lunes, 14 de abril de 2014

KORTATU O LA CÓLERA DE LOS NO ELEGIDOS



Foto: Jon Iraundegi


El libro El estado de las cosas. Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia, presentado ayer en Iruñea, revisa el segundo disco del grupo de Irún y lo contextualiza en una época de revuelta juvenil en Euskal Herria.

Patxi Irurzun. Iruñea

 “Iñigo Muguruza y Jitu van a un concierto de La polla Records en Rentería. Evaristo, su cantante, quema una cruz mientras suena la canción “Salve”. Iñigo y Jitu no han visto tantas crestas y chupas de cuero juntas en su vida. El caos es absoluto y el pogo, brutal. La pasma da vueltas entre el público y empiezan a volar botellas. Evaristo quema su DNI en directo”.
Así, con una batería de pequeñas y salvajes historias como esta, arranca el libro El Estado de las cosas. Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia, escrito por Roberto Herreros e Isidro López y publicado por la editorial madrileña Lengua de Trapo, y que ayer se presentó en Katakrak, Iruñea. “Más salvajes que Sex Pistols”, reza el prefacio. Sin embargo El estado de las cosas —el libro-, es bastante más que una sucesión de viejas batallas que no puedes encontrar en los mapas o una  melancólica recopilación de anécdotas de los años mozos, y tras los fogonazos iniciales, sus páginas se adentran en un análisis del contexto social y político en el que nació un grupo como Kortatu o el propio RRV (Rock Radikal vasco) o en el que se compuso el segundo disco del trío de Irún. Más salvajes que los Pistols, sí,  y “más políticos también”, añade de hecho el título de ese prefacio.

Pegatinas
Esa efervescencia revolucionaria de principios de los ochenta, la expresa a la perfección Bernardo Atxaga, autor del prólogo, con una imagen tan visual como las pegatinas que en aquella época era habitual ver cubriendo las paredes de bares, y que componían un abigarrado y colorido mural, en el que convivían fanzines, radios libres, lucha ecologista, feminista, gaztetxes… “Un maremágnum de cosas y afectando a todo, marcándolo todo, la violencia”, escribe Atxaga. Las acciones armadas de ETA, el estado policial, la guerra sucia… Y además, la reconversión industrial, el paro, la irrupción devastadora de la heroína… Ese es el estado de las cosas, el caldo de cultivo del que emerge un grupo como Kortatu (Kortatu o la cólera de los no elegidos, fue como apellidaron en sus inicios al grupo, tras ser rechazados en un concurso de maquetas), que publicaron su primer disco largo en 1985 (Kortatu). En él, el grupo deja claro sus intenciones: rompen con la solemnidad de la canción política, introducen la fiesta y la diversión como método de lucha y aportan un bagaje musical, un cóctel contracultural en el que se vierte y se agita desde el punk de combate inglés de The Clash, pasando por las influencias underground —los comics de Robert Crumb, Makoki…— hasta, o fundamentalmente, las vivencias propias: las detenciones, las dexedrinas y el speed, los controles policiales…

Campanadas a la muerte
El libro de Herreros y López subraya precisamente como algo fundamental en el rumbo de Kortatu y en la transición hacia un posicionamiento más político en su segundo disco, El estado de las cosas,  una trágica experiencia personal de Fermín Muguruza: los asesinatos por parte del GAL de cuatro refugiados vascos en el Hotel Monbar de Baiona, con quienes  Muguruza había estado jugando al futbolín solo unos minutos antes.  Un impacto que, lógicamente, deja huella en el músico, y que se puede rastrear en una de las canciones emblemáticas del disco, el desgarrador Hotel Monbar .
“Esta no es la única clave para entender el cambio de registro político, musical  y estético que Kortatu emprendieron con El estado de las cosas, dejando atrás el espíritu lúdico y contracultural de su debut, pero lo sucedido en Baiona el 25 de septiembre de 1985 marca un antes y un después en la vida de Fermín Muguruza, que dará el salto del movimiento autónomo a un mayor compromiso con la izquierda abertzale”, cuentan los autores del libro, que a lo largo del mismo defienden que una de las claves del éxito y la transversalidad de Kortatu es esa posición a caballo: “Kortatu nunca dejó de tener un pie en el sustrato social y político del que nació y tampoco nunca fue meramente absorbido por Herri Batasuna, sino que mantuvo una posición vinculada, pero independiente”.  Kortatu fue capaz, pues, de aglutinar diferentes frentes de lucha, pero además musical y estéticamente siempre fue un grupo de vanguardia, con una pegada rítmica y melódica que también atrajo, tal vez a su pesar,  a personas que no se identificaban en absoluto con su mensaje.  El mismísimo Patxi López reconoce que Kortatu le volvían loco. Y durante treinta años Sarri o Mierda de ciudad no han dejado de sonar en verbenas y txoznas, algo que lleva también a plantear a algunos de quienes prestan su voz al libro, como Leire López Ziluaga, si el RRV (del cual asistimos últimamente a una reivindicación póstuma en diferentes publicaciones) no ha llegado a convertirse en una cultura de consenso en Euskal Herria que ha vaciado su mensaje o ha ejercido de lastre para nuevas formas creativas de combate.

Siempre queda molestar
 El estado de las cosas –el libro- no recurre por tanto al revival sentimental, es una revisión crítica que hibrida diferentes géneros narrativos: el ensayo, la crónica, la entrevista… Huyendo del que comienza a ser manido y recurrente formato de la biografía oral, no renuncia sin embargo a recoger testimonios de numerosas personas vinculadas al universo Kortatu: por supuesto, los tres miembros del grupo, algunos autores de sus letras como Mikel Antza (que en El estado de las cosas firma dos temas, 9 Zulo y Aizkolari), Xabier Montoia,  Pablo Cabeza, Ruper Ordorika Roberto Moso, Elena López Aguirre, Marino Goñi…  Todos ellos ayudan a diseccionar  El estado de las cosas –el disco—, que aparece comentado canción a canción en uno de los capítulos:  el rock de la línea del frente, con su ritmo y su semántica reggae —“esa jerga que emplean los rastas”— en el que ya se entrecruzan militancia y vida: “Te quiero y quedamos en la barricada a las tres”. Un hilo que se recoge en Equilibrio,  tal vez la primera canción de amor de Kortatu: “Si resisto y sobrevivo es por tu luz”, cantan en uno de los estribillos, y en otro dan una pequeña colleja a un amigo, el dibujante Carlos Azagra y su PGB (Partido de la Gente del Bar): “Deja de beber tanta cerveza y lucha”. Equilibrio a su vez, lanza otro hilo hasta Nivel 30, una canción sobre la heroína y su efecto desmovilizador. La letra de esta canción es la más desgarradora, en opinión de Iñigo Muguruza : “Ten cuidado al pasar a mi lado porque soy una cuchilla andante”. En ella, hay además referencias al comic, a Stefano Tamburini, el creador de Rank Xeros, como hay en otras canciones diferentes posos de lecturas (El bandido adolescente, de Ramon J. Sender en Esto no es el oeste, pero también hay tiros), y de tendencias musicales: punk, ska, reggae, psicobilly, hardcore… El estado de las cosas es, en definitiva un disco complejo (el último, por otra parte, en el que el grupo canta en castellano), del que resulta fácil recordar muchas frases que para los jóvenes que las escuchaban se convirtieron en algo más que lemas que corear en los conciertos o sus habitaciones: fueron también consignas que marcaron el paso a sus vidas. Kortatu, como señala Angel Luis Lara El Ruso no era tanto “la banda sonora de la película, como la película misma”. Aunque estuviera todo perdido siempre quedaba molestar. La cólera de los no elegidos se convirtió en su victoria, y todavía hoy tantos años después (este libro, que va por una segunda edición revisada y ampliada, es el mejor ejemplo) el legado de Kortatu sigue alentado la revuelta.



ASTENIA PRIMAVERAL.


Y ahí estaban, en medio de la Calle Mayor, las dos peregrinas yankis, moderfaker va moderfaker viene, menuda bronca, una de ellas de repente hasta le quitó a la otra el pasaporte y lo arrojó a un charco, “Pues vaya, a mí que siempre me habían contado que hacer el Camino de Santiago era como meterte en un libro de Paulo Coelho y resulta que se parece más a uno de Bukowski”, recuerdo que pensé, pero luego achaqué el peregrino arrebato de ira a la astenia primaveral, o al cambio de hora, porque yo también llevaba unos días raro, flojico, irritable, “Sí, eso será”, me dije, y después seguí arrastrando los pies hasta la oficina del DNI, que me tocaba renovarlo, y ya tenía ganas, porque en la foto del que caducaba salía hecho un quinqui, y si uno se para a pensar, la foto que se hace para el carné no es ninguna tontería, es la foto que más vas a enseñar, de ella depende, por ejemplo, que las cajeras te metan más o menos prisa mientras intentas despegar las bolsas, porque las reutilizables se te han olvidado otra vez en casa, y la cajera, que es socia de Greenpeace, te lo afea con la mirada, “Como sigamos así, entre esto y los pedos de las vacas nos cargamos el planeta”, parece decir, y después empieza a echar sin compasión los cereales para cagar del que viene detrás encima de la compra que tú no has recogido aún, todo eso por la foto de la papela, en la que pareces de un comando, bueno, a lo que iba, que pensando-pensando llegué a la oficina del DNI, y en la puerta estaba el funcionario de siempre, el de hacía diez años, y me paró con las mismas malas formas, “¿A dónde va?”, y vi también cómo se dirigía a la gente, sobre todo a los extranjeros, como a ganado, o como si fueran sordos o tontos, y me pregunté si en la policía no tenían a alguien más presentable de cara al público, y también cómo sería entonces el trato en las zonas oscuras de las comisarías, “Mejor no pensar”, pensé, y cuando logré zafarme de él, me senté y me puse a leer un libro, pero no me concentraba, estaba inquieto, el libro se titulaba Ardimiento y su autor firmaba con el seudónimo Baco, así que cada poco tiempo yo levantaba la vista y miraba al poli de la entrada, y pensaba que en cualquier momento sacaría la pipa de la mariconera y vendría a por mí y me detendría por embriaguez o por apología de algo, así hasta que por fin me tocó el turno y me hicieron el nuevo carnet, pero había un fallo, en la foto salía un señor mayor, con el pelo gris, “¿Ese quién es?”, pregunté, “Usted”, me dijo la funcionaria, “Ostras, es verdad, cómo pasa el tiempo”, dije, e intenté consolarme pensando que al menos no me había pasado como a mi amigo Juantxo el jipi, que como tiene el pelo blanco nuclear se le fundió con el fondo de la foto y en la papela parece un alien, y por eso las cajeras le tienen miedo y le pasan dos veces la Travel y pronto ya le llegará para cogerse un neceser, total, que al final salí fuera, y arrastré de vuelta un poco más los pies hasta la Calle Mayor, y allí seguían las dos peregrinas yanquis, moderfoker va moderfoker viene, pero ya nadie se lo tenía en cuenta, era cosa de la primavera, y de Bukowski, pero sobre todo de la primavera que lo altera todo, y la cabeza se llena de pensamientos y de frases, como flores que revientan, y uno se aturulla, y nunca sabe dónde poner el punto final (ni todos los demás, en realidad).

