ALBERDANIA PUBLICA MI DIARIO DIOS NUNCA REZA

viernes 16 de marzo de 2012

¿Y QUÉ ME PONGO?

 

Foto: Javier Bergasa (Diario de Noticias) 
Yo soy el de la derecha


Quiero daros las gracias a todos los que me habéis felicitado por el premio durante esto dos últimos días. Como son tantos abrazos para devolver yo correspondo aquí con uno  virtual y a tutiplén. Y vale ya,  que me estoy poniendo blandito, osito, un poco moña...

El martes al mediodía sonó el teléfono y me dijeron que mi Fiambre había sido uno de los tres textos sleccionados para el I concurso de textos teatrales 'San Fermín, a escena'. Las tres obras se representarán en junio en el teatro Gayarre y además mil euricos, que estando las cosas como están no vienen nada mal. Yo entonces, cuando me llamaron, hice un poco teatro, "Ay, qué bien", pero en realidad ya sabía que iba a ganar. Es decir, cuando uno se presenta a un concurso lo hace porque cree que va a ganar. Yo sé que voy a ganar todos los concursos que gano y también todos los que luego resulta que pierdo. De todos modos en este caso, aunque sabía que iba a ganar, tenía mis dudas, porque era la primera vez que escribía teatro y me sentía un poco pez. He de decir que tampoco me puesto a la tarea a pelo: como muchos ya sabéis, el texto de partida es mi relato del mismo título, Fiambre, incluido en mi libro de relatos Cuentos sanfermineros. Pero yo no diría que es una adaptación, al final me han salidos nuevos personajes, escenas, y se ve que en el viaje me he puesto experimental (o eso dice el jurado, lo cual me aterra un poco, porque yo si oigo teatro experimental me echo a temblar, pero no es para tanto, de verdad) y en eso si que estoy de acuerdo, me ha pasado algo curioso, porque si el cuento resultaba bastante descacharrarnte y mi pretensión inicial era que al trasladarlo al teatro lo fuera más, resulta que ha sucedido lo contrario, se ha vuelto más oscuro, más poético, un poco tristón ... Pero vamos, que también salen punkis, y mozopeñas, y vendedoras ambulantes y cosas de esas que me gustan a mí

Bueno, da igual, el caso es que ahora lo que me aterra es saber cómo quedará eso sobre las tablas, si lo reconoceré o renegaré de él, si diré "Es que son lenguajes diferentes" o "El director ha traicionado mi obra"... ¿Qué hace un autor si cuando está viendo su obra en la oscuridad del teatro  mira de reojo y ve a alguien bostezar? ¿Y qué me pondré para el estreno? 

Bueno, vale ya de teatro.  Dejo aquí abajo todo lo que ha ido saliendo en prensa, y por si alguien quiere curiosear, precisar que la obra no es  la historia de un hijo encerrado con el cadáver de su padre, como han escrito en algunos sitios (en primer lugar creo que en la nota de prensa del propio Gayarre, lo cual ha podido llevar a confusión), que no es  Cinco horas con Mario, vamos, sino la historia de un nieto que rememora los últimos sanfermines pasados con su abuelo, a quien saca a pasear muerto por algunos escenarios y actos de la fiesta, cumpliendo un último deseo del fallecido (algo por lo demás inpsirado en hechos reales, en una noticia del periódico, aunque sucedida en otro lugar distinto a Pamp,lona) No tiene demasiada importancia, pero lo aclaro.

Gracias otra vez a todos y, en junio, estáis invitados (es que me parece que es gratis)

DIARIO DE NOTICIAS DE NAVARRA


DIARIO DE NAVARRA



GARA

TELENAVARRA
(MINUTO 8)






sábado 10 de marzo de 2012

'¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis!' en el RUTA 66




Eduardo Izquierdo firma esta reseña de la novela en el último número de la mítica revista:

"Bajo ese título tan sugerente al que acompaña el subtítulo Memorias de una estrella del porno (amateur) se esconde una nueva novela del siempre interesante Patxi Irurzun. La guinda la pone el tema tratado. Porque ahondando en lo indicado por su cabecera vamos a encontrarnos con la historia de Dick Grande, un barrendero heavy de Pamplona que, sin comerlo ni beberlo, se convierte en una estrella del cine porno. Y es que el bueno de Dick tiene un secreto, cómo no, entre las piernas. La blakandeker. Intenten imaginar el por qué. O mejor lean esta novela que les asegura un buen rato de risas, erotismo y hasta poesia. Irurzun sabe caminar con maestría entre lo soez y la ternura para dar forma a un personaje entrañable con visos de convertirse en leyenda. Si con esto no les he convencido solo me queda decirles que, encima, el amigo Dick es capaz de fundar, en las 205 páginas de la obra,  hasta un nuevo movimiento musical: el porno-rock radikal vasco. Háganse un favor y apuesten por pasarlo bien. Lo agradecerán.

martes 6 de marzo de 2012

UN PUÑADO DE ESTRELLAS




Así se titula uno de mis libros preferidos. Es de Rafik Schami, escritor sirio, aunque vive en Alemania desde hace muchos años.  Su lectura me parece muy recomendable estos días en que Siria aparece constantemente en los telediarios. A veces un libro nos ayuda a comprender algunas realidades mucho más que mil telediarios. Este de Schami es el diario de un adolescente que, como el propio autor hiciera en su juventud, escribe un periódico mural en el barrio antiguo de Damasco, y en el que denuncia algunas injusticias, la desaparición en cárceles de vecinos, la presencia agobiante de agentes secretos,  la búsqueda de la libertad a toda costa, a través del amor o de la literatura (las narraciones del cochero Salim), pero también del compromiso social y político. La recuerdo, como una novela emocionante, hermosa... Si la buscais por internet (en Iberlibro, por ejemplo, donde se puede conseguir por unos seis euros)  quizás la describan como novela juvenil, y lo es, pero también es una de esas "novelas juveniles que pueden/deben leer los adultos" (como Rebeldes de Susan E. Hinton, otro de mis libros preferidos).

viernes 2 de marzo de 2012

BOB ESPONJA, ¡DISUÉLVASE!


Lo de Valencia, lo de Barcelona, la kale borroka, no va ser nada comparado con la que se puede liar si chapan Clan. "¿Sabes que igual cierran Clan?", fui ya preparando a mi hijo H el otro día, y él contestó: ¿Qué? ¡Los mato! (aquí los de Intereconomía dirán que es porque va a una ikastola). Yo creo que utilizar en este caso a los niños estaría más que justificado. Habría que plantarse con una horda de enanos enrabietados, miles de niños huérfanos de sus héroes  delante de parlamentos, bancos y demás putiferios, a ver si eran capaces de soportar la madre de todos los berrinches. Yo creo que no. Que se acabaron los recortes y el saqueo y las pelotas de goma. ¡Que se vayan preparando, pues!

PD: yo soy más de Boing, a Bob Esponja y Caillou les he cogido manía, pero algunos dibujos de Boing, como Chowder, Hora de aventuras (que para mí que han plagiado a mi amigo El Cosmonauta Eléctrico, porque los dibujos son clavadicos) y Las macabras aventuras de Billy y Mandy, que creo que ya no echan, me parecen geniales

jueves 23 de febrero de 2012

UNAS PÁGINAS DE 'DIOS NUNCA REZA'

Jueves  19 de junio de 2008

 Hoy, por fin, después de varios meses de lluvia y frío ha salido el sol en esta la ciudad sin primavera. Así que esta mañana he vestido a Urko con la ropa de verano que le compramos hace unos días y con la que está tan guapo y nos hemos ido los tres, su madre, él y yo a la ikastola . Normalmente suelo acompañarle yo, me gusta hacerlo, levantarlo por la mañana es uno de los mejores momentos del día, después lo llevo al baño, elijo su ropa,  despierto a mi mujer... Es como si me correspondiera a mí arrancar el motor de la casa y eso me hace sentir importante. Pero hoy es el penúltimo día de colegio de Urko y Malen también quería venir, grabar en video, despedirse de la profesora, los otros padres... Dentro de unos días nos cambiamos de barrio. De la Rotxapea a Sarriguren, en las afueras de Pamplona, una ciudad nueva, de bloques de VPO. Nosotros ahora vivimos de alquiler. Me va a dar pena irme de aquí. Estamos a diez minutos de la Plaza del Ayuntamiento. A Sarriguren solo se puede ir en coche, o en autobús... Es algo raro.  El barrio en el que crecí estaba lleno de descampados, silletas, bajeras vacías que se convertían en videoclubs, que luego se convertían en centros de estética  que luego se convertían en bares, eso nunca fallaba... Era un barrio de las afueras, y  ahora, nos vamos a las afueras de las afueras, a un nuevo barrio de descampados,  silletas, bajeras vacías... A eso le llaman progreso pero nosotros cada vez estamos más lejos. Y hay algo que me inquieta en todo ello.
Por la tarde, después de trabajar he ido a una charla sobre los obreros de Zanon, una fabrica de porcelana en Argentina ocupada por sus propios trabajadores y gestionada ahora por ellos mismos. El sindicalista que ha hablado ha dicho que tuvieron que hacerlo porque el capitalismo - "ese monstruo", ha dicho, qué curioso- no tiene reparos en sacrificar a los más débiles cuando  hace falta. Y también que quizás  nosotros no lo percibimos todavía, pero intuye que se nos avecina una crisis parecida a la que ha sufrido su país. Bueno, ellos al menos han salido adelante. Aunque han tenido que pelear duro. Se pasaron varios meses acampados frente a la fábrica, sobreviviendo gracias a la solidaridad de obreros de otras fábricas, los maestros de sus hijos... Por ejemplo, cerca de la fábrica ocupada había una cárcel para presos peligrosos. En una ocasión estos dejaron de comer dos días para dar sus raciones a los trabajadores de Zanon. A cambio los obreros de Zanon les ofrecieron material necesario para construir un lugar cubierto en el que recibir a los familiares, durante las comunicaciones (hasta entonces debían hacerlo en el patio). Desde ese día cooperativistas y presos se han convertido en uña y carne. Cuando la policía intenta desalojar a los obreros los presos hacen un motín en la cárcel, o si hay un motín en la cárcel los obreros de Zanon disparan con tirachinas  bolas de porcelana a los antidisturbios desde su fábrica. A la policía últimamente se le ve menos por allí...
He vuelto a casa algo más animado.  Cuando he llegado Urko y Malen estaban en la bañera. La tripa de mi mujer asomaba entre un mar de espuma y Urko estaba recostado sobre ella. Y en el pasillo, los últimos rayos de luz del día se derramaban dorados y cálidos, iluminándolo todo.

