ALBERDANIA PUBLICA MI DIARIO DIOS NUNCA REZA

domingo, 26 de diciembre de 2010

Un fragmento de DIOS NUNCA REZA


Para José Ángel Barrueco y Marta, con mis mejores deseos.


Martes 19 de agosto

Hoy hemos tenido ecografía. Con el anterior embarazo, Malen y yo no llegamos a convencernos realmente de que seríamos padres hasta la mañana en que vimos por primera vez a Urko en el monitor. Hasta entonces todo parecía sólo una prolongación de ese juego despreocupado de enamorados en el que se inventan nombres para hijos que no nacerán todavía, que quizás nunca nacerán. Malen y yo habíamos jugado muchas veces a aquel juego. Supongo que estábamos muy enamorados. Por lo menos tanto como todos los enamorados.

Nos conocimos en el barnetegi, un internado para estudiar euskera, en Lazkao.

Los dos estuvimos allá casi un año, un paréntesis en nuestras vidas mientras decidíamos qué hacer con ellas. Después yo hice el viaje a Filipinas y cuando volví ella todavía estaba esperándome. Durante los primeros meses de nuestra relación hablábamos entre nosotros en euskera, incluso hacíamos el amor en euskera. Después, un día, de repente, nos pasamos al castellano, y poco a poco nos fuimos olvidando de todo lo aprendido. Es curioso, mi vida ha sido una sucesión de cursos que no me han servido para nada, de esperas en las colas de las oficinas de empleo, de idiomas que se olvidan, de novelas en las que inventaba ese limbo al que van a parar los niños que nunca nacen pero tienen nombre. Como si en lugar de una vida fuera un simulacro. Al menos fue esa parte de mí, la que nunca llegaba a suceder realmente, la que hizo que Malen se enamorara de mí.

—Me gustó que fueras escritor. Me halagaba pensar que alguien sensible e inteligente se fijara en mí —solía decirme.

Pero a mí lo que me gustó realmente de Malen fue su culo. Todavía me seguía gustando. Mucho. A veces, cuando paseamos por la calle, dejo que se adelante unos metros sólo para mirarlo hipnotizado; o cuando por las noches nos acostamos y ella se coloca de espaldas a mí mi pene se desenrosca inmediatamente, como una serpiente encantada. Incluso a pesar de que sepa que no haremos el amor.

Malen, por su parte, nunca se ha sentido especialmente atraída en lo físico por mí y no tardó en comprender que a los escritores es mejor no conocerlos, que en realidad no son ni tan sensibles ni tan inteligentes, y de ese modo su pasión -al menos estos últimos meses- se ha ido escurriendo igual que un helado de una fruta de nombre exótico pero un sabor de regusto insulso.

—Es el cambio hormonal. El embarazo —trata de disculparse.

Como si June fuera una extraña que se ha entrometido en nuestras vidas, en nuestra propia cama. La niña, sin embargo, se esfuerza para que le hagamos caso. Esta mañana su pequeña figura ha aparecido plácidamente tumbada boca arriba, mostrándose con descaro. Incluso ha sacado la lengua cuando la ginecóloga ha enfocado su rostro.

—¡Uy, que descarada! —ha dicho Malen.

La he mirado sonriendo a los ojos y en el charquito que resplandecía en ellos he visto reflejado todo lo que quedaba en medio de la atracción física o intelectual, todo lo que realmente hace que nos queramos: el mismo sentido del humor, el mismo inconformismo, la misma capacidad de sorpresa, todavía y a pesar de todo, ante la vida…

Después he vuelto la mirada hacia el monitor y he distinguido un puntito que palpitaba agitado.

-Es el corazón- ha dicho la ginecóloga. Su voz sonaba fría, desprovista de emoción. Pero era normal. Tan normal como la vida misma. Para nosotros ese latido es el latido del mundo, pero ella descubre un nuevo corazón cada cuarto de hora.

-¿Qué tal tiene el pie? -ha preguntado Malen.

En la anterior ecografía nos dijeron que tal vez el pie derecho de June estuviera torcido. Apenas hemos vuelto a hablar de ello, tan solo haciendo bromas que traten de disimular nuestra preocupación (a veces la llamamos la cojita). Pero es pronto para asegurar nada, dicen los médicos.