Publicado en ON (Rubio de bote): 

martes, 8 de abril de 2014

CONTRA LA LIMPIEZA.



(Colaboración para la sección Rubio de bote en ON, suplemento de los diarios del Grupo Noticias)


A mí las casas demasiado limpias me dan asco. Y yuyu. Alguien que te pide que te descalces y te pongas unas bayetas en los pies para entrar a su casa, primero, en realidad no quiere que entres a su casa, y segundo, es alguien que está como una puta cabra. Alguien que guarda en el frigo un túper con criadillas y corazones humanos; alguien que cuando por las noches sale a fumar al balcón no se traga el humo, solo hace con él señales a los raticulinianos, chiú-chiú…
Las casas como dios y el diablo mandan no parecen el quirófano del doctor Hannibal Lecter. En las casas de las personas decentes el pasillo es la calle mayor de una película del oeste y de vez en cuando cruza rodando un pelusón; en las casas de las personas de carne y hueso mirar debajo del sofá se convierte en una expedición espeleológica; en las casas… bueno, bueno, tampoco voy a seguir porque al final va a parecer que lo que soy, en realidad, es un guarro. Y aunque más vale ser guarro que asesino en serie, yo también intento domar al animal salvaje en que se convierte una casa dándole latigazos con el tubo de la aspiradora. Hay que mantener a raya a ese organismo vivo y monstruoso al que le crece exponencialmente el polvo y las bolsas de basura y la ropa para planchar. Una casa, sobre todo cuando en ella hay niños, es un campo de batalla, el sombrero de copa de un mago con síndrome de Diógenes, la máquina irrompible del caos… Por eso, precisamente, son tan sospechosas las casas demasiado limpias. En ellas no hay vida. Solo cadáveres enterrados en el jardín y porquería bajo la alfombra. Y esto se puede aplicar a todo lo demás. A las ciudades, por ejemplo. Como decía el malogrado poeta barrendero Juantxo Rada: “Las ciudades luminosas están invadidas por las sombras”. En una ciudad luminosa la gente no se ve la cara en los espejos ni en los ojos de los demás, sino mirando al suelo resplandeciente, que es una losa mortuoria puesta del revés. En las ciudades inmaculadas cuando se te cae una pestaña al suelo te condenan a trabajos forzados porque la higiene es una religión y porque sus alcaldes se llevan un 10% de la subcontrata de limpieza. En las ciudades resplandecientes se levantan templos con una reliquia de Don Limpio (un mechón de pelo, del día que se le cayó tras confundir el bote de champú con el de Zotal) y se cierran consultorios médicos porque ponerse enfermo es una cosa de herejes, de gente infeliz y sucia, que tiene mala salud solo para joder. En las ciudades “japi” cuando las alcaldesas sonríen se ríen de ti, pero a nadie le importa porque tienen la dentadura muy bonita. Una ciudad esplendorosa, en fin, es lo más parecido a una ciudad llena de mierdas de perro. Unas tú las pisas y otras te quieren pisar. Y las casas de las ciudades sospechosamente limpias están llenas de hombres y mujeres-mopa, que al final lo único que hacen es mirarse las pelusas del ombligo. La obsesión por la limpieza, en suma, es propia de gente sin inquietudes ni criterio, gente con mucho tiempo libre y que no sabe qué hacer con él. Claro que esa es solo mi opinión. Supongo que también habrá quien piense que para escribir todas estas tonterías mejor ponerse a hacer los baños. Y no le digo yo que no.

Patxi Irurzun
 

CON 'IMAGINA CUÁNTAS PALABRAS' EN EL MUSEO DEL LIBRO DE BURGOS

Foto: Genial, mágica, familiar, participativa... la presentación de "Imagina cuántas palabras" ayer en el museo fue un gran ejemplo de proyecto de gestión cultural redondo y colectivo. ¡Gran libro!

Muchas gracias Clemente Bernad, Carolina Martínez y Patxi Irurzun por honrarnos con vuestra presencia en el Museo del Libro.

DIARIO DE BURGOS


EL CAMPO DE BATALLA DE LA CULTURA. I Jornadas de Cultura Prekaria

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(Versión extendida del reportaje publicado en Gara)

EL CAMPO DE LA BATALLA DE LA CULTURA

El pasado fin de semana Katakrak, pulmón cultural de Iruñea, acogió las I Jornadas de Cultura Prekaria organizadas por el Grupo Cultura Prekaria, y comenzó a insuflar aire para que el tejido cultural y social de la ciudad se entrelace y busque nuevos espacios que lo permitan despertar de su sonambulismo.


Patxi Irurzun. Iruñea

Fueron tres días intensos de primavera, 4, 5 y 6 de abril en los que florecieron ideas, propuestas, crítica, y se debatió sobre la situación de la cultura en Nafarroa, el nuevo paradigma surgido tras el estallido de la burbuja cultural, la pedagogía necesaria para autogestionar espacios, o se aportaron experiencias de otras fábricas culturales y colectivos.
El fin último de las Jornadas, de hecho, y de quienes las organizaron, el Grupo Cultura Prekaria, es conseguir un local público con el fin de que los diferentes colectivos de Iruñea lo autogestionen. Cultura Prekaria agrupa a un hetereogéneo grupo de creadores, gestores, trabajadores y agentes culturales, y lleva reuniéndose desde hace más de un año, debatiendo y cuestionando temas diversos como la nueva ley de mecenazgo del Gobierno Foral. Como paso previo a las jornadas se visibilizaron con un exitoso fotomatón callejero que retratara el panorama de precariedad cultural y social de la ciudad y con unos talleres que sirvieran para preparar la documentación de las I Jornadas de Cultura Prekaria, que han sido todo un éxito, tanto en lo referido a asistencia (Katakrak se llenó durante todo el fin de semana), como en cuanto a contenido y aportaciones.

El cambio de paradigma cultural

Las jornadas se iniciaron el viernes 4 con unas charlas sobre el cambio del paradigma cultural. En este bloque intervinieron Santi Eraso (exdirector de Arteleku y consejero cultural de Donostia 2016), Emmanuel Rodríguez (cofundador de la Universidad Nómada y miembro de Traficantes de sueños) y Jaron Rowan (Investigador cultural y docente en Free Culture Forum).

Santi Eraso, desde su experiencia dentro de las instituciones, habló de la cultura como una burbuja menor generada por la burbuja inmobiliaria y del paisaje de escombros que dejó al explotar, dándose la paradoja de que quienes hundieron el sector cultural se pretenden presentar ahora como sus salvadores. Dentro de ese nuevo paradigma cultural, de inestabilidad y liquidación, planteó que pueden surgir nuevas expresiones y experiencias, nuevos espacios que, como Katakrak, o el que reclama Cultura Prekaria, se conviertan o conviertan la ciudad en un laboratorio cultural… Y definió la cultura como “un campo de batalla, en el que confluyen intereses muy distintos”. Emmanuel Rodríguez coincidió con él en algunos términos, como la burbuja cultural, o la cultura como campo de batalla, y dijo que “si la entendemos como tal es necesario darle un contenido político y en ese sentido hasta que no haya un cambio político radical la cultura no será un derecho social”.

Dolorosa vs Katakrak


El bloque sobre el cambio de paradigma cultural se reanudó el sábado con la intervención de Jaron Rowan (el viernes las jornadas terminaron al paso de la de La Dolorosa –la virgen trasladada para la procesión de Semana Santa hasta la catedral— frente a la puerta de Katakrak, una imagen que a muchos resultó elocuente y definitoria de lo que es Iruñea y de ciertos aspectos de la cultura; el propio Eraso destacó la paradoja de que quienes reivindican una cultura libre y pública lo estén haciendo desde una iniciativa, aunque social y política, privada, como Katakrak, y la calle sea ocupada por una expresión de algo que debería ser privado como es la religión). Jaron Rowan, por su parte, destacó la importancia de enfrentarse a la idea o el nuevo paradigma que se intenta imponer de la innovación social (es decir: la cultura es válida cuando consigue solucionarle problemas a la administración) y establecer un pensamiento crítico y político, una cultura que en lugar de funcionar como parche para las instituciones le resulte problemática, le plantee preguntas… Defendió también la idea de un procomún con contenido político y que no sirva para sustituir o mermar lo público. En ese sentido, dijo que si el procomún sin política no vale, el procomún sin pensamiento estético es política ficción. Jaron Rowan también dedicó parte de su intervención a analizar y subrayar las deficiencias y carencias del fallido y ruinoso Plan estratégico de Cultura local.