DIOS NUNCA REZA. Patxi Irurzun (Alberdania, Irún, 2011)

miércoles 22 de febrero de 2012

FIN DE GIRA DE 'SIMPATÍA POR EL RELATO'


Este finde me quito de rockero, después de casi dos años de gira, con la antología de cuentos escritos por rockeros en los que mi amigo Esteban Gutiérrez y yo hemos descubierto cosas como que el rocanrol es muy cansado o que los rockeros no cenan. Nos quedaremos sin cenar, esta vez, el viernes, en el Gruta 77 de Madrid, donde todo empezó (allá Esteban y yo concebimos la idea, en la fiesta por la segunda edición de otra antología, que también coordiné, esta vez con Vicente Muñoz: Hank over / Resaca, un homenaje a Charles Bukowski); en el Gruta tocarán el viernes Pánzer, Turrones y Juan Abarca, cartelazo; y luego el sábado en el Ácido Tour, en la sala El grito de Fuenlabrada, EnBlanco, Kike Suarez y la Desbadanda y Luter. Casi nada.

La verdad es que cansado ha sido, y este fin de semana acabaré de nuevo para que me cojan con pinzas, pero ha merecido la pena colarse en los camerinos durante todo este tiempo y conocer a tanta buena mala gente. Nos gustaría haber conseguido más dinero para los dos proyectos a los que cedimos los derechos del libro (el comedor social Paris 365 y la Asociación Río de Oro de Fuenlabrada), pero esto es tristemente lo que da la literatura y el rocanrol (y con todo, para nosotros es mucho saber que con este proyecto hemos conseguido que se sirvan unos cuantos cientos de comidas o un par de niños saharauis sean acogidos) Al menos lo hemos pasado bien... y quién sabe, quizás dentro de algún tiempo (de momento bastante tiempo) volvamos a la carretera. Salud y rocanrol

MADRID, 17 DE NOVIEMBRE DE 2010 - FUENLABRADA, 18 DE NOVIEMBRE DE 2010 -OVIEDO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2010 - PAMPLONA, 25 DE NOVIEMBRE DE 2010 - LEÓN, 9 DE DICIEMBRE DE 2010 - SANTIAGO DE COMPOSTELA, 19 DE ENERO DE 2011 - ZARAGOZA, 18 DE FEBRERO DE 2011- BARCELONA, 17-18 DE JUNIO DE 2011 - GIJÓN (SEMANA NEGRA), 29 DE JULIO DE 2011 - GETAFE (SEMANA NEGRA), 16 DE OCTUBRE DE 2011- VALENCIA, 11 DE NOVIEMBRE DE 2011 - MADRID, 24 DE FEBRERO DE 2012

Autores participantes en la antología: Fran Fernández "Fran Nixon" (Australian Blonde / La Costa Brava), Pablo Tamargo (Black Horde), Monty (Sweet Little Sister), Carlos Pina (Panzer), Juan Abarca (Mamá Ladilla), Kike Babas (Kike Suárez & La desbandada), Agnes (Lilith), Julián Hernández (Siniestro Total), Rubén Pozo (Pereza), Leiva (Pereza), Félix FX (Hash), Indio Zammit (Tarzán y su puta madre ocupando piso en Alcobendas), Enrique Villarreal "El Drogas" (Barricada), Kutxi Romero (Marea), Kike Turrón (Turrones), Antonio Yeska, Lulu (Forraje), Josu Arteaga (La banda del abuelo), Roberto Moso (Zarama), Ángel Petisme, Ajo (Mil dolores pequeños), Eduardo Izquierdo (Los hijos bastardos de Henry Chinaski), David Mardaras (Horses of Disaster), Enrique Cabezón "Kb" (enBlanco), Daniel Sancet (Insolenzia), David Suárez "Suarón" (Los Majaderos), Felipe Zapico (Deicidas), Eduardo García "Luter", Octavio Gómez Milán (Experimentos in da notte), José Luis Moreno-Ruiz (La enfermería eléctrica), Iñaki Estévez (The Black Dogs), Javier Gallego "Crudo" (Dead Capo)



DANIEL BURGUI Y SU GINECÓLOGA DEL FIN DEL MUNDO


Hace unos días leí con gran placer una crónica periodística de Daniel Burgui magnifica y poéticamente titulada Mi ginecóloga del fin del mundo, lo cual ya daba una idea del tono y del fondo del texto. Textos como ese (un reportaje sobre una consulta ginecológica en Kirguistán, un país en el que es 'costumbre' que las mujeres sean secuestradas para casarse con ellas) vienen siendo cada vez más raros en las páginas de los periódicos, estrangulados por cables de agencias, notas de prensa de partidos, ministerios, concejalías, columnas/redacciones de colegio y otras colaboraciones paniguadas (de las que, por suerte, siempre resarcen otras, como las de Jorge Nagore,  Miguel Sánchez Ostiz o las tiras de Oroz). Rara avis, la crónica de Daniel Burgui, no solo por lo que contaba, sino también por cómo lo contaba, con un estilo literario, limpio y preciso y evocador a la vez.

Como a Daniel lo tenía de amigo en el Facebook , aunque no sabía muy bien por qué (es lo que pasa cuando tienes un millón de amigos -bueno, yo hoy he llegado a los 500, pero para mí, eso es un millón de amigos; Roberto Carlos, el cantante, fue todo un visionario de las redes sociales), pues como a Daniel  era uno de esos 500, no pude evitar escribirle un mensaje para felicitarle, qué menos. Y resultó que Daniel me había entrevistado hacía unos años, en uno de esos cuestionarios para la nevera, de las de sacar en verano para engordar los periódicos, " no sé si te acordarás", me dijo. Claro que me acordaba,  estuvimos dos o tres horas hablando, en el Niza de Pamplona, muy a gusto. No sé si Dani entonces era becario (supongo que sí, puesto que lo habían mandado a entrevistarme a mí y también porque me llamó la atención su profesionalidad -¡pero si hasta se había leído alguno de mis libros!), el caso es que ahora, unos años, no muchos después,lo tenemos convertido en un reportero de los auténticos, un buscahistorias en los fines del mundo, que pueden estar en Kirgusitán o a la vuelta de la esquina, y para mi sorpresa, yo que en esas lides solo fui un diletante, un viajero accidental, me confesó que gracias a gente como yo él decidió dedicarse a este ruinoso oficio. No supe si alegrarme o sentirme culpable, porque a continuación nos pusimos llorones, y a eso era a lo que iba, a los difícil que está conseguir que alguien publique, o incluso malpublique y malpague reportajes  como el de Dani, en lo que deberían ser su medio natural, la prensa escrita. Es como si escribir bien, contar bien se convirtiera en un hándicap. Y además esas historias, tan 'molestas'. Hace unos años, al volver de Filipinas, cuando intentamos publicar algunos de los reportajes sobre el basurero de Payatas, en las redacciones de los suplementos semanales, tan progres, o tan católicos ellos,  nos decían que la gente no quería, no debía ver esas fotos ni leer esas historias mientras desayunaba un domingo por la mañana. Creo que fue entonces cuando a mí se me quitaron las ganas y me dediqué a mis libros. Afortunadamente, otros como Daniel Burgui, o Ander Izaguirre, Zigor Aldama, o Guillermo Nagore y la bendita locura en la que se ha embarcado, siguen ahí, al pie del cañón, buscándose la vida para contar historias que conmueven, que abren los ojos, que son la magdalena de Proust y recuperan la memoria colectiva de un mundo que a menudo olvidamos o nos da igual que sea una puta mierda, con perdón.