-Yo no veo nada raro, pero es difícil apreciar algo así, en todo caso es algo que se soluciona con ortopedia, durante el primer año, no tenéis que preocuparos, la niña está muy bien, y es muy grande, muy hermosa -ha dicho la ginecóloga.

Cuando hemos salido de la consulta he vuelto a tener la misma sensación que con las ecografías de Urko, o el día de su parto, o cada noche cuando lo acuesto, la sensación de que mi existencia, al fin, deja de ser sólo un simulacro y se convierte en algo real.

Malen yo nos hemos besado. No ha sido un beso como los de antes, cuando nuestras lenguas se convertían en dos látigos que azotaban el corazón y le hacían sangrar esperma y jugos vaginales, pero ha sido un beso de verdad, de dos personas que todavía se aman.

Dios nunca reza (Patxi Irurzun) se publicará en 2011

viernes, 24 de diciembre de 2010

ANTICUENTO DE NAVIDAD NÚMERO UN MILLÓN



Otro cuento, recuperado e ilustrado por Exprai (aunque creo que también aparecía en La polla más grande del mundo), muy a tono con las fiestas. Por cierto, Feliz Navidad a todos menos a los pelmas de Movistar (me imagino a sus expertos de marketing, con sus bombillitas iluminadas: "Venga, el día de la lotería, a enviar mensajes a tutiplén, que la gente está más vulnerable, después de no haberse comido un rosco y de cargarse en los niños de San Ildefonso -por no decir en el niño dios-, mensajes, mensajes a saco, que seguro que alguno pica y se cree que le va tocar la casa, el coche, el viaje...". Anda y que se metan sus mensajes por el culo 2207 veces).

ANTICUENTO DE NAVIDAD NÚMERO UN MILLÓN

—¡Señor López, acuda a recepción, señor López, acuda a recepción!– repetía por la megafonía una voz impersonal, casi con código de barras, de no ser porque al eco enlatado se le escapaba un retintín de urgencia.

El Señor López era el encargado de que en la inauguración de los grandes almacenes todo saliera como era debido. Un perfecto inútil: a lo largo del día todo habían sido contratiempos; los problemas se le habían acumulado como una pila de muertos sobre el curriculum profesional.


Primero aquel Olentzero. Él mismo lo había contratado, después de un rigurosa selección en la que había primado el parecido físico. El elegido, cabezón y tripontxi, parecía perfecto, la personificación de una de aquellas figuritas del popular carbonero que tan bien se estaban vendiendo en la sección de adornos navideños, claro que, a diferencia de éstos, el de carne y hueso se había metido tanto en su personaje que en lugar de quedarse tranquilamente sentado fumándose su pipa, había acabado por convertir en un “slalom” sus repetidas visitas al puesto de degustación gratuita de sidra y ahora ya ningún niño se atrevía a pedirle los regalos: entregarle sus cartas hubiera sido como echarlas por la alcantarilla pestilente en la que se había convertido su boca, y con la cual intentaba atraerlos sin éxito, al grito de: –¡A ver el siguiente! ¿Tú también quieres el puto Picachu ese?

Después aquel Papa Noel. Tras mandar a casa al Olentzero el Señor López había tenido que hacer lo propio con uno de los papanoeles que habían colocado en cada una de las puertas, todos ellos igualmente contratados por él. En este caso el procedimiento de selección utilizado había sido el algo menos riguroso del enchufe, y los resultados igualmente desastrosos. ¿Cómo le contaría el señor López a su mujer que había tenido que despedir a uno de sus primos porque preguntaba con una insistencia algo sospechosa a los niños si, oh, oh, querían un pirulí?

—¡Señor López acuda a recepción, señor López acuda a recepción!– repetía la voz enlatada.

—Ya va, ya va ¿Que pasará ahora?– se preguntó.

Hasta los Reyes Magos le habían fallado aquel día; o mejor dicho él había propiciado el fallo, colocándolos en la sección de iluminación, bajo aquella constelación de lámparas, todas ellas encendidas, con sus aparatosos atuendos, las espesas barbas, y en el caso de Baltasar el maquillaje que el calor espantoso iba desfigurando, haciendo caer chorretes de betún sobre la capa, los cuales dejaban al descubierto una piel decepcionante blancucha. El señor López no imaginaba una forma más cutre –pero también más sincera– de revelar que los reyes eran los padres que aquella, en unos grandes almacenes.