La desoladora situación de la cultura en Nafarroa

A continuación, se debatió sobre la situación cultural en Navarra. El artista, docente y activista socio-cultural Iñaki Arzoz subrayó la situación de total precariedad, el fiasco de los planes culturales de Navarra, etc. y la necesidad de un espacio público autogestionado con el que hacer frente a ese panorama catastrófico. El escritor Ignazio Aiestaran, además de señalar la existencia de una “cultura” navarra sin navarros, una cultura de negación y marginación de algunos aspectos propios, y de rechazar una cultura acomodaticia y dócil, reivindicó y propuso recuperar y recoger el legado anterior de culturas prekarias e insumisas: antimilitarismo, euskara, okupazión, radios libres, memoria histórica, etc. Edurne Mezquíriz, gestora cultural del Teatro Gayarre, recalcó la falta de un trabajo en común en lo referido a la actividad cultural y María Castejón, especialista en representación, género y medios de comunicación, subrayó la necesidad de una mirada amplia y necesaria desde la perspectiva de género, que considera que ha sido desoladora.

Otras experiencias de laboratorios culturales

Las jornadas, como ya se ha dicho, tenían como objetivo conseguir y autogestionar un espacio cultural alternativo, libre y abierto en Iruñea. Sin embargo, durante procesos como este, o en el funcionamiento de cualquier colectivo hay trabajos soterrados (el mantenimiento de los espacios, su limpieza, etc.) a los que en ocasiones no se da el valor que merecen. Javier Rodrigo, coordinador del proyecto pedagógico-cultural Transductores, habló de ello en el tercer bloque de las jornadas. Señaló que en la construcción de espacios es necesario respetar los ritmos de colectivo y personas, y reivindicó la importancia en los procesos culturales no solo de lo productivo (la creación, la movilización…) sino también de los reproductivo (el cuidado de los espacios, su mantenimiento). Por último, por la tarde, tras una comida, cómo no, autogestionada, fue el turno de experiencias colectivas ya en funcionamiento, tanto en Iruñea (intervinieron gente de Punto Gunea, Dormitaleria 54, El vértigo de la trapecista, Jazar, Vesarte o Eguzki Bideoak) como en otros lugares: Álvaro Alonso de Armiño habló sobre el Espacio Tangente de Burgos, Leire López Ziluaga sobre el espacio Astra de Gernika y Lucía Lois sobre el Patio Maravillas de Madrid.

Las jornadas finalizaron el domingo con una asamblea en la que se pusieron en común las diferentes aportaciones, se comenzó “a volver la cultura del revés y sacudir la alfombra, a generar procesos y a trabajar por una construcción social de la cultura” (de hecho, a lo largo de la soleada mañana, la asamblea, en círculo se fue abriendo y creciendo); y al término de la misma se peregrinó, bajo la advocación de Santa Prekaria, la santa pagana que se ha convertido en la guía de las jornadas, hasta alguno de los lugares públicos que permanecen vacíos en Pamplona y que bien podrían convertirse en ese espacio cultural, ese laboratorio para nuevas formas de ejercer la cultura y la ciudadanía, como el antiguo conservatorio Joaquín Maya en la calle Mayor, o el Palacio del Marqués de Rozalejo en Navarrería, donde sorpresivamente hizo acto de presencia otro icono precario, un personaje ideado por Cultura Prekaria e inspirado en la película El Gabinete del Doctor Caligari: Cesare Prekario, a quien un mago despertó de sus largos y oscuros años de sonambulismo cultural en Navarra.

miércoles, 19 de marzo de 2014

EN EL TALLER LITERARIO DE CULTURA PREKARIA


Foto
Diario de Noticias
Foto: Ayer en Diario de Navarra, un artículo sobre los talleres que junto Pedro Osés y Clemente Bernad daremos para ir preparando las jornadas del grupo Cultura PreKaria
Diario de Navarra

POR UN PUÑADO DE PIPAS


Colaboración para blogsanfermin.com 


Los reventas nos entraron donde el Moreno, el que echaba al  arrebuche los viernes caramelicos o premiaba con un una pasta marrón con azúcar glas al primero que diera una vuelta corriendo a la Plaza de Toros (el Moreno era un adelantado del marketing; a la del otro kiosko, la de enfrente de los Escolapios, a la que llamábamos la bulldog, no le comprábamos nunca —o casi nunca—, aunque nos pillara más cerca del colegio).
—Eh, chavales, si os ponéis en esa fila —señalaron la taquilla de la plaza los reventas— os damos veinte duros y os compramos una bolsa de pipas de las grandes, para que os entretengáis mientras esperáis.
Y antes de contestar ya nos estaban agarrando del brazo, con las manos sudadas y las uñas negras por la tinta de las entradas y la roña de los billetes,  y llevándonos a la cola.
—El dinero luego, las pipas aquí las tenéis —dijeron.
Y allá nos pusimos a esperar a que abrieran las taquillas, pelando pipas, clic, clac, y cada una sonaba como algo que se quebraba por dentro de nuestros cuerpos. Acojonaditos, estábamos. Sin atrevernos a mover un solo músculo (que no fuera el de cascar pipas).  Después ya apareció el borracho aquel, y empezó a decir tonterías, y más tarde el antitaurino, con sus carteles cutres y su voz de trueno enfermo, y el borracho se solidarizó con él: “Las plazas de toros hay que reconvertirlas”, decía, “concursos, concursos de polvo sobre la arena, habría que hacer”, y las familias enteras de gitanos que también guardaban cola junto a nosotros se retorcían de risa en sus sillas de camping oyéndole e imaginándose a unos cuantos payos blancuchos con el culo al aire, y así nosotros poco a poco nos íbamos relajando y sacudiéndonos el miedo.
Después se fueron los dos, el borracho y el antitaurino, y los gitanos se echaron una siesta, y a nosotros se nos acabaron las pipas y decidimos abandonar nuestro primer trabajo, porque pensándolo bien no había derecho, ahí, sin contrato ni nada.
Al día siguiente, quedamos como siempre donde la estatua de Hemingway. Y como siempre mis amigos llegaron tarde. En realidad, no sé ni si llegaron, porque mientras estaba esperándoles, de repente vi venir pisando muy fuerte y con el ceño convertido en una grapa a uno de los reventas que la tarde anterior nos habían comprado las pipas. Salí pitando. Yo nunca había ganado una de aquellas carreras que organizaba el Moreno, pero estoy seguro de que ese día di la vuelta a la Plaza de toros más rápido que nadie nunca.
Durante todos aquellos sanfermines no pude quitarme del brazo el olor a tabaco negro y a billetes que pasaban de mano en mano. Y durante varias semanas, por mucho marketing que hiciera el Moreno, la bulldog ganó un nuevo cliente.

Patxi Irurzun

  

SORTEO POLÍTICO (RUBIO DE BOTE)


Y ahora vamos a proceder al sorteo. ¡Silencio, por favor! Vamos a ver, aquí está la primera bolita. Mariano Rajoy. Este mes al señor presidente le ha tocado ser zapatero. Por favor, señorías. No me hagan chistes. Zapatero con minúscula. A ver la siguiente bolita. La ministra de empleo.  Anda, qué casualidad, a ella le ha tocado parada. ¡Señora Fabra! ¡Como vuelva a escucharle otro “¡Que se joda!”, la expulso de la sala! Pues eso, la ministra de empleo, parada. Y sin subsidio. No, no ha habido pucherazo, señora Báñez, lo que pasa es que para parado hay muchos boletos. El 26%, concretamente. Sigamos. El señor Wert, a limpiar los baños portátiles del Viña Rock. ¡Orden, orden! ¡Compórtense como adultos responsables, señorías!...
¿Se lo imaginan? Sí, es cierto, imaginarlo sí, pero poco más. La oligarquía política no pisa el mismo suelo que el resto de los mortales, no viaja nunca en metro ni en autobús, no sabe nada sobre aquellos a quienes desgobierna… Y no parece que eso vaya a cambiar (excepto durante las campañas electorales y si hay algún fotógrafo cerca). Por ello,  resulta mucho más sencillo plantear la situación al revés: un sorteo que convierta en gobernantes a ciudadanos corrientes. De hecho, no se trata ya solo de imaginarlo, sino que hay antecedentes y plataformas que promueven el sorteo político como alternativa o complemento a un sistema democrático en quiebra. Por ejemplo, www.sorteopolitico.wordpress.com —con un grupo de trabajo en Bilbao— o el Partido del azar. No, no es una broma. Una broma es hablar de democracia representativa cuando los partidos incumplen sistemáticamente sus programas, cuando la abstención es una de las opciones mayoritarias o cuando existe la convicción generalizada de que no se gobierna pensando en  los ciudadanos de a pie sino en los de jet privado: los banqueros, las grandes multinacionales, la industria de la muerte…
“Pues a mí si me toca la china no quiero saber nada”, dice mi amigo Juantxo el jipi cuando se lo cuento. “No pasa nada. Se puede objetar”. “¿Y si los que salen son unos desgarramantas?”, sigue objetando. Le explico entonces que se formaría a los elegidos, que el cargo de estos duraría poco para evitar la corrupción, le hablo de los jurados populares, y de que si hay millones de personas capacitadas para ser seleccionadores nacionales o tuitertulianos por qué no las va a haber para ser políticos, pero lo que acaba de convencerle es cuando remato: “Peor que los que están ahora no lo iban a hacer”.