miércoles 15 de febrero de 2012

ASUNTO: PARA TU RECOCIJO

 

Para mi recocijo, el escritor Alfonso Xen Rabanal (de quien recomiendo su libro La cámara de Niebla y su blog Crónicas para decorar un vacío), me envía un email con ese asunto que a su vez  le ha enviado a él un lector con esta foto. Pura palelología literaria. Algunos de esos fanzines y revistas, con textos míos, no los tengo ni yo (como me pasa por ejemplo con los cuentos que va rescatando Exprai, por ejemplo este último Cartas de amor en ordenador). Gracias a ambos. Regocíjome, pues, y mucho con este tipo de detalles y más si vienen acompañados de textos como este, de Guillermo Jiménez, que así se llama este veterano lector, en su blog:

FOTOS CON LIBROS

Casualidades de la vida. Primero encuentro el libro. El del barrendero y su blakandekker y su amor. Esa novela que no puedes dejar de leer. Que hipotiza. Una novela un tanto borde para según quién la lea. Y la encuentro en la biblioteca Jesús Delgado Valhondo de Mérida. Pero qué hace ese libro en esa biblioteca? me pregunté. Curioso por no decir increible. Después, con la mudanza, me encontré en una de las cajas, un montón de Vinalia Trippers, Makoki, Etcétera-periódico literario-, El vendedor de Pararrayos y más y más. Y me acordé del blog ajuste de cuentos. Y de Patxi Irurzun. Sí, el quese parece, pero en flaco y según las fotos, a mi amigo Manolo, informático de la oficina donde trabajo. Que lo leo a diario en su blog (junto a otros cincuenta o sesenta blogs más).
Y de Pamplona. Me acuerdo de Pamplona. De mis amigos que iban todos los años a los sanfermines a hacer de todo menos ver toros sueltos. De Iñaki, que jugó en el Mérida Promesas. De que yo no iba nunca a los sanfermines. A Pamplona (no es porque yo sea del Ath. Bilbao y no del Osasuna...)
Y más casualidades. Veo en ajuste de cuentos que se sortea el libro. Envío la respuesta correcta -fácil, y más tratándose de un diario, siendo yo un fanático coleccionista y escritor de diarios- y en el correo de vuelta me encuentro con Alfonso Rabanal, de Vinalia Trippers. Sin saber de Vinalia (relatos para adultos) yo que se, más de 20 años y ahora, de pronto, todo vuelve.
Pero hemos cambiado. Yo he cambiado. No se si a mejor. Pero estoy vivo. Y me ha dado por escribir una poesía (o lo que sea) cada día en este blog. Para aprender.
En la maltrecha fotografía aparece parte de lo que he leído en papel (me sigue gustando el papel) de Patxi Irurzún (con acento en la segunda u, tal como aparece en "De rodillas y por detrás" del Vinalia nº 4.* Edición numerada. Ejemplar nº 490. 250 ptas.
Qué recuerdos. 

 http://bbqtlln.blogspot.com/2012/02/fotos-con-libros.html?spref=fb
*pues es sin acento, y también sin tz, como lo he visto otras veces, Irurtzun. Patxi Irurzun.

lunes 13 de febrero de 2012

TASIO Y LOS CUENTOS SANFERMINEROS


En esta web del gran Tasio, que descubrí hace unos días, se pueden ver y bien vistas (no chapuceramente, como yo las he sacado a veces por aquí) las ilustraciones y portada que hizo en su día para mi libro Cuentos sanfermineros, libro por otra parte que contiene algunos de mis "hits", como los cuentos Fiambre y Ese Tocho (que además de en esta obra apareció en las antologías Golpes. Ficciones de la crueldad social y traducido al italiano en "Cuentos de fútbol 2"). Eso barriendo para casa, pero dándose un garbeo sin más por la web de Tasio las risas están aseguradas:



CUENTOS SANFERMINEROS

viernes 10 de febrero de 2012

CHARLA-COLUTORIO


¡Qué frío hacía el martes! Bueno y el lunes, y el miércoles, y ayer, hasta hoy llevábamos una semana negativa (sin llegar a los cero grados, ni frío ni calor, dice ahora el gracioso de turno). Pero el lunes tocaba carretera y manta, esta vez de verdad, eché una al maletero por si el Córdoba reventaba, sin que él lo supiera, claro, porque sigue portándose como un campeón, con  sus quince años y sus trescientosmil kilómetros y no es cuestión de herir su orgullo. El caso es que por la autopista, de noche, con el viento empujando fuerte por la Valdorba, parecía como que hacía aún más frío, camino de Tudela.

Los de la revista Traslapuente me habían invitado para sus Martes literarios, en el centro Castel Ruiz, para hablar de Dios nunca reza y de todo lo que me diera la gana, y me dio la gana de hablar de cómo empecé yo a escribir, de Don Venancio y las redacciones de los viernes, de mi viaje al basurero de Payatas y de la epoca en que fui viajero profesional, gracias a mis libros, a los premios literarios y los reportajes y guías turisticas por encargo que iba encadenando con viajes de los que salían más cuentos y libros y premios. Suena bien, pero yo solo era el Mr Bean de los viajes, un dominguero, un turista asustadizo e impresionable mirando de reojo... Si me invitáis a dar una charla os lo cuento.

El caso es que llegué a Tudela, y esta vez no me perdí (que no, que no me regale nadie un GPS, que perderse está muy bien -cuando uno va solo, si no no tiene ninguna gracia y deriva en peleas tontas y dañinas-). ¿Por dónde iba? (es que me he perdido). Ah, en Tudela aparqué desde una calle desde la que viera asomar la torre de la Catedral y luego eché a andar hacia ella. Mientras lo hacía me acorde de otra vez que estuve en esa catedral, con Julio Llamazares, mientras él escribía Las rosas de piedra. Yo iba a entrevistarle, y pasé la mañana junto a él, primero en las Bardenas, luego visitando la catedral, allá Llamazares habló con un cantero, y con más gente, estaba con su libro, y yo me reconcomía por dentro porque no iba a poder hacerle la entrevista, el escritor hablaba con todo pichichi menos conmigo, al final la entrevista cayó a toda prisa mientras se comía unos pinchos y las migas de pan que caían en su plato y sus respuestas a mis preguntas eran parecidas, después Llamazares salió pitando para algún lugar en el que tenía bolo y yo me quedé con un gusto amargo en la boca, pensando en lo mal periodista que era y lo que pensé sobre Llamazares me lo callo, el caso es me apetecía volver a Tudela para quitarme ese mal gusto de la boca, y lo del otro día en Castel Ruiz sirvió para enjuagarse. Fue una charla-colutorio, estuve a gusto, me hicieron sentir a gusto, tanto que ni siquiera me importó ni me sentí tangado porque no me dieran la escultura de Boregan prometida (cosa de los recortes, de los que no se libra nadie).

Una escultura habría que hacer a los treinta valientes que se atrevieron a salir a la calle esa noche para venir a escucharme a mí, a la ama de Bea y a su amiga... Muchas gracias a ellos y a Manuel Arriazu, y Pepe Alfaro, por las lecturas, por los cafeses, por leer mis cuentos en los talleres literarios, a todos los de Traslapuente y los que después se tomaron un vino conmigo y les dio igual que yo pidiera cocacola,  a todos por cómo me acogistéis, en definitiva, que para eso había empezado a escribir este post y se me ha ido la mano.

Luego otra vez al coche, o al potro de tortura, por un cargamiento que padezco en silencio desde hace días en el hueso sacro (que ahora entiendo que se llama así porque te cagas en todo lo sagrado cuando pincha) y de regreso a casa otra vez el viento atroz, y el frío, acrecentado además por el recuerdo del último libro leído, El exilio voluntario, de Claudio Ferrufino Coqueugniot, por sus magníficas páginas que evocan las calles heladas de los guettos de Washington y las cámaras frigoríficas de las naves industriales a las que los trabajadores entran para protegerse del frio, pero de eso ya hablaremos otro día, ahora os dejo con un enlace a la revista Traslapuente, en la que, en la página 25, podéis leer mi relato Peaje, con el que gané hace unos meses el Certamen de cuentos de Murchante:


http://es.calameo.com/read/000913682232129d2f89f

jueves 9 de febrero de 2012

VINO GRATIS (Y un libro)


Ahí va una reseña que sobre mi novela ¡Oh, Janis! ha hecho Alfonso Xen Rabanal, y de paso una invitación a quien quiera probar suerte y conseguirla gratis, porque sorteará un ejemplar de la novela a quienes contesten correctamente a una pregunta que plantea en su blog:


Además, para quienes anden por Madrid, si se animan a comprar mi novela en determinadas librerías (Rafael Alberti, Antonio Machado, Tipos Infames, La Central y La Buena Vida), puede que entre sus páginas encuentran un naipe con premio: una botella de vino. ¡Suerte!