Y ahora aquello.

Cuando el señor López llegó a recepción se encontró con que alguien había colocado en el Belén que allá se encontraba una alambrada, y desparramados entre las figuritas, sobre los ríos de papel de plata, varios trocitos de carne de ternera cruda y espongiforme, unos cuantos soldaditos de plástico, algún que otro asentamiento de clicks de famobil

—Han sido unos proetarras– le informó un guarda jurado – Han dicho no se que de un acto de apoyo a la causa palestina.

—Señor López, acuda a la sección de lencería, señor López acuda a la sección de lencería– decía la la megafonía.

El Señor López no aguantaba más. Necesitaba un respiro. Salió a fumar al aparcamiento. ¿De que se trataría ahora? ¿Algún pastorcillo “voyeur”?. Veía esfumarse su futuro profesional al tiempo que el humo de su cigarrillo.

—Todo ha salido mal– pensó.

Pero a sus espaldas, a lo largo de la carretera de acceso a los nuevos grandes almacenes, una interminable cola de coches se perdía en la lejanía, difuminada entre las luces de la ciudad.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

SEGUNDA EDICIÓN Y PREMIO PARA 'SIMPATÍA POR EL RELATO'


En apenas tres semanas la primera edición de Simpatía por el relato -nos comunica nuestro editor- se ha agotado, así que en breve habrá otra. Además, esta tarde recibiremos un premio, al mejor libro de rock en los premios 'Carlos Pina' (en la fiesta actuarán Vintage y X-PAIN Rock Circus, grupo formado por miembros de los legendarios Coz, Asfalto, Panzer o Burning). Y en otros premios, los que convoca la revista Garrido Rock también estamos nominados. Ahí andamos compitiendo con colegas como Dani Insolenzia o Kutxi y Sor Kampana. Como estos últimos nos sacan dos cabezas os animamos a votarnos aquí. De buen rollo. En la foto de arriba los dos antólogos del libro como locos de contentos.

TORTURA Y CENSURA


La editorial Txalaparta envió ayer un comunicado de prensa a cuenta del libro publicado en su catálogo, Manual del torturador español, de Xabier Makazaga, que como denunciaban varios bibliotecarios del País Vasco en una carta pública, ha sido retirado de al menos una biblioteca (la de Basauri) -y otras están recibiendo presión para hacer lo mismo- después de que medios de ¿comunicación? como ABC o La Razón y partidos como el PP y el PSE enredaran un poco, porque ya se sabe, en el estado español no se tortura, se ponga como se ponga la ONU y Amnistia internacional y los propios fiscales y forenses –muy pocas veces, pero pasa-. ¿Censura, tortura? ¿Aquí? Venga ya, pero si nosotros tenemos a los jueces más cojonudos del mundo, paladines de la libertad y de los derechos humanos (siempre que sea en otros países), cómo van a mirar ellos para otro lado, con la de “supuestos torturados” que han pasado ante sus democráticos ojos… Y a ver, ¿dónde hay un wikileaks que lo diga? Y si lo hubiera –que no lo habrá—, como con todo lo demás, ¿a quién le importa? Después de todo son terroristas, asesinos, se lo tienen bien merecido, a mí nunca me va a pasar. Hasta que pasa. O le pasa a alguien que conoces, y entonces te caes del guindo (conozco algunos casos de esos), y te enteras de las patadas en la puerta a medianoche, de los registros salvajes, de la incomunicación, de la familia que no sabe ni siquiera dónde está el detenido, de los traslados al hospital de estranjis, de la bolsa en la cabeza, los golpes, las amenazas, y a menudo de la prisión preventiva y la puesta en libertad algunos meses o años después sin cargos y sin que los medios de comunicación que se saltaron la presunción de inocencia rectifiquen...