El sorteo político en realidad no es nada nuevo: en la antigua Grecia funcionó durante 200 años (parcialmente y con los parámetros de la época: a un esclavo, incluso a una mujer libre ateniense la democracia se la sudaba olímpicamente —y viceversa—). Además,  hay diferentes opciones. Un sistema mixto, por ejemplo, con candidatos elegidos en las urnas y una asamblea de ciudadanos (que llenara el hueco abstencionista). “No sé, igual es un desastre, pero igual no. Se trata de probar, y de tener un plan B para cuando esto pete. Porque va a petar”, pronostico, acariciando mi barbilla como si fuera una bola de cristal. Después, me pongo las gafas al revés y veo al rey de España fregando suelos, y a un general fabricando tartas de nata, y a un arzobispo de gogó... 

Patxi Irurzun para ON 
Página 14

En GARA sobre El Cabrero y la novela sobre él de Edu Izquierdo


http://www.naiz.info/eu/hemeroteca/gara/editions/gara_2014-03-16-06-00/hemeroteca_articles/el-cabrero-el-cantaor-de-quienes-no-tienen-mas-que-sus-manos-y-su-imaginacion

 EL CABRERO, EL CANTAOR DE QUIENES NO TIENEN MÁS QUE SUS MANOS Y SU IMAGINACIÓN
Eduardo Izquierdo recrea en “Debo ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome” la vida del desobediente cantaor de flamenco  

Se lo contó Kiko Veneno a Eduardo Izquierdo, el autor de “Debo ser muy buena presa cuando hay tantas escopetas apuntándome” (Lupercalia Ediciones)  durante una entrevista que este le realizaba para la revista musical Ruta 66: “Cuando llegó mi productor Joe Dworniak a Sevilla fui a buscarlo al aeropuerto y me dijo ‘Ahí hay un tío con un sombrero del oeste que estaba fumándose un cigarro y ¿sabes dónde lo ha apagado antes del embarque porque no tenía otro sitio? En la mano’. ‘Coño, ese es El Cabrero’, le contestó Kiko Veneno”. Ese es El Cabrero. Un cantaor con aspecto de Harry el Sucio (ropa negra, pañuelo rojo al cuello, sombrero de ala ancha),  un hijo de la sierra al que en los concursos de flamenco los señoritos no le perdonaban que tuviera las botas sucias de andar por las veredas, ni que se cagara en dios sobre los escenarios (de hecho, estuvo preso en 1982 por ello, o eso alegan); alguien que pudo haber sido tan grande como Camarón, pero al que el éxito le resulta incómodo, y viceversa, pues El Cabrero es desobediente como el viento de poniente, la oveja negra que se aparta del rebaño porque no se fía del amo ni del pastor; alguien a quien una de las revista de música más famosas del mundo busca para hacer una entrevista, pero él la declina, porque tiene que ayudar en el parto de una de sus cabras.
De eso va “Debo de ser buena presa cuando hay tantas escopetas apuntándome”, la biografía de ficción o novela biográfica en la que Eduardo Izquierdo ha mezclado episodios reales y conocidos de la vida de El Cabrero (que lo es realmente) con otros reconstruidos a partir de su leyenda popular. “Mi interés por El Cabrero me lo despierta mi abuelo, que es de Huelva y de hecho vive allí. Él me ponía sus discos y me contaba algunas historias que, al final y llenas de imaginación se han convertido en este libro”.
En la novela, un periodista musical de la edición americana de Rolling Stone se propone realizar un reportaje sobre El Cabrero, en quien ve la reencarnación de otro hombre de negro, Jhonny Cash.  “Yo es que creo que El Cabrero es un rockero en esencia y actitud. No un rockero de pose, sino de los de verdad. Por eso lo veo cercano a Johnny Cash. Es todo actitud y firmeza ante sus principios”, explica Izquierdo. Sin embargo, el  protagonista se encuentra con la oposición y la ignorancia de sus jefes de redacción, y de paso, en la novela se da buena cuenta de las miserias y grandezas del periodismo musical, que el autor conoce de primera mano. Paralelamente, vamos asistiendo a diversas secuencias en la vida de José Domínguez, El Cabrero (su niñez, sus detenciones, sus caminatas por el monte o a pie por carretera para ir a ver a los maestros del flamenco…) que nos perfilan la imagen de un hombre que, además de cantar como los ángeles, y también como los ángeles caídos, y de hacerlo cantando siempre a los de abajo y a la izquierda, a los campesinos, a quienes no tienen otra cosa que sus manos y su imaginación, transpira por cada poro de su piel autenticidad, valor, inteligencia en estado puro, libertad… El libro tiene algo de puzle, es fragmentario, pero Izquierdo es claro desde la primera página, reconoce las ‘debilidades’ de la novela en el primer prólogo o salía:  “Quise que cada capítulo estuviera escrito con un estilo diferente a los demás. Es evidente, además, que no sé de flamenco, pero es que muy poca gente sabe de ello. Intenté informarme un poco pero al final es que la esencia de la novela no es ese estilo de música, sino el personaje”. En realidad Izquierdo sabe más de flamenco de lo que dice y los puntos flacos del libro son los que lo hacen fuerte, los que engordan esa personalidad juguetona y revoltosa de El Cabrero. La misma que quizás le ha privado de ser una estrella mediática: “Creo que los rebeldes están muy bien como teoría, pero si lo son de verdad empiezan a tocar las narices a mucha gente que no comulga con ellos. Cuando pasan de ser una simple broma a ser “peligrosos” ya no hacen tanta gracia y aparecen las protecciones en forma de vetos, malos artículos en prensa, desprecios, etc.” dice Eduardo Izquierdo. “El Cabrero ha sido demasiado juzgado y casi siempre por cosas no musicales. Eso, sin duda, le ha perjudicado mucho, aunque creo que él es feliz con lo que tiene. Desde luego hacer lo que ha hecho y como lo ha hecho debe provocar que al mirarte cada mañana al espejo te sientas muy satisfecho de ti mismo”. A El Cabrero, pues, no lo detuvieron por cagarse en Dios, ni le privaron de premios por llevar las botas sucias, o sí, lo hicieron por no cantar, únicamente, sino por también quejarse, por revolverse, por poner voz a los que las botas limpias pisan la garganta. La luz que alumbra a El Cabrero no es la de los focos, sino la de las estrellas en la sierra. Y curiosamente, la novela de Eduardo Izquierdo corrió una suerte parecida a la del malogrado reportaje del protagonista de la misma: “Te contaré algo que acaba de definir como es El Cabrero. ¿Tú qué harías si alguien te enviara un libro basado en tu persona? Creo que el 99% de las personas correría a leerlo. Él no lo hizo. Cuando le llegó el libro, Elena, su pareja, me iba diciendo que tenía que esperar. Yo no entendía muy bien por qué hasta que un día me dijo: ‘Es que José cada día sale con las cabras y vuelve muy tarde, pero mañana parece que va a llover y no creo que salga, así que será un buen momento para leérselo’ (porque el libro, por otra parte no lo ha leído él, se lo ha leído Elena, que es casi más bonito). Ese es El Cabrero. Alguien con unos principios inquebrantables”

Patxi Irurzun


Entrevista con Bruno Le Dantec en GARA, sobre "Partir para contar"



http://www.naiz.info/es/hemeroteca/gara/editions/gara_2014-03-02-06-00/hemeroteca_articles/la-prohibicion-en-fronteras-como-la-de-ceuta-conviene-a-mucha-gente

“La prohibición en fronteras como la de Ceuta conviene a mucha gente: a las mafias, pero también a los estados que trapichean y regatean acuerdos económicos”

Bruno Le Dantec, autor junto con Mahmud Traoré de “Partir para contar”

Patxi Irurzun, Iruñea

El 29 de septiembre de 2005 cientos de migrantes africanos participaron en un asalto a la valla de Ceuta que se saldaría con la muerte de, al menos 5 de ellos, abatidos por los disparos de las policías fronterizas entre España y Marruecos. Una situación que lamentablemente se repite cada cierto tiempo, la última hace unos solos días. El senegalés Mahmud Traoré recorrió a lo largo de tres años de viaje diferentes países, desiertos, montañas, para llegar a Ceuta e intentar el salto a Europa. “Partir para contar” narra esta moderna odisea en la que Mahmud tuvo que sufrir los abusos y mordidas de las diferentes policías, enfrentarse a las mafias que controlan el tráfico de personas y hacen negocio a expensas de los más pobres entre los pobres, ver morir por el camino a muchos compañeros… Mahmud formó parte de una sociedad subterránea y nómada, que se organiza en las diferentes ciudades de paso, con sus campamentos, sus propias casas de acogida, sus propias leyes, parlamentos, chairmans o jefes, a los que también tuvo que enfrentarse y desafiar. Todo ello, y las precarias condiciones de vida en los centros de internamiento o la explotación laboral una vez ya en el estado español, lo contó durante 30 horas de grabación al periodista francés Bruno Le Dantec, con quien charlamos, en este libro que se publica el próximo 5 de marzo y que ha sido definido como un encuentro y homenaje de la lengua escrita a la oralidad y que es sobre todo un testimonio de primera mano, despojado de compasión y estigmatización, de la peripecia vital de miles de jóvenes africanos a los que se ha arrebatado la voz, el nombre y demasiado a menudo la vida, sacrificados como piezas de un ajedrez político e inhumano.


-‘Partir para contar’ se publica en un momento especialmente caliente, con más muertos en Ceuta, comparecencias del ministro del interior, titulares alarmantes a diario en los medios... ¿Qué siente al ver que nada ha cambiado desde el momento en que Mahmud saltó la valla, en 2005?