Volviendo a la reseña de Xen Rabanal, para mí es todo un honor que un escritor como él escriba sobre  ¡Oh, Janis!, pues es uno de los autores más lúcidos y capaces de arrojar un poco de luz entre esta niebla en la que vivimos anestesiados y perdidos, felizmente perdidos, algunos infelices:

 

¡OH, JANIS! EN CRÓNICAS PARA DECORAR UN VACÍO

Dick Grande, de polla grande y corazón tierno, barrendero de Pamplona que en un viaje a Cuba conoce a una jinetera que le introduce en el mundo porno (amateur). Ahí empiezan las peripecias de este entrañable personaje que nos llevará por diferentes lugares del mundo con sus crónicas sexuales.
Y ahí se quedaría si otro la hubiese escrito. Pero no... estamos hablando de Patxi Irurzun. Y Patxi no deja indiferente a nadie. Posee la mejor mala leche de la literatura española. La prosa más fluida y demoledora, esa que engancha con una sonrisa y cuando quieres darte cuenta sigues sonriendo al intentar quitarte de encima los escombros y cascotes del sistema que ha derribado con su blankandéker. Nadie queda en pie ante su verbo. Posee esa virtud que solo Céline profesaba al incomodar hasta el paroxismo a una sociedad encerrada en las murallas de su ombligo. 
El establishment nunca le perdonará que un siervo que revuelve la basura física de una sociedad, se trasmute en el héroe que proclame y demuestre que la parte es el todo y que sólo somos basura, desechos de nosotros mismos. Tampoco le perdonarán que ensalce el lenguaje coloquial, que se la ponga dura a los censores que, no te engañes, están más de actualidad que nunca... que las señoras del opus se pelen el gólgota de su clítoris al ser empaladas por una polla del rebaño.
Ni los nuevos siervos, esos que sólo saben decir que sí, como autómatas made in china que ya son, al expolio de lo poco de sociedad del bienestar que teníamos, esos, tampoco le perdonarán que se reivindique una conciencia de clase, esa que en sí vendieron al diablo de los mercados por nada... y que, ahora, transmutados en conservadores de un vacío hipotecado, les duele al justificar con sus votos el fascismo bicéfalo en el que nos hayamos.
Novela imprescindible para los tiempos que vivimos. Nos hemos encontrado con que la basura ya no está siempre en otros vertederos. Ahora somos y vivimos entre nuestra propia mierda. De nosotros depende si queremos acabar disparando balas, de basura.

sábado 4 de febrero de 2012

YA QUEDAN POCOS



Y ya que va de videos este otro sobre ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis!, para recordar que en office@eutelequia.com, se puede pedir el libro y lo recibiréis contrarreembolso en casita por solo quince eurillos, que es bien poco a cambio de unas cuantas risas aseguradas. Venga, que solo quedan unos pocos.

PEZONES




Aquí va el prólogo que escribí para "Me quema el sabor de tus ojos", el disco-libro de Daniel Sancet e Insolenzia. Es además, una excusa para volver a poner el vidrioclip de este mismo grupo en el que aparezco encarnando a Dick Grande, el barrendero protagonista de mi novela ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! Memorias de una estrella del porno (amateur). 


PEZONES

Joder, con las prisas. Dani me llamó ayer cuatro veces. Yo no me enteré. Estaría pasando el aspirador o bañando a los niños. Esta mañana he visto las llamadas perdidas, y justo cuando iba devolverlas, suena el móvil.  Hay otro hilo invisible, además del teléfono, que nos conecta a cientocincuenta kilómetros. Después de todo los dos somos Ilundain.
—Primo, te llamo para meterte en un marrón… Necesito el prólogo para mañana…
Joder, con las putas prisas.
Aunque yo sabía que eso iba a pasar, cuando me invitó a escribirlo, a escribir este prólogo:
—Por mí, encantado, pásame la novela y eso está hecho.
—¿La novela? No, es que todavía no la he escrito.
Todo esto en mitad de un agosto frío como la mano de un esquimal muerto, cuando vinieron a Artica a grabar.
—¿Y cuando sacáis el disco?
—A finales de septiembre…
Dani me ha explicado cómo trabaja varias veces, cuál es el proceso creativo para escribir, primero las canciones y después, a partir de ellas, los capítulos de la novela; o quizás sea al revés, primero imagina la novela, la retiene en la cabeza, y una vez que ha escrito las canciones, suelta de una tacada la novela, no sé, todavía no lo he entendido muy bien. Lo que sí sé es que tiene todo eso dentro de él, ni siquiera diría que dentro de su cabeza, sino en las tripas, o en los pulmones, o en el forro de los cojones, y un día lo expulsa, como una polución nocturna, la bocanada de un luckiestrai, una vomitona…Lo hizo con “La boca del volcán” y lo ha vuelto a hacer con “Me quema el sabor de tus ojos”. Que me parece muy bien, pero yo ya estoy mayor, necesito más tiempo, yo escribía así hace años, cuando la cerveza entraba fácil y a porrillo, a oleadas, hasta que sentía el sabor de la espuma y de la sangre debajo de la lengua, y lo echaba todo, y en el suelo quedaban restos de tinta china.  Qué tiempos.  Qué cabrón, Dani, que todavía puedes hacerlo, divertirte, pintar con un palo en la arena, mientras a tu lado pasan chicas en bikini apuntándote con sus pezones duros.
—Vale, tendrás tu prólogo, a ver qué sale —siento húmedas las bragas de mis musas, y me comprometo.
Me comprometo, aunque tenga mil cosas pendientes. Esta mañana toca hacer la compra, así que de camino al súper pongo “Me quema el sabor de tus ojos” a toda hostia en el coche. Me saqué el carnet solo para eso. Para poder oír música. Y para berrearla. Todo lo demás, conducir, los talleres mecánicos, las conversaciones masculinas sobre coches, me da puto asco. La gente se sube a los coches y se convierte en bestias, depredadores, defensores de la pena de muerte. Conducir es una cuestión de educación, y las carreteras están llenas de maleducados, de  listillos, de asesinos en potencia… Pero también hay gente que canta en el coche. Sin dejar hueco ni aire para la mala sangre. Yo pensaba que era un bicho raro, pero el día que Dani me llevó a casa, después de escuchar en el estudio de Iker Piedrafita por primera vez cómo habían quedado las dos primeras canciones del disco, vi que él también cantaba mientras conducía. A toda hostia. A pleno pulmón. Como un Ilundain.
A mí, ese día,  se me puso la corteza del corazón en piel de gallina. Un ratico antes, me sentí un privilegiado acompañando al grupo en el estudio, mientras escuchaban la mezcla definitiva de las canciones. Sonaban como un trueno. Y ellos lo sabían. Escuchaban sus temas como si los hubieran escrito y tocado otros. Se sentían pequeñitos al lado de ellos. Y yo todavía más pequeñito, a su lado, un insecto, una mosca quieta en un cenicero. Yo era un intruso, un profanador, no tenía ni idea, nunca había oído una canción convertida en chóped, en lonchas, la batería por aquí, la voz de Isabel, a capella, por allá (qué bien canta Isabel siempre, y en este disco en particular, su voz suena como una flor desgarrando unas bragas de seda, o una mano blanquísima abriendo el corazón de un pájaro con los ojos del color de la miel… Y qué bien se araña la piel con las ortigas en la garganta de Dani.  Dani e Isabel, bella y bestia, bailando un vals, sin pisarse los pies).
Después, al salir del estudio, nos tomamos una cerveza en un bar, a los pies del monte Ezkaba y a la salud de todos los huesos sin nombre enterrados en él, y Miguel no rompió ni tiró nada, y alguien del grupo dijo “A ver ahora cómo superamos esto”, y luego fue cuando Dani me llevó a casa, en coche, con la música atronando,  y cuando empezó a cantar, sobre su propia voz, “A pleno pulmón”, y yo sentí cómo el asiento de copiloto me tragaba, como mi propio corazón convertido en una hoja de papel me envolvía, y sobre él la vida era un dictado con estribillos para corear con el puño en alto (que los hay por arrobas en el disco), y jarras de cerveza fría una tarde de verano, y risas despreocupadas… Puro rocanrol. Pura vida.
—Bueno, pues cuando tengas la novela, mándamela— fue sin embargo, lo único que pude decir, cuando Dani me dejó a la puerta de casa. Como una mosca muerta, ahogada en cenizas, incapaz de zumbar con un poco de entusiasmo.
La novela fue llegando después, también como ruedas de chóped: un día Dani me trajo dos capítulos, otros me los envió por email… Y al final el prólogo lo he tenido que hacer pintando sobre la arena, del tirón, contra el reloj… Al estilo Sancet. Escribiendo como cuando escribir era lo único que había. Cuando te jugabas la vida con ello (eso sigue igual, pero entonces tenía menos miedo y, aunque dejaba más flancos descubiertos, la inconsciencia me hacía más peligroso).  Cuando pasar la aspiradora era escribir. Y cuando te daba lo mismo si los demás la tenían más larga.
Jean Dubuffet, escritor y pintor francés (para qué voy a escribir un prólogo si no puedo pegar un moco dentro de él), dijo que “la literatura  lleva un retraso de cien años con respecto a la pintura. Hace varios siglos que no se alimenta de los frutos inmediatos que ofrece la vida, sino de obras anteriores”. Y tiene razón, pero eso no va con Dani ni con el libro que tienes en tus manos. En este libro no vas a encontrarte citas de Rimbaud, de Marcel Proust, ni siquiera de Bukowski (como mucho de Barricada, o de Cicatriz) sino bares, habitaciones con gente que se siente sola, se hace pajas,  tiendas de discos, más bares… Pura vida. Puro rocanrol. Y muchos pezones. A Dani le vuelven loco los pezones. Pezones con forma de fresa, o pezones que te apuntan como recortadas, y tú levantas las manos y algo más, y ofreces el botín de tu alma a cambio. Pezones nutricionales, por los que fluye la existencia. Dani acaricia pezones con sus manos y se pone tetas, es capaz de desdoblarse, de cambiarse de sexo sin que se note, de meterse bajo la piel tanto de Alex, como de Selene, los dos protagonistas, de darse de hostias en un bar y de probarse un tanga delante de una amiga y preguntarle si le hace el culo demasiado gordo. Y mucho más: Dani retrata, mirando desde muy cerca, a dos jóvenes que echan a andar en dirección contraria al dedo que señala y acusa. 
Dani Sancet es, en definitiva fiel a la Insolenzia, con zeta, y cuando es necesario muerde hasta la mano que le da de comer y le deja la cicatriz, la marca del zorro, un beso de antifaz, algo que dicen que no se debe hacer, mentira puta, detrás de esa mano hay siempre un brazo, una mente a veces peligrosa  y otra mano con la que a menudo nos tienen agarrados por los huevos. Este es un disco, y un libro, escrito con los dientes apretados, a pleno pulmón, con  la voz rota de tanto gritar –eso y los, luckystrais-,  contra el tiempo, viudo de reloj, contra todos y a favor de los que todavía se atreven a danzar el baile de la libertad.  