La jugada de Txalaparta ha sido buena. Para el que quiera saber algo más sobre el tema, han colgado gratuitamente, con el consentimiento del autor, en su web el libro perseguido. Lo podéis descargar aquí.

martes, 21 de diciembre de 2010

DOS PINTXOS DE '¡OH, JANIS, MI DULCE Y SUCIA JANIS!'


Yo ya no sabía, no discernía la realidad de los sueños, estaba en el puto séptimo cielo, y este era una fiesta de un pueblo de la Ribera de Navarra, lleno de chicas morenas, que se reían en voz muy alta, que se ponían brazos en jarras para cantar una jota y de la boca les salía un pajarico, mientras la falda blanca de tablas les hacía pinza justo en la raja del culo, un culo duro y respingón como un pan de pueblo, y en la blusa se les marcaban los pezones igual que nueces, aquellas chicas que te llevaban a lo oscuro y te daban besos con lengua que sabían a zurracapote, o te la cascaban, sin dejar nunca de reírse, mientras sus novios hacían recortes a las vacas, aquellas chicas que te hacían una mamada, sin sacarse la polla de la boca, y repitiendo despacito el nombre de su pueblo, Fustiñana, Cintruénigo, Ribaforada...


Mi polla era la polla de todos los muertos de hambre del mundo, de todos los enfermos y salidos, yo los alimentaba con fantasías, sanaba los carcinomas que habían hecho engordar la religión, la moral, el pudor, el rechazo, sí, mis películas interesaban a alguien, se convertían en objetos de culto, yo había nacido para eso, había nacido con ese don, aquella minga como una grúa, capaz de levantar todas la basura del mundo y arrojarla a la papelera –junto con unas cuantas servilletas de papel—.


lunes, 20 de diciembre de 2010

EN LA MTV




O sea, en Maneras de vivir TV. Est es el repor que nos hicieron durante el concierto- presentación, que ya me parece tan lejano, de Simpatía por el relato en Fuenlabrada, en el que tocaron Yeska, Kike Suárez y la desbandada, Luter e Insolenzia, con colaboraciones de Agnes de Lilith y Monty de The Sheenas. Todos ellos hablan en el video de sus cuentos, aunque para oírlos primero tendréis que verme a mí, que es con quien arranca el reportaje, alcachofa en mano y con resaca.

viernes, 17 de diciembre de 2010

BEATITUD. EL VIDEO



Ayer el editor de Baladí, que publicará la antología Beatitud. Visiones de la beat generation nos envío a quienes participamos en ella las tripas del libro para echarle un vistazo, corregir... Apenas abrí el documento y le eché un vistazo, leyendo a saltos, me pareció un libro cojonutis. Yo imaginaba que viniendo de quien viene el proyecto (Vicente Muñoz y Nacho Escuín) y conociendo la nómina de autores (Sergio Gaspar, Carla Badillo, Uberto Stabile, David González, Eloy Fernández-Porta, Alfonso Xen Rabanal...) sería una antología interesante, pero creo que va superar mis expectativas, por lo que llevo leído. No pude evitar imprimírmelo (a doble cara para ahorrar papel y al final como siempre, atasco del carro, etc, y acabas gastando el doble y perdiendo el tiempo). El caso es que voy a disfrutar unos días leyendo , vosotros aún tendréis que esperar, aunque no mucho, sale en enero y yo creo -me gustaría- que el libro dará que hablar. Mario Crespo, que participa en la antología, y su hermano Pablo se han currado el video de arriba, muy guay, en el que podéis conocer la lista completa de participantes y ver sus caretos, y los de algunos beats. Os esperamos on the road.

martes, 14 de diciembre de 2010

DOS FOTICOS

Esta es la reinterpretación que José Manuel Vara hace para la antología Viscerales, en la cual participo con un cuento titulado "Reliquias y jorobas", del retrato en el que parecía Quasimodo que me hicieron hace poco para el Diario de Navarra; ahora el monstruo cobra más sentido si cabe, porque si todo el mundo tiene varias caras, un escritor-me parece a mí- todavía más.