No diría que nada ha cambiado. La situación en la frontera más bien ha empeorado. 15 migrantes ahogados a escasos metros de la orilla, todo esto por impedirles a tiros que alcanzaran la playa, es de vergüenza. Sobre todo después de que no se dudara en devolver ilegalmente los supervivientes exhaustos a Marruecos por una puerta en la valla. ¿Para qué entonces dejarlos ahogarse? ¿Fue un escarmiento? ¿Fue para aterrorizar a los demás? Como dice Eduardo Romero, no ha sido un accidente, es más bien la triste normalidad en la gestión actual de la frontera, en la guerra de baja intensidad que lleva Europa contra los migrantes. Y la condena por Bruselas del uso de pelotas de goma por la guardia civil suena a pura hipocresía: la agencia europea Frontex comete barbaridades cuando interviene en aguas internacionales o en el río Evros, entre Turquía y Grecia. Y la pregunta me recuerda que un editor francés no quiso publicar el libro nuestro porque los acontecimientos de Ceuta del 2005 ya no eran, según él, « de actualidad » pues las rutas clandestinas se habían desplazado hacia Lampedusa, Grecia… Le dije que se equivocaba, que, tarde o temprano, esta ruta se iba a reactivar.

-Por cierto, ¿no deberían ser algunos de los migrantes quienes declararan en esas comparecencias políticas, cuando se trata de contar qué ha sucedido? ¿Por qué se invisibiliza a los principales protagonistas de esta situación?

Porque el migrante sin papeles sufre un desprecio sistemático, fruto de un proceso de deshumanización vivido a lo largo del recorrido que lo lleva hacia « el primer mundo », y que al final del camino hace de él el trabajador ideal con que sueña el capitalismo: invisible, sin derechos, paralizado por el miedo a ser expulsado… Mahmud y yo firmamos conjuntamente el libro para, a nuestro nivel, salir de esta lógica del despojo. Para mí, era impensable robarle su historia. Y sin embargo es lo que se ha hecho hasta la fecha: los testimonios de clandestinos casi siempre han sido truncados, utilizados a cachos para ilustrar el discurso de un europeo que sea periodista, novelista o universitario…

-En relación con lo anterior, si se pone el foco sobre los migrantes casi siempre es solo para mostrarlos como una amenaza. ¿Qué le parece que, por ejemplo, se diga que 30.000 subsaharianos preparan el salto a Europa? 

Sí, llama la atención esta noticia en primera plana pocos días después del drama de Ceuta. Parece que Interior saca estas cifras (obviamente exageradas) para provocar zozobra en la opinión pública blandiendo la amenaza de una invasión, y de camino, justificar la violencia ejercida contra unas docenas de individuos desamparados.

-En cuanto al libro, ¿por qué se interesaste usted por la historia y cómo conoció a Mahmud?

Entre Mahmud y yo, primero hay una amistad. Resulta que vive en el mismo barrio sevillano donde yo estuve viviendo durante diez años. Me contó su historia y me pareció importante darla a conocer. Escribí un par de artículos pero quedaba corto: ¿Cómo abarcar tres años de aventuras y desventuras a través del Sahel, el Sahara, Libia y el Magreb en dos páginas? Mahmud quería dar testimonio, para la gente de aquí y para los jóvenes africanos que sueñan con lanzarse a la aventura. Tuvimos un pacto: yo confiaba en su palabra y él confiaba en mí para traducirla por escrito. Lo que no impidió por supuesto una exigencia de veracidad,  una labor de documentación (llevada a cabo con la ayuda de Sonia Retamero, que fue la que estuvo grabando el relato de Mahmud) y una comunicación permanente entre él y yo. Y lo que me ha motivado fue el hecho de haber sido yo también un viajero. En algunas ocasiones, conocí el peligro, la precariedad o incluso la expulsión. Pero la diferencia entre Mahmud y yo es que no hemos nacido del mismo lado del mundo: como occidental, siempre tuve un pasaporte que presentar al pasar una frontera.

-Es curioso el relato del protagonista, porque es muy descriptivo, muy profuso en detalles,  pero elude el aspecto sentimental, hablar de emociones... ¿Por qué crees que es así?

¡Porque Mahmud es así! Su pudor le impide dramatizar demasiado. No se pinta nunca ni como víctima, ni como héroe. Y tuvimos que insistir a veces para que nos contara los detalles de los momentos más dolorosos, o de sus relaciones con las mujeres, por ejemplo… Podría haber utilizado más recursos literarios para provocar emociones en el lector, para alentar su empatía con el protagonista del relato, pero se trataba de respetar la historia real, y la forma de ser de su protagonista. Creo que al final esta sobriedad da fuerza al testimonio. No olvidemos que, aunque se pueda devorar como una novela, este libro es un documento fidedigno, que cuenta una verdadera odisea moderna vivida por miles de migrantes.

-En ocasiones el libro recuerda a otras reelaboraciones de literatura oral, por ejemplo Paul Bowles con Mohamed Mrabet ¿Cómo ha trabajado usted la historia de Mahmud, que hay de él y qué suyo?

Ni he querido apoderarme de la historia de Mahmud, ni tampoco iba a desaparecer detrás de él. Se trataba de no obviar los méritos de cada uno. Lo nuestro es una libre asociación.  La sencillez del estilo puede resultar engañosa: me costó meses de trabajo conseguirla. Permanecer demasiado apegado al lenguaje oral no funciona, resultaba pesado, artificial. Usar las jergas y el argot no tenía sentido. Inyectar modismos africanos en demasía tampoco valía. Mi trabajo fue, sin limar asperezas ni novelar nada, darle un sabor al relato que respetara lo más posible las palabras de Mahmud. Para conseguirlo, busqué algo de inspiración en novelas del África francófona, pero sobre todo, pasé muchas horas charlando y conviviendo con amigos africanos en los bares de Marsella.  Al final, creo haberlo conseguido: en Francia, un crítico se refirió a nuestro libro como un encuentro y un homenaje de la lengua escrita a la oralidad.

-Uno de los aspectos en los que incide el libro es que los movimientos migratorios, las fronteras se convierten en un negocio para los países, o a otros niveles para los traficantes de hombres... ¿Hay manera de parar ese negocio?

Al Capone y el clan Kennedy se hicieron de oro con la prohibición del alcohol en Estados Unidos. La prohibición fronteriza conviene a mucha gente: a las mafias, pero también a los estados que trapichean y regatean acuerdos económicos a la vez que negocian las modalidades y el coste del control fronterizo. Y por supuesto beneficia claramente al mercado europeo: antes que fuera legalizado medio millón de sinpapeles por el gobierno Zapatero, toda esta gente había entrado a hurtadillas, atraída por un mercado laboral en pleno apogeo (España ofrecía a principios de los años 2000 el 50 % de los puestos de trabajo creados en la Unión europea). Sin embargo, muchos de estos sinpapeles habían tenido que arriesgar el pellejo para alcanzar un El Dorado que por un lado los rechaza y por otro los atrae con amplios sectores económicos (agricultura, obras públicas, hostelería, empleo doméstico…) que los explotan con salarios y condiciones laborales fuera de la ley.



Partir para contar. Un clandestino africano rumbo a a Europa
Mahmud Traoré y Bruno Le Dantec
Pepitas de Calabaza (2104). 288 páginas. 22 euros


Patxi Irurzun




EN DIARIO DE NAVARRA CON CULTURA PREKARIA



Este viernes estaré en un taller literario para ir preparando las jornadas del grupo Cultura Prekaria. Más información: http://culturaprekaria.wordpress.com

lunes, 3 de marzo de 2014

BLUES DIABÓLICO, por Patxi Irurzun (Rubio de bote)




Una nueva colaboración para el semanario ON (Grupo Noticias)
http://issuu.com/gruponoticias/docs/on010314 (Página 7)


BLUES DIABÓLICO

Hace unos días me poseyó el diablo, oh, sí. Hacía tiempo que no me pasaba. Aunque vea todos los días los telediarios. Fue durante una actuación de Petti & Xabi, los de las camisas con chorreras y las guitarras endemoniadas. La sala, sin embargo, no era un infierno, oh, no. Al menos no al principio. La sala estaba fría como el cuchillo que cortaba las caras a los que salían a fumar. Había más gente fuera que dentro, echando humo, y todavía mucha más echando gin-tonics en las terrazas de la plaza, bajo los hongos caloríficos, y todavía mucha más viendo el fútbol o los programas del corazón frente a las teles de plasma de sus casas… Oh, Luzbel maitia, ¿qué demonios está pasando? Hace unos años un concierto era sagrado. Nuestra misa negra cada fin de semana. Que ardieran en las llamas del infierno catódico todas las noticias sobre el fin del mundo y todos los partidos del siglo que se jugaban cada fin de semana y todos los sillones que engullían carne humana frente a los televisores. Para nosotros, que no creíamos en nada, el punk-rock era una religión. Llenábamos los pabellones y los bares en los que pinchaban discos y las tiendas en las que vendían cintas de casete vírgenes. Un concierto era sagrado, oh, sí, y ahora ya veis, hermanos, solo quedamos cuatro pobres diablos y nos reunimos en catacumbas, como aquella sala de conciertos e incluso allí la mitad de ellos dudaba de su fe y se alumbraba con el fuego brillante de sus móviles en la oscuridad. Pero de repente, entre las tinieblas, aparecieron ellos, Xabi & Petti y sus guitarras endemoniadas y sus camisas con chorreras. Petti, el negro blanco del delta del Bidasoa & Xabi, el señor No, el león blanco del punk. Ellos, rascando con sus púas los calderos de Satán. Ellos, mordiéndonos como lobos hambrientos los corazones, escupiéndolos entre las zarzas de sus voces, haciéndonos gritar de dolor. Ellos haciéndonos amar ese dolor.
¡Oh, Suzie, Q!, aullábamos el viejo blues, y nuestros alientos llenaban de azufre la sala y esta ya no era fría ni desangelada, oh, no, porque ahora todos éramos ángeles caídos. Mi cuerpo se estremeció. Mi chica me besó y un latigazo eléctrico de saliva dibujó el plano del infierno en el cielo de mi paladar. Un tipo se levantó y proclamó que el diablo se llamaba Juantxo y vivía en Alcobendas. Oh, Suzie Q! Los Stones, Dale Hawkins, la Credence, Petti & Xabi… Todos ellos continuaban conmigo cuando el concierto acabó, y de regreso a casa en una rotonda de cuatro salidas, vi de nuevo al diablo, ahora haciendo dedo, pero nadie paraba para venderle el alma, ni él hubiera podido comprársela, porque la mayoría carecían de ella. De comprarles algo habría sido un disco o les habría regalado una entrada para un concierto, “que si no a este paso vais a matar de hambre a los artistas, desgraciaos, porque para gintonics bien que os llega”, les susurraba el demonio a los conductores (y también si iban en dirección Alcobendas), y a lo lejos, en las ventanas de las casas asomaban las llamas del infierno, el auténtico infierno, el reflejo de los televisores, y los jorgejavieres reían como hienas y Ronaldo cagaba duro –decía el telediario-, oh, sí, y los sillones seguían masticando carne humana, oh, no, y así todo el rato.