Patxi Irurzun
Sarriguren, 16 de septiembre de 2011







viernes 3 de febrero de 2012

LA ÚLTIMA FRONTERA

 

Muy pero que muy de vez en cuando llegan noticias de la remota Papúa Nueva Guinea, hay que buscarlas por los bordes de los periódicos o en vistos y no vistos de los telediarios, total solo son, como las de esta semana, hundimientos de ferrys en los que no viaja ni un solo turista, o intentos de golpe de estado, cosas así, sin importancia. 
Yo estuve en aquel país hace diez años. Lo cuento en la segunda parte de mi libro 'Atrapados en el paraíso' (en la primera hablo de Payatas, el basurero de Manila), del que os dejo aquí algunos párrafos papús de un capítulo titulado

EL PIRATA DEL SEPIK

No tardamos demasiado en aterrizar en Wewak, en un pequeño aeropuerto. Mientras esperábamos a que un carro trajera nuestras maletas, tras las verjas distinguí un rostro que me resultaba familiar: un hombre de unos 60 años, alto, espigado, de barba rala y pelirroja. Se acercó a nosotros en cuanto salimos del aeropuerto.
—Ralf —se presentó.
Pronto recordé. Había visto esa cara en una guía de viajes del Sudeste Asiático que hablaba de refilón de PNG.  Según ésta, la casa de Ralf era el punto de paso imprescindible para todo viajero que pretendiera llegar hasta el Sepik, el lugar donde éste podía informarle de todo lo necesario, conseguir el vuelo en la avioneta, poner a recaudo los pasaportes, etc. Uno de los tesoros de Ralf, de hecho, era el libro de visitas, en el que los viajeros dejaban sus impresiones y consejos tras su incursión en el río. Ralf era un ex-jesuita alemán que había pasado casi 20 años navegando por el Sepik y que finalmente se había casado y tenido hijos con una nativa. Ralf ahora sobrevivía, casi como un ermitaño, en una colina a sólo unos kilómetros de Wewak, alquilando literas, vendiendo artesanía, utilizando su vieja ranchera como taxi...
Nos ofreció alojarnos en su casa. Dijo que tenía una habitación libre, aunque deberíamos compartirla con varios cachorros de perro —“pekininos”, los llamó—. Aceptamos. Por lo que sabíamos era el único lugar al alcance de nuestro bolsillo en el que podíamos hospedarnos en Wewak.
Ralf nos hizo montar en su ranchera, con decenas de abolladuras y que algún día bajo el óxido debió de ser amarilla. Subimos junto a él en la cabina. En el suelo había una capa de cáscaras de coco. Arrancó. Apenas recorrió unos metros y paró para que subieran dos o tres mujeres a la parte de atrás. Después un grupo de niños. Algunos chicos jóvenes. Así hasta que la ranchera se llenó. A veces Ralf disminuía la velocidad para coger una de las cáscaras de coco y arrojarla por la ventana a los perros que se cruzaban. Al principio pensé que era un amante de los animales, pero después me di cuenta de que les tiraba a dar, intentando espantarlos para no atropellarlos, lo cual resultaba algo ridículo, pues circulábamos a unos 20 kilómetros por hora.
La carretera fue elevándose por una colina de vegetación espesa, entre la cual se abría de vez en cuando un claro, algún camino, en el que se veían grupos de jóvenes con machetes, esperando no se sabía muy bien qué. En los días sucesivos no tardaría en darme cuenta de que los machetes eran herramientas de trabajo con las cuales abrirse paso a través de la selva, cortar caña o plátanos y de que aquellos muchachos simplemente esperaban algún camión que les condujera a Wewak, pero no pude evitar asociar esa imagen con cualquiera de las que estábamos acostumbrados a ver en los telediarios cuando hablaban de países como Papúa Nueva Guinea o de continentes como Africa, y que ilustraban noticias de matanzas, mutilaciones... Me pregunté qué sucedería con cada uno de nosotros con uno de esos machetes atrapados en un atasco; o ganando ochenta kinas, veinte euros a la semana.
Llegamos a la casa de Ralf, en un recodo de la carretera. Alrededor de ella, semienterradas, había varias rancheras aún más viejas que aquella en la que habíamos montado. En cuanto a la casa, era una rudimentaria construcción de madera, sostenida sobre cuatro troncos que dejaban un espacio debajo por el que desaguaba la ducha y que impedía entrar a los reptiles. En la fachada se veían colgadas máscaras de madera, tallas, escudos... Apenas un aperitivo de lo que aguardaba dentro. La casa de Ralf era una auténtica "haus-tambaran", las casas de los espíritus que construían en los poblados de Papúa Nueva Guinea en honor de los antepasados. Las paredes se encontraban completamente cubiertas por lanzas, tallas, figuritas, dientes de cocodrilo y demás adornos a los que no habían quitado el polvo desde hacía lustros, seguramente para no molestar a las decenas de arañas que colgaban por doquier y que para Ralf eran una especie de simpáticas mascotas o pequeños dioses animales. En contraste con esos adornos también se veían algunos recortes de periódicos de diferentes partes del mundo en los que se mencionaba la casa y, en una de las puertas, posters de Pamela Anderson y Leo Dicaprio.
—Era la habitación de mis hijos —se disculpó Ralf—. Ahora viven en Australia.
De esa misma habitación veríamos en los días que permanecimos en Wewak entrar y salir a varias mujeres que hacían la comida, barrían y apenas intercambiaban unas frases con Ralf. Siempre eran mujeres silenciosas, que permanecían dos o tres días, se iban y dejaban paso a otras como ellas. Era como todo cuanto rodeaba la vida de aquel singular alemán: misterioso.
Ralf nos hizo pasar a nuestra habitación y nos mostró varias literas, la mayoría de ellas ocupadas por cajas con más montones de figuritas y máscaras.
—Las mantas —nos ofreció.
 Estaban mojadas. La colina era un lugar húmedo que todas las mañanas quedaba envuelto por una niebla densa. Comenzamos a hacer las camas. Debajo de ellas se escucharon unos gruñidos.
—Los “pekininos” —explicó Ralf—. Los perros grandes quieren comérselos, sienten celos de la madre.
Lo que nosotros no entendíamos era por qué los ponía a recaudo precisamente allá, en la habitación de los huéspedes. Era como si lo que él ofreciera fuera precisamente eso, un alojamiento para amantes de las emociones fuertes y molestas. Lo que estaba claro era que quien dormía en la casa de Ralf nunca olvidaba la experiencia, las noches de terror, con todas aquellas máscaras y arañas observándote en la oscuridad; las noches de enfermedad, al borde de la pulmonía al amanecer; las noches de pesadillas, en las que uno soñaba con convertirse en el Herodes perruno…
La casa de Ralf no era, en definitiva, el “Crown Plaza”, y eso que todavía no habíamos descubierto la pieza estrella: el baño, y su peculiar sistema de saneamiento. En una pequeña caseta, fuera, bajo una taza incrustada en unas tablas de madera se veía un gran agujero excavado directamente en la tierra, al fondo del cual se revolvían miles de gusanos que devoraban cuanto les echaran, excrementos, orina, papel higiénico...
—Si consigo cagar aquí creo que nunca más volveré a estar estreñido —dijo Josean.
La primera noche en la casa de Ralf apenas conseguimos pegar ojo. Los “pekininos” lloraban, rascaban el suelo… De vez en cuando, en la carretera, se oía un frenazo, gritos de hombres llamando a mujeres —supongo que a las mujeres de la habitación contigua—, y después a Ralf que salía a espantarlos. Los hombres se alejaban entonces entre un estrépito de botellas rotas. Fue una larga madrugada.

