempo, mientras un ascensor nos llevaba a alguna parte y cuando nos bajábamos nos la sudaba si para el que se quedaba dentro la vida era una tormenta. También pensé en cosas ridículas y algo cerdas y primitivas (me pasaba  a menudo cuando me ponía nervioso, me despistaba, me refugiaba en una especie de fase anal): me imaginé al príncipe Felipe y  la princesa Letizia —que escuchaba los comentarios de su príncipe entre embelesada y vigilante— en la cama, los olores de su cuerpos, y una cosa llevó a la otra, luego al príncipe sentado en el trono,  o sea, cagando (con perdón, pero en este caso la explicación tiene más justificación que nunca)… Fueron este tipo de pensamientos mundanos y democráticos los que hicieron que me relajara, que sintiera incluso cierta simpatía por Felipe de Borbón, a quien de repente veía como un tipo cercano y, sí, eso que tantas veces repetían en la tele: campechano. Pero solo fue un momento, después me rebelé inmediatamente contra esa idea, y contra el hecho de que yo hubiera pensado eso. Yo no podía pensar eso. El príncipe podía ser más majo que las pesetas, pero no se trataba de eso, eso daba igual, como daría lo mismo si fuera, por decir algo, un putero, un canalla, un malversador de fondos… Celine no dejaba de ser un escritor magnífico a pesar de haber sido en algún momento de su vida un nazi de mierda.  De lo que se trataba era de que aquel tipo, Felipe de Borbón, aceptaba o pretendía que los demás debíamos aceptar que vivíamos en un sistema de castas anacrónico e intolerable, que él tenía unos privilegios que a los demás no nos correspondían. Y que para colmo sobre eso pretendían cimentar una democracia. Bueno, quizás el príncipe no lo aceptaba con total naturalidad, era un marrón que le había caído encima y había sido educado para eso (recuerdo una visita que hice al Palacio Real, en Aranjuez: había una exposición con juguetes antiguos para los niños de la familia, y una de ellos era un pequeño palio, de esos para hacerse transportar a hombros por cuatro machacas). Pero daba igual, en definitiva, y de eso se trataba, aquel tipo que tenía frente a mí, y su padre, y sus antepasados (que, como cantaba La Polla, se lo habían montado diviiiinamente), no habían mostrado a lo largo de toda su vida una duda, una fractura, una grieta que cuestionara todo aquello. Felipe de Borbón podía, pues, leer a Celine y ser más majo que las pesetas, pero de lo que se trataba era de que su rostro aparecía en esas pesetas (bueno, en los euros). Así que yo no lo pude evitar, no pude reprimir el súbito impulso que tuve de de darle un meneo, a ver si espabilaba y sobre todo de convertir aquello en un gesto. No se trataba de el hecho en sí del empujón, sino de que todo el mundo lo viera, de que lo vieran, antes de que se convirtiera en el nuevo rey, por los suelos, defenestrado, que supieran que eso podía pasar. De eso y de que yo necesitaba hacerlo. Debía hacerlo. Tenía frente a mí a un príncipe y él jugaba a tratarme de igual a igual. No podía consentir aquella farsa, aquella tomadura de pelo. Yo no iba a subírmelo a hombros y llevarlo bajo palio. Eso fue todo. Celine lo habría entendido. Su literatura furiosa va de eso, creo recordar. Sus frases como disparos de metralleta consiguen que algo se nos remueva por dentro. No son palabras puestas una detrás de otra solo para escandalizar, ni para “hacer literatura”. La literatura, o eso es al menos lo que me parece a mí, es así como debería ser: un empujón, un meneo, algo por lo que te juegas la vida.
***
...pero yo no voy a tirar piedras contra mi propio tejado, claro, igual el chalado este, además de haberme empujado buscaba algo más que sus cinco minutos de fama, y como dice Letizia, “Igual lo ha hecho de buena fe, ha pretendido escribir un espejo de príncipes, aquellos tratados que algunos sabios componían hace siglos para educar y aconsejar a los gobernantes”, pero yo le contesto, “No me comas la cabeza otra vez con tus libros, Leti”, porque ya me veo si no tragándome también a Isidoro de Sevilla y el “Calila e Dimna”, y eso sí que no,  yo no digo que no se me pasen por la cabeza algunas cosas, yo que sé, poder tomarme una caña y una tapa en un bar de barrio, tan tranquilo, sin guardaespaldas, montarme en el metro y mirarle el culo de reojo a las chicas, pero bueno, a cada uno le toca lo que le toca, yo tengo mis responsabilidades y hay que apechugar, a mí no me han educado para dudar, además, hay otras vías, las contempla nuestra Carta Magna, me dicen los de protocolo que conteste si alguien se pone tonto, así que el tipo este que se dedique a Celine y que se deje de empujones, porque yo no pienso mover un dedo, ¿os imagináis? “Españoles, españolas, hoy es un día histórico para nuestra democracia: la reina y yo, en cumplimento de nuestro ineludible deber, hemos decidido someter la continuidad de la corona al designio del pueblo soberano”,”¿Te lo imaginas, Letizia?”, le digo algunas noches a mi princesa, “Esa sí que sería una frase para la historia”, y ensayo más discursos, y nos meamos de la risa, ahí en la cama, los dos juntitos, y no veas cómo nos lo pasamos, ahora que todavía podemos, ahora que todavía nos dejan….

Patxi Irurzun
Relato incluido en "La tristeza de las tiendas de pelucas" (Pamiela, 2013. Finalista del Premio Setenil 2013) y en la antología "El descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Celine. Lupercalia 2013)