viernes, 28 de febrero de 2014

ENTREVISTA A EDUARDO IZQUIERDO EN EGUZKI IRRATIA



En Eguzki Irratia entrevistando a Eduardo Izquierdo a propósito de su libro sobre El Cabrero, 'Debo ser muy buena presa cuando tengo tantas escopetas apuntándome, y hablando de "Partir para contar" (Mahmud Traoré y Bruno Le Dantec), el libro-testimonio sobre la peripecia de un migrante africano; y de "Estoy desnudo", los desopilantes cuentos de Yasutaka Tsutsui. A partir del minuto 22

http://www.eguzki.net/2014/02/28/pasealeku-del-viernes-28-02-2014/

ENTREVISTA A LES LUTHIERS



LES LUTHIERS PASAN CONSULTA
“Nunca nos ha resultado sencillo eso de hacer humor”.
Carlos López Puccio (Les Luthiers)


Llevan más de 45 años sobre los escenarios, por suerte para quienes estamos abajo, que necesitamos más que nunca reírnos. Les Luthiers, el quinteto argentino, son especialistas en humor brillante, contorsionistas de la palabra, tañedores de exorcítaras o bolarmonios, músicos reciclantes, capaces de transformar una rumba en una lección de filosofía… Vuelven a Euskalherria con su último espectáculo, Lutherapia, en el que convierten las butacas de los teatros en sillones de psicoanalista y nos proporcionan una cura de risa a través de diez piezas musicales hiladas por la presencia subconsciente de su más famoso personaje, el maestro Johann Sebastian Mastropiero. Hablamos con uno de los cinco doctores-luthiers, el humorista y director de orquesta y coros, Carlos López Puccio.

Patxi Irurzun. Iruñea


-45 años de creatividad, música, ironía… ¿El humor no caduca, no se agota nunca la imaginación?

Para dar una respuesta definitiva sería necesario completar las pruebas científicas, hasta ahora creemos haber demostrado que el humor no se agota en 45 años. Seguiremos investigando mientras podamos.

-¿Y qué es más gratificante para vosotros, el proceso creativo, hacer todos esos malabares con el lenguaje y con la música hasta dar con la pirueta perfecta o ejecutarla sobre el escenario y escuchar las carcajadas del público?

Ambas cosas, porque son dos instancias del mismo proceso. No se puede estar seguros de haber inventado la pirueta perfecta si las carcajadas del público no corroboran esa perfección. Muchas veces sucede, uno cree que su malabar es impecable y el público —con su silencio— demuestra lo contrario.

-En Lutherapia, a diferencia de otros, hay un hilo conductor entre las diferentes piezas ¿Os atreveríais a decir que es vuestra obra más redonda?

En el grupo goza de amplia mayoría para el puesto de favorita. Algunos creemos que es la más redonda, otros que es la más rectangular. Hay quien afirma que es la más pentagonal, pero no explica por qué (tal vez porque somos cinco)

—¿Qué vamos a encontrarnos los que vayamos a psicoanalizarnos en esta Lutherapia y en qué va mejorar nuestra salud mental?


Dos horas de diversión franca e inteligente es algo, si no terapéutico, por lo menos balsámico.

A Ramírez, ese hilo conductor, la tesis sobre Maestropiero y su descomunal obra lo está volviendo loco. ¿A vosotros os pasa lo mismo, es imposible despegaros de vuestro personaje? ¿Estáis somatizando esta posesión a través de Ramírez?

Nada de eso, a Mastropiero y a su obra le debemos muchos años de buen vivir, de trabajo fecundo y de enormes alegrías. Sólo tenemos agradecimiento para con su infinita torpeza.

-¿Aconsejaríais incluir en los planes de estudio como asignatura obligatoria el humor? Y por la misma regla de tres, ¿habría que aprender epistemología mientras se baila rumba?

Si esa asignatura existiera a nosotros nos gustaría mucho poder cursarla. Y la recomendaríamos; nunca nos ha resultado sencillo eso de hacer humor. En cuanto a la Epistemología, es altamente aconsejable saber todo sobre ella y practicarla aún cuando no se baila la rumba. Sirve para entender mejor la vida. Y hasta para crearla.

-En Lutherapia nos encontramos con nuevos instrumentos, como la Exorcítara. ¿Es duro ser luthier en la época de la obsolescencia programada?

Por el contrario, las nuevas corrientes del reciclaje nos han aportado mucho material útil.

-Volvéis al País Vasco, donde sois muy apreciados. ¿Tenéis algún recuerdo especial?

Muchos y entrañables. Tal vez el más fuerte, después de la belleza de sus ciudades, sea la cocina. Desde los pinchos a los grandes cocineros. Confieso que ya he hecho algunas reservas en esos templos del buen comer.

-Para acabar: con uno de nuestros instrumentos tradicionales, la txalaparta, algunos músicos han experimentado, sustituyendo las tablas de madera por bloques de hielo… ¿Se os ocurre, como luthiers que sois, alguna aportación a la música vasca (por ejemplo, un pand-eros que al tocarlo hiciera enamorarse perdidamente a quien lo escuchara…)?

La txalaparta con bloques de hielo no me agrada: es un instrumento efímero, sobre todo en verano. En cuanto al pand-eros, más que inventarlo me gustaría que me permitieran tocarlo un rato ante las audiencias femeninas.

***

LUTHERAPIA, EL DIVÁN DE LA RISA

Consideran que es su espectáculo más redondo (o más pentagonal). En Lutherapia hay cebras cuadriculadas, orgías ratunas (ratificado, cada vez hay más ratas), tarareos conceptuales, blues interpretados con pelotas de plástico… Diez piezas musicales hiladas por una sesión de psicoanálisis, en las que el paciente Ramírez (Daniel Rabinovich) intenta sobreponerse a la ansiedad que le provoca la tesis que debe escribir sobre Johann Sebastian Mastropiero, el legendario personaje creado por Les Luthiers, de vasta obra y vida basta. A lo largo de la terapia, conducida por Carlos Mundstock, la conversación irá derivando de forma rocambolesca, dando pie a introducir los diferentes números: operetas, rock, arias…, en los que el virtuosismo musical de los argentinos compite con la genialidad, la ironía y el instrumento mejor afinado de su repertorio, la carcajada que siempre saben despertar en el público. Les Luthiers retuercen las palabras de forma inverosímil, sus textos son pura música y sus piezas musicales rezuman literatura. En Lutherapia, el espectáculo con el cumplen media vida (larga) sobre los escenarios, ejercen además de nuevo de luthiers, en su sentido literal, y a sus tapas de retretes transformadas en liras (el lidorodo) y demás y sorprendentes instrumentos, suman otros nuevos como el bolarmonio, 18 pelotas naranjas convertidas en órgano, o la exorcítara, un arpa electrónica compuesta por coloridos tubos de neón.

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LES LUTHIERS, REFERENTE DEL HUMOR INTELIGENTE

Ocho millones de personas han visto al grupo desde que se fundó en 1967, tras una actuación en un concurso de coros universitarios en la ciudad de Tucumán, en la que Les Luthiers ya esbozaban los rasgos (el humor, los instrumentos artesanales, el virtuosismo musical…) de la que iba ser una larga carrera que ha creado escuela y les ha convertido en un referente del humor inteligente. De esos ocho millones, por supuesto, muchos de ellos han repetido, han visto al grupo en más de una ocasión, porque allá por donde pasan llenan teatros y dejan seguidores fieles. Hay una decena de libros, videos, discos grabados, y numerosas páginas en internet dedicadas a ellos (por citar solo dos: una bastante completa, www.lesluthiers.org; y la oficial, www.lesluthiers.com) e incluso a sus personajes, como Johann Sebastian Mastropiero, su personaje recurrente, un músico de vida azarosa y obra inabarcable (incluyendo plagios). Les Luthiers (Jorge Maronna, Carlos Nuñez, Carlos López Puccio, David Rabinovich y Marcos Mundstock componen el elenco actual) han compuesto, ellos sin recurrir al plagio, más de 170 piezas repartidas en 33 espectáculos diferentes y han recibido numerosos premios, como un Grammy latino a la excelencia musical. Actuarán en el Euskalduna de Bilbao los días 1, 2 y 3 de marzo, en el Kursaal de Donostia el 6, 7 y 8 de marzo, y en el Baluarte de Iruñea el 18, 19, 20 y 21 de marzo. Quien no pueda ir, quizás les pueda ver también comiendo pintxos en los bares de los cascos viejos.