Atrapados en el paraíso (Patxi Irurzun).
Gobierno de Navarra, 2004
Premio a la creación del Gobierno de Navarra. Finalista del Premio Desnivel.

jueves 26 de enero de 2012

MIERDAS DE PERRO

 


"Inundan la ciudad. Mierdas de perro. Unas tú las pisas y otras te quieren pisar". Que cantaban los Tijuana in blue hace años, muchos años, pero hoy más que nunca sigue siendo una canción de plena actualidad. Observo un aumento de plastas por las aceras, pequeñas minas antipersona que traen buena suerte, dicen, pero que lo único que traen es peste y mala hostia y un odio cerval hacia los maleducados,que serán los mismos que se cuelan o empujan en la tienda, en la parada del autobús, que aparcan en doble fila, etc. Listos, listillos, gentuza. Con todo, las peores son las otras, las mierdas de perro que nos quieren pisar y que florecen por doquier, pones la radio y ya empieza a aventar la mierda, todo apesta, todo está corrompido y parece que no  hay manera de limpiar las aceras, solo hay miedo y el miedo genera impunidad y así nos va ¡Mierda!

Os dejo con un capítulo de la que fue mi primera novela, Cuestión de supervivencia (1997):


 Ilustración de Kalvellido para la reedición del libro bajo el que fuera su título original 'La virgen puta', que se puede leer aquí: http://lavirgenputa.blogspot.com

RAÍCES

Me gustaba andar. Sobre todo cuando estaba borracho. Era como hacer el muerto sobre el mar, permitir que las olas me acunaran, me arrastraran hasta dejarme varado en la playa. La única diferencia era que en lugar de alzar la mirada y encontrarme con el azul luminoso del cielo veía los bloques de viviendas de los barrios trabajadores -en los que ya casi nadie trabajaba- inclinándose hacia mí, hablándome al oído, recordándome los viejos tiempos, pero a la vez ensuciándome la oreja con su saliva maloliente.

Yo había crecido en uno de esos barrios, no importaba cuál, porque aunque entonces nos parecía a cada uno que el nuestro era singular -el barrio sin ley, el barrio conflictivo, EL BARRIO- en realidad eran todos iguales. Los edificios gemelos, cuarteados en bloques de cemento, sus fachadas descascarilladas, sudando sangre gris, los chandals limpios colgando en las ventanas, el ruido de los tubos de escape trucados de las motocicletas robadas, los gritos de los chavales en los portales, sin otra cosa que hacer y sin ganas de hacer otra cosa, las mierdas de perros en las aceras (últimamente, por cierto, todas las familias tenían un perro, y era el padre quien lo sacaba a pasear)...

Aquello era lo que me diferenciaba de Lorea. Raíces que crecían en las tripas y te las revolvían.

Me pregunté cuanto tardaría en regresar al barrio. Todo aquel que no hacía de tripas, de aquellas tripas de madera, corazón, terminaba regresando. Las fronteras también existían, quizás eran las únicas que existían de verdad, en cada ciudad, en cada país, y la única manera de atravesarlas era la traición, el olvido, la delación... Eso o la guerra. La guerra en los barrios se llamaba revolución, pero ya nadie lo recordaba. Sólo recordaban el nombre de sus perros.

martes 24 de enero de 2012

'DIOS NUNCA REZA' EN EL BLOG 'PANEM ETA CIRCENSES'


 
 
 


Una reseña más de mi dietario de esas que me ponen colorado, y encima se me nota, porque el autor, a quien no conozco, dice que tuvo la sensación de estar tomándose una caña conmigo en las tres horas de lectura ininterrumpida (ni siquiera para ir al baño, a pesar de la cerveza). Dios nunca reza no para de darme alegrías, y tengo la sensación de que aún vendrán más, de que solo ha echado a rodar, de que el boca-oreja está haciendole el camino que por otros sitios no se puede o no me dejan (y a veces me llega el rastro de ese boca oreja, la gente me escribe, casi a diario, y eso es estupendo, increible, mejor que cualquier reseña en los suplementos literarios para los que no existo, me dicen que compran el libro para ellos y para personas a las que quieren, lo regalan..). .Muchas gracias a todos. Brindo por vosotros y me como un frito a vuestra salud (y visto lo visto igual monto otro día otra firma de libros autogestionada, en algún bar de San Nicolás, por ejemplo, para que el pote no solo sea virtual)




DIOS NUNCA REZA.PATXI IRURZUN. Andrés Matorral.


Ayer tuve que quedarme toda la mañana en casa, cuidando a mi hija, de un trancazo de esos tan habituales por estas fechas. Media Ikastola esta igual. Da mucha penica verla sufrir y a la vez me deja boquiabierto su serena fortaleza.
A la tarde en cuanto apareció mi mujer por la puerta, ya estaba vestido, necesitado e impaciente por dar un paseo que desembotara mi cabeza, como si fuese un perro demandando bajar a la calle. No se si serán los wifis, los campos electromagnéticos, las corrientes eléctricas, las resinas y aislantes de construcción o simplemente una paranoia psicosomática, pero el hecho es que necesitaba, ansiaba con desespero, salir a tomar aire fresco al monte cercano a mi casa.
Al subir al último pueblo de Iruñerria, pasé cerca de la biblioteca pública y decidí entrar a coger un libro que tengo pendiente desde hace meses; qué digo meses; años. Era un libro de un listado de recomendaciones que el profesor de filosofía de tercero de BUP nos entregó: Introducción al pensamiento filosófico de Bochenski.
Ya me ha ocurrido en, al menos tres ocasiones, que las bibliotecarias de este pueblo, dejan abandonada la sala tan campantes, bajando a echarse un café, un truño en el baño o simplemente de cháchara por el resto del edificio, como si el tiempo de los demás valiese menos que el suyo, así que tuve que esperar en el mostrador a que apareciera alguien que se dignara a atenderme.
La sección de novedades está justo al lado del mostrador y por hacer tiempo eché un vistazo un poco a desgana. Ahí vi el libro Dios nunca reza del autor Patxi Irurzun. Ciertamente el título del libro atrae y con esa misma intención, supongo, Patxi, decidió ponerlo. Aun así por mucho título atrayente, la portada era fea de cojones. No se por qué motivo, sin pensarlo demasiado, decidí cogerlo también, junto al de Bochenski, justo cuando apareció la bibliotecaria excusándose. Al verla insistir en la disculpa, ruborizada, me sentí mal por haberseme pasado por la cabeza escribir una hoja de reclamaciones. No debo ser mal tipo. Paso del odio a la compasión y comprensión con sólo ver un pequeño gesto de humildad o reconocimiento de la falta. Eso creo que se llama perdón, aunque, nuestro entorno ultra católico se encargue de desvirtuarlo y confundirlo.
Al llegar a casa, como nuevo tras el paseo, con las piernas aún hormigueantes y las orejas plácidamente congeladas, volví a mirar la portada y caí en la cuenta que podía ser el libro que mi admirado Jorge Nagore recomendó, hace tiempo, en uno de los artículos de su columna del periódico local. Dudé, no obstante.
Tras la cena comenzaron los gritos de los personajes de dibujos animados de la tele. Ultimamente siempre gritan, siempre corren, se dan de hostias, y son medio bobos, como preparando a nuestros pequeños para la que les viene encima, a la vuelta de unos años, incitándoles a que todo siga igual; a correr mucho y pensar poco. Escapé, sin excusarme, al dormitorio y comencé la lectura de Dios nunca reza.
No me moví hasta tres horas más tarde, cuando leí la última hoja y cerré la tapa, volviendo a mirar la portada, incrédulo de lo que acababa de leer. Incluso me aguanté las ganas de mear hasta que lo hube terminado.
Enseguida en las primeras páginas me di cuenta de que efectivamente, no podía ser otro libro, que el recomendado por Nagore. Los dos, Nagore e Irurzun dejan el mismo rastro tras leerlos, ese tufillo a adoquín viejo de la calle mañueta mojao. Abrumadoras sentencias llenas del gran sentido común “de los de casa”, directas, brutas. Una despiadada autocrítica aparentemente camuflada con un humor socarrón, pero igual de dolorosa. Un libro que da ostias de realidad, a pecho descubierto y nos deja a todos pelaos, como a él, como lo que somos, maravillosos perdedores llenos de dudas y contradicciones, pero geniales, viviendo en una sociedad en la que pese a ser conscientes de que no hay nada que hacer por ganar, batallamos como gato panza arriba. Una puta gozada de libro.
Voy a sustituir a “Modesto” arriba, con este comentario, pero quiero pensar que no es casual que Nagore escriba en su blog que se lo leyó del tirón y yo lo haga también, más cuando no lo había hecho en años. Quiero pensar que existe un, llámalo, gusto común; un valorar un estilo y un tipo de arte que lo sentimos como propio las gentes como Nagore, Irurzun y yo. Que me perdonen por mi osadía pero me apunto a su cuadrilla. Con dos cojones. Leer el libro fue como echarnos los tres, unas cervezas y un frito en la Calle San Nicolas, riéndonos de la vida y las mismas paridas, cómplices y compañeros. Ya me gustaría…

lunes 23 de enero de 2012

TV FREAK (Pozí in memoriam)



 
 
Dicen que ha muerto Pozí. Dicen, aunque aún le queda mucha guerra que dar, mientras resistan algunas de las expresiones que aportó al habla popular (¡Pozí!) y que algún día también morirán, como languidencen los chachiìlongui o megaguay. Mientras tanto ¡larga vida a Pozí! Yo me he enterado por Exprai, que ha ilustrado la noticia con el dibujo que en su día hizo para este texto que escribí:

TV FREAK
 
 
Y después de tanto tiempo ahí está de nuevo, Pozí, aquel freak que descubriera Cárdenas, el de Crónicas Marcianas; Pozí, con sus patitas de alambre, como la Gallina Caponata, la que pasaba mucho hambre, con su joroba tierna, como un bizcocho que ha explotado en mitad de la espalda, y sus ojitos, dos moscardones verdes revoloteando en busca de un poco de cariño por todo el plató; Pozí, travestido de lagarterana y marcándose un pasadoble mientras Cañita Brava hace restallar como látigos sus castañuelas y canta en un inglés macarrónico el último tema que su imaginación de torbellino en el patio de un psiquiátrico ha dado a luz con fórceps; Pozí y Cañita Brava superando aquel dueto que este último, contra su voluntad, se veía obligado a representar junto a un tipo de melodía monocorde y, de puro soso, gracia por arrobas, aquel tipo de cuyo nombre no consigo acordarme y que a Cañita Brava lo sacaba de sus casillas, le obligaba a interrumpir sus canciones (entonces en un euskalki extinto del chino mandarín o en el árabe indescifrable de Bin Laden en los vídeos de la CIA), a montarle el pollo, todo ello en aquella descarnada parada televisiva de monstruos que era El Semáforo.

Ah, El Semáforo, que buenos ratos nos hizo pasar… Y cuantas risas como dentelladas en la conciencia. Risas cuyas heridas se curaban con el consuelo de saber que había alguien todavía más cruel que nosotros, las personas que enviaban a aquel batallón de freaks, de desahuciados en un mundo impío con el débil, o con el que se salía, al que lo sacaban a hostia limpia de la fila. Aquellas personas que se suponía, eran familiares, o amigos y que sin embargo colocaban al tonto del pueblo en el centro de la plaza mayor de la aldea global que es la televisión para señalarlo, para convertir sus carcajadas en un cosmético que maquillara una vida en la que los sueños están a la venta el sábado por la tarde en el hipermercado y el retraso mental se fomenta en los planes de estudio de ministerio de educación o desde los telediarios o los programas de tertulianos, por no hablar del mal rollo y el chivateo que patrocinan esos programas de individuos obligados a convivir sin cepillo de dientes en islas llenas de mosquitos, o en academias en las que sólo falta el Leroy marcando paquete o la otra pegando con el bastón en el entarimado mientras dice “Buscais la fama pero la fama cuesta”, y en las que nunca le dan a uno una canción que se avenga a las posibilidades de su voz talentosa y de estrella nacida para triunfar en el mundo del “chou-bisnes”.
TV freak. Pozí y Cañita Brava a la limón. ¿Alguien da más? Po zí. La presentadora, en este caso, azuzando por detrás a ambos, despojada de aquella complicidad, aquellas ironía tierna con que el gran Cárdenas, el de Crónicas Marcianas, trataba a sus fenómenos de feria, algunos de los mismos –Leonardo Dantés, Carlos Jesús, la inevitable Tamara– convertidos hoy en superestrellas, en superventas y en portadas de los supersuplementos de prensa, los cuales igualmente maquillan su docilidad con iconografía kitch. La presentadora ziriqueando en las taras de los monstruos sin otro objetivo que obtener la sangre y el pus del share, la audiencia… ¿Quien es, pues, el auténtico monstruo?
Televisión, en una palabra. Nada más. Así son las cosas y así se las hemos contado, que diría el otro (cuando debería de decir “Así les hemos contado, así son las cosas”).
Para TV Freak, desde el corazón de la bestia, el arriba firmante.

domingo 22 de enero de 2012

CONTRAFÁBULAS



Francis Novoa Terry acaba de publicar en Groenlandia su obra Contrafábulas, para la que he escrito el prólogo, y ahí abajo os lo dejo, así como el enlace desde donde se puede leer este divertido libro, con unas magníficas ilustraciones de Felipe Solano:


La peña está mal. Como una cabra. El autor de esta animalada que tienes entre las manos, por ejemplo: peruano, madrileño, heavy, escritor, curriqui, incendiario (quema una ETT casi cada vez que se pone a escribir)… y ahora autor de un libro de fábulas. O mejor dicho, de Contrafábulas, que así se titula, y muy bien titulado. Contrafábulas. Cágate, lorito. La peña, sí,  está como una puta cabra. Y el mundo del revés. El mundo no se arregla escribiendo libros, no al menos los libros de mierda que se leen por ahí. Algunos han hecho añicos el espejo aquel al borde del camino del que hablaba Stendhal; es lo que se lleva, lo fragmentario, la deconstrucción, lo experimental, un pufo como una catedral, vamos, porque esos pedazos por lo general no cortan, no alcanzan a nadie, no proyectan nada ni se convierten en proyectiles, son inofensivos. Francis lo sabe bien y también que para cambiar el mundo, o al menos para retratarlo y hacer un poco de sangre lo que hacen falta no son libros de mierda sino libros como cóctels molotov, como facas, libros que den coces, zarpazos, que embistan, que muerdan, que arañen… Francis, sin inventar nada, es un rebelde, un lanzador de cuchillos con gafas de sol, Francis va contra corriente, hace lo que nadie hace hoy en día: recurrir a un género como la fábula, tan tradicional como olvidado, y que sin embargo ha sido a lo largo de los siglos el vehículo, el piloto suicida con el que arremeter contra los vicios y tropelías de sociedades enfermas, el guante de seda con el que noquear a los poderosos, el dedo que señala el traje nuevo del emperador…
Las fábulas, además, las contrafábulas de Francis (porque ese es un matiz importante, Francis no podía recurrir a la tradición así como así, ir a beber de sus fuentes como un dócil borreguito, Francis es heavy, hostia, un potro salvaje, un gallo de pelea, y tiene que poner todo patas arriba, poblar estas fábulas de elementos que hasta ahora no aparecían en ellas, de caperucitas violadas, de ratones insumisos que no siguen al flautista, de cabras que fueron actrices porno), las contrafábulas de Francis, decía, se desprenden de su carácter metafórico y se transforman en cuentos realistas, naturalistas, son otra vez el espejo de Stendhal al pie del camino. Si el mundo está lleno de cerdos, de tiburones despiadados que nos muerden la cartera y el corazón cada día, de buitres que los avalan y hacen del despojamiento ley, de ovejas asustadas que cagan votos sobre los que esos carroñeros se suben, de perros policías, perros guardianes, perros con porra para proteger el cortijo a cambio de un currusco de pan, si el mundo se ha convertido en una finca particular, un establo, una jaula, qué mejor que escribir sobre los seres humanos cómo lo que realmente somos: animales. Todo eso lo explica mucho mejor, en realidad, el propio Francis en su contrafábula “Seres civilizados”. Léanla. Lean esa y todas las demás. Háganlo sin miedo, que en estas contrafábulas no hay Moraleja, ni Barrio de Salamanca, son fábulas de extrarradio, de bar de barrio, de autobús urbano… Rúmienlas. Y después, una vez hecha la digestión quizás comprendan que ya va siendo hora, queridos seres civilizados, de hacer un poco el bestia. 

Patxi Irurzun. 

Prólogo para Contrafábulas de Francis Novoa Terry. Ya disponible en el ISSUU y en el SCRIBD:

http://es.scribd.com/doc/78865286/CONTRAFABULAS-DE-FRANCIS-NOVOA-TERRY
http://issuu.com/revistagroenlandia/docs/contraf_bulas__de_francis_novoa_terry

jueves 19 de enero de 2012

EL MUÑECO DE NIEVE MÁS FEO DEL MUNDO


Lo hice yo, con mi hijo, y es ese de arriba. Después escribí una columna para Guía del niño y de repente el patito feo se convirtió en cisne. "Me encanta Patxi". No, no es que me quiera mucho, es lo que opina una lectora de la revista: "

Empezar vuestra revista por el final es una obsesión, no lo puedo evitar. Sé que mucha gente lee las revistas así, sin ningún motivo especial. Pero yo tengo uno: unas ganas impresionantes de leer los textos de Patxi Irurzun. No puedo parar de reírme con ellos. Me encanta cómo este chico puede hacer de las situaciones más cotidinas, en las que todos nos identificamos, una historia de carcajada continua. Mi más sincera enhorabuena"


Jo, y encima me llama chico...