REPORTAJE SOBRE EL MONTAJE DEL MUSICAL 'LOS MISERABLES'


(
Publicado en Garahttp://www.naiz.info/eu/hemeroteca/gara/editions/gara_2014-02-21-06-00/hemeroteca_articles/la-version-teatral-de-los-miserables-llega-a-irunea-a-lo-grande)

LOS MISERABLES, A LO GRANDE
El lunes comenzó en Iruñea el espectacular montaje del musical que se estrena hoy en Baluarte.


Patxi Irurzun. Iruñea


Los Miserables, el famoso musical que se representará desde este viernes 21 hasta el sábado 1 de marzo en Pamplona, no hace honor a su título, al menos en lo que a su montaje técnico se refiere: 11 trailers, 90 toneladas de material, 37 técnicos más personal local y de apoyo hasta sumar 60 personas trabajando para que todo esté en su sitio cuando esta tarde se levante el telón en Baluarte. Los datos los proporciona Francisco Grande, jefe técnico de montaje, mientras a sus espaldas los operarios lanzan cables o tiran de poleas y podemos ver toda la tramoya amontonada: los cañones de pega, las piedras de cartón piedra, la fachada desmantelada del Café Musain, en el que en la obra de Víctor Hugo se reunían los estudiantes para conspirar…

Llevan trabajando desde el lunes, cuatro días con sus noches, para que todo esté en su sitio exactamente igual que en el resto de auditorios y teatros donde se representa este musical, el musical por excelencia, que está en cartelera ininterrumpidamente desde hace 28 años y que llega a nosotros (primero en Iruñea y más adelante en Donostia, en junio, y en Bilbao en diciembre) de la mano de Stage Entertainement, en un espectáculo que intenta ser lo más fiel posible a la producción original de Cameron Mackintosh. “Es un montaje complicado, con mucha infraestructura y que requiere mucha sutileza. Los Miserables se representa tal y como es, siempre igual en todas las plazas. No adaptamos la representación a cada espacio, sino al revés, el espacio a ella, lo cual requiere mucho trabajo, visitas técnicas previas…”, dice Grande. Montajes y desmontajes, de hecho, se solapan en las diferentes ciudades en las que Los Miserables desembarca como otra pequeña ciudad rodante, poblada por las decenas de actores, músicos, técnicos … que recrean las calles del agitado París retratado por Víctor Hugo en su descomunal novela; ese París que fue definido como un vientre por Emile Zola, y que ahora, durante el montaje, también lo semeja, en este caso el vientre del auditorio, con las marañas de cables como serpientes eléctricas, las poleas tensas como nervios, los focos descolgados… Parece imposible poner todo eso en orden, digerir todas las complicaciones que exige un montaje como este, pero Grande se muestra tranquilo: “Para mí es un reto, pero también un honor, un trabajo duro y gratificante”, dice, y a continuación cuenta más detalles técnicos, como la alternancia de sistemas manuales y automatizados en los cambios de los 40 escenarios distintos, los diferentes vestuarios empleados en la obra… Toda el trabajo que queda entre bambalinas y que el público nunca ve, pero que hace posible que empiece la función.


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Víctor Hugo en Iruñea

El musical de Los Miserables ha sido visto por más de 65 millones de espectadores, representado en más de 42 ciudades, 300 ciudades… “Es una historia atemporal, cuyos valores perduran en el tiempo”, leemos en el dossier de prensa. Y también: “Un siglo después los temas tratados en la novela de Víctor Hugo aún siguen vigentes: la lucha por la libertad, el coraje, o la revolución”. Pero sería curioso saber qué opinaría sobre este espectáculo —cuyas entradas cuestan entre 40 y 69 euros— el propio Hugo, quien pasó por Pamplona en 1843, y recomendó , tal y como describe en su libro “Viaje a los Pirineos y los Alpes”, que el primer hombre con criterio que bombardeara la ciudad empezara por el edificio en obras, de trazas neoclásicas, que veía desde su habitación y “que parece un teatro” (aunque también cabe pensar que podría tratarse del Palacio de Navarra, donde hoy se encuentra la Diputación).


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Una melancólica luminosidad


Una de las partes destacadas del musical son las proyecciones de dibujos que el propio Víctor Hugo realizó. Matt Kinley, el escenógrafo de la obra, señala el aspecto visionario de Hugo como pintor y sus experimentos con diferentes medios y procesos, desde carboncillo, sepia, lápiz, tinta y hollín hasta impresiones enlazadas o papel plegado con tinta. “Esta melancólica negritud y luminosidad parecieron ser la perfecta encarnación para muchos de los personajes y líneas argumentales del espectáculo”, dice Kinley. Muchas de las proyecciones de esos dibujos se hacen fusionándolas con fotos francesas del siglo XIX, todo unido a telones pintados basados directamente en el trabajo abstracto y paisajístico del escritor francés. Una faceta, la de pintor, de Hugo, menos conocida, y que sin embargo, en opinión de Delacroix, podía haberle hecho eclipsar a la mayoría de artistas de su siglo.

lunes, 17 de febrero de 2014

EL QUEMALIBROS



Colaboración para ON. Rubio de bote, por PATXI IRURZUN


Hace unos días se murió mi tío Fructuoso. El que quemaba libros. Era un tío de mi madre, al que yo solo recuerdo haberlo visto dos o tres veces, cuando era niño. Y sin embargo, fui a su funeral, en misión diplomática: mi madre estaba de vacaciones y a mí me tocó ejercer de vicepresidente checo, ese que se dejó el micro abierto y, enterado de que tendría que viajar a las exequias de Mandela, saltó: “Joder, macho, no me apetece nada ir. Si eso está en el quinto pino”, y todos lo escuchamos con condescendencia porque hemos pensado o dicho lo mismo alguna vez en la intimidad de nuestras casas, donde, de momento, no hay micros.

Mi tío, además, Mandela no era. Una vez me quemó un libro, que yo leí en casa de mis abuelos, donde empezó a ahogárseme Robinson Crusoe y le puse pantalón largo al Pequeño Nicolás con otras lecturas menos apropiadas para mi edad como la del libro en cuestión, que se titulaba ‘Los helechos arborescentes’. No recuerdo, sin embargo, nada de la novela, a excepción de que su autor, Francisco Umbral, movía el famoso sonajero de su prosa y tintineaban algunas palabras como lefa o Durruti. El caso es que, enterado mi tío, decidió hacer un auto de fe en la huerta y quemar aquellos helechos arborescentes, los cuales se elevaron hasta el cielo en volutas de humo que escribían en el cielo el “Yo, pecador”; o al menos eso era lo que leía (aparte de los libros que quemaba para que no leyeran los demás) el meapilas de mi tío Fructuoso.

Como represalia diferida el día de su funeral llovía —un mal día para quemar libros— y yo en lugar de entrar a la iglesia me quedé en un bar que había frente a ella tomándome una caña con mi amigo Juantxo el jipi. Mejor para todos, porque a nosotros a veces en los funerales nos da por reírnos. “Ah, ¿pero encima hay que pagar?”, me dijo Juantxo en una ocasión, cuando un monaguillo salió a pasar la cesta. Y a mí me entró ese tipo de risa, la peor risa del mundo, esa risa floja, incontrolable, que te convierte en una olla a presión, con el pitorro haciendo fiufiú, hasta que no puedes más y revientas y todo se llena de una metralla insolente, aunque también a veces la onda expansiva lo que hace es contagiar las carcajadas y una vez hasta el cura (que en los funerales es como el intérprete de signos en el funeral de Mandela, pues dice cosas sobre el difunto que nadie entiende) comenzó a reírse y después sus feligreses y las risas llegaron fuera de la iglesia y se rio una señora con patillas que pasaba por allí y la suya era una risa como un virus, se iba transmitiendo a todos con quienes se cruzaba y estos la contagiaban a otros y en poco tiempo el mundo fue un lugar mejor, en el que nadie sufría ni pasaba hambre ni quemaba libros…

Vale, además de la caña Juantxo el jipi y yo nos fumamos también un porro.

Después, como se hacía tarde y nadie salía de la iglesia y llovía cada vez más fuerte, decidimos entrar a hacer de vicepresidentes checos. Fue, una vez en el templo, cuando me eché la mano al bolsillo de la chupa, en la que siempre llevo algún libro cargado por si acaso, cuando vi que el de esta vez se titulaba “Alpinismo bisexual”. Y me pareció muy apropiado para la ocasión, y creí que, muchos años después, se ejecutaba algún tipo de justicia poética contra mi tío Fructuoso. Amén.

miércoles, 12 de febrero de 2014

UNA (EXTRAÑA) ENTREVISTA CON ÁNGEL CASTO Y LOS HONESTOS, TELONEROS DE EL DROGAS




Todos los días tengo ganas de borrarme, de desaparecer, de convertirme en un fugitivo dentro de este mundo virtual, de poner la bomba que se lleve por los aires todas las espoletas desactivadas e inofensivas de los “me gustas”, todas las escupideras de los comentarios, los tuits, toda la basura servida en la bandeja de entrada… pero siempre, cada día, hay algo que brilla entre la porquería y solo por eso sigo teniendo dos vidas, y ya no sé cuál de las dos es la auténtica, de cuál estoy huyendo, ni que es verdad ni qué mentira.