 


Y ahora os dejo con la historieta:



EL MUÑECO DE NIEVE MÁS FEO DEL MUNDO

Nunca había imaginado que hacer un muñeco de nieve fuera tan difícil… Bueno, probablemente para los demás padres no lo sea. Me pregunto qué recordará H de mí, cuando sea mayor. Un padre es alguien que arregla enchufes, te enseña a andar en bici en una mañana –y que luego no se pasa el resto de la semana con la espalda convertida en un acordeón gimoteante, ay, ay…-; alguien, en definitiva, que hace con sus propias y fornidas manos muñecos de nieve tamaño Goliat, y no esa birria que me ha salido a mí y al lado de la que ALF, aquel extraterrestre de la serie de televisión, era un adonis.

Y mira que he bajado a la calle con ilusión, esta mañana mágica, casi perfecta de sábado: “¡Está todo nevado!”, he gritado al levantarme, y H ha pegado un brinco desde su cama, sin remolonear, se ha colocado junto a mí en la ventana y la luz blanca y deslumbrante de la nieve le ha iluminado el rostro...

-¿Bajamos a hacer un muñeco, campeón?- he dicho yo entonces mi frase de superpadre, y ha funcionado:

-¡Síiiiiii!- ha contestado H, y hasta me ha dado un beso (últimamente no lo hace porque, con la barba, dice que pincho).

Así que ahí estábamos los dos, ya en la calle, con nuestra zanahoria, la bufanda con dibujitos de renos, todos los complementos que un muñeco de nieve puede desear… Pero luego ha sido empezar a amontonar la nieve y no sé qué ha pasado, ésta se me escurría entre los dedos, como arena, no había manera de compactarla, o cuando lo conseguía, al intentar clavar la zanahoria, el muñeco se deshacía…

-Este muñeco es un adefesio- me he rendido finalmente, desilusionado.

Pero H se ha reído, me ha tirado una bola, ha hecho la croqueta sobre la nieve… así hasta que, agotados, hemos subido a casa.

-Mira, mamá, el muñeco Adefesio- ha corrido entonces H a la ventana, arrastrando a su madre.

-Pues sí que debía de ser feo- ha contestado Malen, porque un grupo de niños había rodeado a nuestro muñeco de nieve alienígena y lo destrozaba a patada limpia.

-¡Vándalos!- me he puesto hecho una furia, y ha sido H  quien ha tenido que pararme los pies:

-Déjalos, papá, total, se iba a dirritir...-me ha dicho.

Y tenía razón. Después de todo, lo importante era que nos lo habíamos pasado en grande. Eso y que, quién sabe, quizás cuando H sea mayor recuerde divertido aquella mañana que hizo con su padre el muñeco de nieve más feo (y más efímero) del mundo.

miércoles 18 de enero de 2012

VUELVE BORRASKA

Por fin, con casi un año de retraso, he resucitado el ciberfanzine de literatura subterránea que editaba hace unos años.  En un blog. Otro blog: http://fanzineborraska.blogspot.com.Es un número especial y, de momento, sin vocación de continuidad, sobre LA VIDA AG (antes de Google). Hay textos e ilustraciones de casi cuarenta autores, todos estupendos. El desaguisado del diseño es mío, porque yo me lo guiso (o me los desguiso), yo me lo como todo solito. Vamos, que no tengo ni idea. Pero las colaboraciones, que son lo que cuentan, son de lujo. Aquí os dejo el editorial que he escrito, para que veáis de qué va la cosa:


LA VIDA M.A.G. 

“¿A dónde vamos?”, preguntábamos a nuestros padres los sábados por la tarde, y ellos contestaban: “A mirar escaparates”. Se fumaba en los autobuses, en los institutos y universidades, en la consulta del médico (y solía ser el médico quien fumaba). Los adolescentes se masturbaban hojeando el LIB, Interviú, y otras revistas acartonadas, algunos, a otros les bastaba con fantasear. Escribíamos cartas, salíamos a la calle a buscar a los amigos, cortábamos y pegábamos, pero lo hacíamos con nuestras novias o contra los del colegio de enfrente… No había móvil, ni redes sociales. ¿Cómo nos las apañábamos? Después llegó Internet, Google, Facebook… Parece que han pasado siglos (bueno, ha pasado uno, en realidad) pero fue solo ayer, hace 15 años. Borraska surgió en aquel tiempo fronterizo, cuando los emails tardaban horas en entrar a la bandeja de entrada y el contador del teléfono corría como un fórmula 1. De forma autodidacta y con espíritu y estética de fanzine. El espíritu porque nos lo pedía el cuerpo y la estética porque no teníamos ni idea. Y seguimos sin tenerla. Ahora volvemos en forma de blog, que es facilito, ajustado a las capacidades de los que nacimos MAG (Mucho Antes de Google). El ciberfanzine de literatura subterránea ha resucitado, muy lentamente, con pachorra, en un número especial y sin vocación de continuidad, en el que casi cuarenta creadores escriben sobre cómo era su vida antes de que las nuevas tecnologías irrumpieran. ¿Qué recuerdan de aquellos tiempos? ¿Cómo se adaptaron a los cambios? ¿De qué modo influyó en su forma de escribir? ¿Hemos ganado libertad o la hemos perdido? ¿Seguimos, en el fondo mirando escaparates?

martes 17 de enero de 2012

SALTAR, CAER, LEVANTARSE


Reseña de 'Dios nunca reza' en Estado crítico, por DANIEL RUIZ GARCÍA

SALTAR, CAER, LEVANTARSE

Escribir no es ningún deporte de riesgo. No nos hace ningún bien, o al menos no nos hace más bien que mal. Aunque mucha gente así lo crea, los que escribimos no somos personas más inteligentes que los que no lo hacen. Estamos en la media de la torpeza y la idiotez, con el plus, casi siempre, de una proporción de vanidad más que considerable. Escribir es una acción, un verbo, un estar, pero ese estar no suele ser nada agradable. Sobre todo cuando lo que escribes apenas se compra y se lee, comparado con, pongamos, cualquier bestseller que se distribuye en las tiendas de los aeropuertos o en los Carrefour. Porque -y este es otro malentendido bastante extendido entre los ágrafos- los escritores suelen ser gente más bien pobre, o en todo caso, si tienen liquidez, no la han obtenido precisamente de la literatura. Muchos de los que publican libros apenas llegan a fin de mes. Hay muchas formas mejores de hacerse rico. Y probablemente, con bastante menos esfuerzo. Porque escribir es algo muy desagradecido: visto desde una perspectiva material, resulta absolutamente miserable la correspondencia entre el esfuerzo que supone escribir una novela y los rendimientos económicos que ello reporta. Aun así, muy pocos de los que empiezan a fumar de este tabaco son capaces de dejarlo, de manera que acaban sometidos de por vida a esta suerte de sacerdocio de pobres, consagrados a una vida de arrastre detrás de palabras y letras que acabarán llevándolos a la muerte como un inevitable cáncer de pulmón.

Dios nunca reza es un libro de memorias pero también es una novela biográfica sobre las miserias, servidumbres, renuncias y pequeñas alegrías de un escritor tocado por ese infortunado vicio. Un escritor joven que no obstante lleva años predicando en los desiertos de la literatura y recibiendo a cambio escasos beneficios y parcas satisfacciones. Es un diario íntimo que conmueve desde el primero hasta el último capítulo, porque exuda sinceridad. Una sinceridad, casi siempre, muy dolorosa. Porque Irurzun es consciente de que, por más desagradecido que resulte ese vicio, por más que le haga toser y le supure bilis, no podrá renunciar a él hasta la muerte.

No se piense, por el tono de mis palabras, que estamos ante una obra de tintes románticos, grandilocuente, apasionada. La miseria está ahí, pero Irurzun la aborda con naturalidad. Con la misma naturalidad con que uno asume, por ejemplo, una enfermedad de diabetes que deberá acompañarlo de por vida. El registro del dietario le permite a Irurzun realizar una contabilidad exhaustiva de sus desvelos cotidianos como escritor, pero también como padre y “prepadre”, como esposo, como amigo… En realidad, la obra puede leerse como una novela intimista sobre una mudanza, la mudanza de un escritor hacia otra casa junto a su mujer y su hijo, pero también la mudanza interior de un escritor que no quiere renunciar a serlo por encima de las miserias laborales y los trabajos castrantes y embrutecedores.

Me he sentido muy cercano a los desvelos de Irurzun en esta novela. Su estilo es llano, limpio, sencillo, con momentos de gran explosión lírica, y de forma muy especial en el último tramo. Es, así lo pienso, un libro muy hermoso, que arañará especialmente a todos aquellos que, como quien esto suscribe, sobrelleva como puede este insano vicio de la escritura, encallado a fuerza de golpes, acostumbrado a un programa creativo precariamente construido a base de verbos: saltar, caer, levantarse.

http://www.criticoestado.blogspot.com/2012/01/saltar-caer-levantarse.html