Cuento todo esto porque hoy, en el correo de este blog, he recibido uno de esos mensajes luminosos, extraños, que me ha dejado desconcertado, como caído de un caballo. Lo firma un tal Amado Rey, que se define como “periodista y cristiano”, y que me remite una entrevista con Ángel Casto y Los honestos, el grupo que teloneará a El Drogas en próximas actuaciones del grupo (la primera el próximo sábado en Madrid):

“Sé que tú tienes algún tipo de relación con Enrique Villarreal, que has escrito por ejemplo, el prólogo de su libro”, me escribe Amado Rey . “He intentado ponerme en contacto con él, a través del Facebook y otros medios, sin conseguirlo. Tanto yo como el grupo (Angel Casto y Los honestos), estamos muy interesados en explicar a los seguidores de El Drogas el porqué de esta colaboración, la gira conjunta, que sin duda les sorprenderá, y creemos que quizás tú puedas ayudarnos publicándola, moviendo en algunos medios alternativos y compartiéndola en redes sociales. Te lo agradecería de todo corazón. Que Dios te lo pague”, concluye su sorprendente mensaje, en el que adjunta un archivo con la entrevista.

Yo la cuelgo tal cual. Después, si eso ya me arreglaré con Dios para cobrar. Aunque sea a hostias



Patxi Irurzun


LA EXTRAÑA COMUNIÓN DE EL DROGAS Y ÁNGEL CASTO Y LOS HONESTOS 
Amado Rey. Madrid.


Jeseys de pico, melenitas beatle, crucifijos al cuello… Su aspecto, su música y su mensaje no casan muy bien —no desde luego por la iglesia—, con los de los miembros del otro grupo, El Drogas, a quienes no solo van a telonear, sino también a patrocinar, “porque podemos permitírnoslo”, dicen, y porque están dispuestos a todo con tal del triunfar en el mundo del rock melódico y cristiano. Incluso a medirse con el mismo demonio. Ángel Casto, líder de Los honestos, que ya empieza a sonar con gran éxito en  las emisoras cristianas, nos desvela los porqués de esta extraña comunión.

Ángel, no puedes negarnos que es sorprendente esta devoción por un cantante y un grupo que no ha dudado en tocar, por ejemplo, frente a la Catedral de Pamplona en tono claramente desafiante o que no deja dudas respecto a lo que piensa sobre –o contra- la iglesia en sus temas. Cuéntanos cómo conociste a El Drogas, qué os llevó a colaborar con ellos…

La devoción es pura y estrictamente musical. Evidentemente no nos identificamos en absoluto con su mensaje, pero queremos comenzar a trascender un poco el circuito indie católico. Somos un grupo de rock cristiano y por ello nuestras canciones buscan llevar la palabra de Dios a todos los rincones. Hemos decidido empezar por los que están más alejados de nosotros. Nos gusta el rock de El Drogas, creemos que es un grupo con tirón entre los jóvenes con inquietudes y, quizás, algo desorientados espiritualmente, y consideramos que ir de su mano es una buena manera de introducirnos en ese mundo.

¿Hay por tanto una misión evangelizadora en todo esto?

Sin lugar a dudas, empezando por el propio grupo al que telonearemos, a quienes estamos convencidos de que lograremos transmitirles los valores cristianos que nos mueven. No los conocíamos previamente, fuimos nosotros los que contactamos con ellos y desde el primer momento se mostraron muy interesados (y para los más suspicaces, no hablamos solo de los 2000 famosos euros que les vamos a pagar a cada uno), e incluso hemos notado una empatía entre los dos grupos. Nos sentimos, de un modo extraño, almas gemelas, las dos caras de una misma moneda.

Hablando de monedas, efectivamente el tema del dinero se ha comentado mucho. Es extraño que un grupo que empieza avale económicamente a unos veteranos…

Bueno, en nuestro caso está claro por qué lo hacemos: queremos triunfar y estamos dispuestos a todo. Afortunadamente venimos de familias acomodadas (los de El Drogas nos llaman “niños pijos”), y podemos permitirnos esta inversión. Sobre sus motivaciones para aceptar el trato, son ellos los que debería contestar, pero está claro que en el mundo del rock no es oro todo lo que reluce, los grupos están atravesando una etapa dura, y si nosotros podemos echar una mano… Hay, pues, también algo de caridad cristiana. Podemos, en definitiva, permitirnos esta inversión, repito, porque además nosotros, a diferencia de ellos, no tenemos vicios, somos muy austeros: en la santísima trinidad del sexo, droga y rocanrol nos sobran dos partes.

Has hablado antes de afinidades estilísticas. ¿Cuál es vuestro repertorio?

No queremos desvelar demasiado sobre él, queremos sorprender al público. Por supuesto tocaremos algunas de las versiones que ya se están escuchando en las emisoras cristianas, como Anduriña, y es evidente de qué fuentes hemos bebido: los grupos de catequesis, las versiones adaptadas de Bob Dylan, Simon&Garfunkel, el Alabaré… Todo ello, por supuesto filtrado por el tamiz del rock, el glam y nuestro propio estilo.

Estarás de acuerdo conmigo, Ángel, en que habrá mucha gente que no se crea una palabra de todo esto

Sí, y lo entiendo, pero es una cuestión de fe. Solo puedo decir a quienes no la tengan que ejerzan de santomomases y se pasen por la sala el día del concierto, el sábado a las 19:15 en  la Shoko Live de Madrid, y verán que no estamos mintiendo, que estaremos allí. Os animamos a todos a venir, estamos convencidos de que va ser el principio de algo, de una comunión entre gente aparentemente alejada espiritual e ideológicamente. Rezamos cada día para que todo salga bien y sabemos que Jesucristo está con nosotros. Y con El Drogas y los suyos. Y con sus seguidores, aunque ellos todavía no lo sepan.




martes, 11 de febrero de 2014

MI PRIMERA COLONIA, CHISPAS

Colaboración para Franzine


Los anuncios de colonia apestan. Yo no me iba de copas ni borracho con una de esas tipas paliduchas y lánguidas que salen en ellos y te miran en cámara lenta con sus pupilas alunadas, ni con esos marineros que no saben programar la lavadora —esos marineros con trajes encogidos, marcando paquete—, ni siquiera con esas mujeres fatales que se alimentan de corazones empalmados mientras a su alrededor revolotean ratas con alas. Qué miedo. Parece que se han escapado todos de un psiquiátrico.

Las pasadas navidades, mientras entre bloque y bloque de publicidad echaban trocitos de una película, nos endosaron 17 anuncios de colonias seguidos. 17. Que los contamos, y en casa tenemos muy buena memoria. Luego, eso sí, empezó otra vez la peli y ya no nos acordábamos de qué iba. O sea, que la publicidad de colonias tiene una influencia incuestionable en el discurso fragmentario y líquido de la cultura visual y narrativa contemporánea, pero eso que lo estudie alguno que tenga más tiempo.

17. Menudo empacho. Y todos iguales, o muy parecidos. Supongo que hay una ley o alguna subvención o algo que obliga a rodar esos spots a genios cinematográficos en ciernes o a adictos al LSD. Lo que ya no sé es si son rentables (seguro que hay algún latinajo marketiniano —aunque los latinajos en este caso se escupen en inglés— para describir esta relación causa-efecto). Quiero decir, que no sé si alguien decide comprarse una de esas colonias después de ver los anuncios en cuestión, ni mucho menos cómo pide los parfums en las tiendas: “Sí, chica, ese en el que sale una diosa vikinga haciendo yoga y de repente bosteza y de la boca le salen dos colibrís haciendo el amor, uno de ellos en calcetines de deporte, y entonces la chica se inquieta y su alma se hace pedazos en una constelación de pequeños planetas que flotan como pétalos, y la diosa ya siente que ha cumplido como demiurga y se rebela ante su condición inmortal, así que finalmente decide cortarse su melena rubia como el sol y como la cerveza con tijeras de podar y a tazón, ¿sabes cómo te digo?…”. “¿Uno con estética steampunk?”, le pregunta entonces intrigada la dependienta”. “No, ese no, el que yo digo tiene más bien influencias del afterpop bosquimano, tía”. Etcétera.


Es cierto que nuestra pituitaria es una máquina del tiempo, y el olfato un sentido muy asociado a la memoria y en consecuencia muy dado a masturbar sus recuerdos, la reconstrucción de los mismos, lo que pudo haber sido y no fue, los sueños… Pero precisamente por eso, quizás con algo más sencillico nos apañábamos, algo más emocional, más de andar por casa que gente frotándose desnuda con un caballo blanco que cabalga por una playa lunar… No sé si me explico, así que voy a poner un poco de música: “Mi primera colonia, Chispas”. Ese es el anuncio que yo recuerdo de colonias, los demás, tan subiditos, me cuesta retenerlos, me da pereza o ganas de mearme en la cama, cuando salen vampiresas locas o geipermanes con perilla puntiaguda (a la cama, por cierto, yo me voy con un pijama gordo en vez de con una gotita de Chanel, está claro que Marilyn podía permitirse una buena calefacción). En definitiva, que un anuncio diferente de colonias, en mi opinión, sería uno en que alguien se cruza en el súper con otro u otra, se detiene y se acerca a preguntarle qué colonia lleva “porque huele muy rica”, o “porque me ha recordado a una chica del insti que me gustaba y que llevaba la misma”, después si follan o se toman un café es cosa ya de ellos. Quizás con esta nueva tendencia perderemos por el camino al Buñuel del siglo XXI, pero mira, es su problema, que se ponga a rodar perros andaluces en lugar de spots de colonias. Una colonia, después de todo, es solo el frasco que está al lado del cepillo de dientes en el cuarto de baño.
http://www.franziska.es/es/mi-primera-colonia-chispas