Y esta es la del ganador del sorteo de mi libro "Atrapados en el paraíso" que el otro día hicieron Josu Arteaga y sus forajidos de La banda del abuelo tras la actuación de Kutxi Romero y Sor Kampana en el gaztetxe de Arrasate, presentando su espectáculo Las moscas lo devorarán todo, en la que el grupo de Josu les acompaño en acústico, que eso es para verlo (y lo veremos, dentro de poco). A mí estas cosicas, que La banda del abuelo regale libros míos, en sus conciertos, ya lo dije hace algún tiempo, me hace nmucha ilusión y me parece un camino más que apropiado para dar salida a algunas de mis novelas y libros de cuentos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mi primera experiencia con las drogas


El otro día fui con Hugo al oftalmólogo y me acordé del día en que lo hice yo, hará treinta años, era como revivir un episodio, ahora a través de los ojos de mi hijo. Algunas frases, hasta se repitieron del mismo modo: "Necesita gafas para clase, para ver la tele y para clase". Siento que Hugo ya va llenando su saco de recuerdos, de experiencias que rememorá cuando sea mayor y de algunas que quizás le marquen o determinen algunos aspectos de su vida. No sé si ser un gafoso, un cuatroojos, un empollón, puede ser una de ellas, yo desde luego recuerdo perfecta y algo desagradablemente el día que tuve que ponerme por primera vez la chaflis en clase, cómo dejé el estuche sobre la mesa, miré a mi alrededor y cuando creía que nadie me veía, deslicé lenta y sigilosamente las manos, como si aquel estuche fuera una granada de mano, me puse las gafas, y cómo al poco todo eso estalló: ¡Patxi lleva gafas! gritó el primero que me vio, y luego las risas, la sorpresa, etc. que en mi caso, de todos modos no fueron a más, nadie se cebó conmigo con crueldad infantil ni me supuso ningún trauma, ni nada. A ver qué pasa con Hugo. Lo que sí puedo decir es que él no ha pasado por el episodio de alucinaciones visuales y alteraciones del comportamiento que yo experimenté, como efectos secundarios del colirio dilatador de las pupilas, y que el prospecto marcaba como casos excepcionales. Mi madre me lo recuerda a veces divertida. Si me hubiera ocurrido hoy quizás podría haberlo inmortalizado con el móvil o una videocámara, como al niño ese del youtube que salió del dentista convertido en Ozzy Osbourne, y al que yo me adelanté tres décadas. Fue mi primera e involuntaria experiencia con las drogas sobre la que escribí este cuento:

EFECTOS SECUNDARIOS

En séptimo de EGB me pusieron gafas. Cada vez que escribían algo en la pizarra tenía que preguntarle a mi compañero qué era lo que ponía. Al principio se trataba sólo de algunas palabras, y yo creía que se debía a la mala caligrafía del profesor. Luego fueron frases enteras y como me daba vergüenza preguntarle todo el rato al compañero le copiaba del cuaderno. Al final se lo dije a mi madre y decidió llevarme al oculista. Mi hermana también vino. Antes de entrar en la consulta una enfermera nos echó unas gotitas en los ojos "para dilatar las pupilas". Mientras esperábamos nuestro turno me puse a leer "Las aventuras del pequeño Nicolás", pero de repente las letras se borraron, así que empecé a hablar con mi hermana. Ella dijo: -los minutos hacen gimnasia desnudos- y yo entendí lo que quería decir. Vimos una monja con tres ojos sentada frente a nosotros. La monja se arrancó uno de ellos de la cara, se lo metió en la boca y dijo que sabía a mandarinas. Nos ofreció unos chupetones, pero le contestamos que nos gustaban más las orejas de regaliz de nuestra mamá. Luego le comenté a mi hermana que habíamos fichado a la estatua de la libertad para el equipo de minibasquet del colegio. Ella se alegró por mí y se tiró un pedo de colores.

Cuando entramos a la consulta nos colocaron frente a un cartelito con letras que bailaban rocanrol. Mi hermana, a la que le habían puesto gafas el año anterior, les vio sin ellas las bragas a las letras de la última fila. A mi, que no llevaba gafas, me pareció que aquellas letras fumaban puros, sobre todo las de más abajo. Nos echamos a reír. Todo estaba al revés. El médico se puso un casco de minero, con linterna y todo, y se zambulló de cabeza en mis ojos. Cuando salió traía trocitos de coral que colocó delante de mí hasta que, detrás del humo, conseguí ver todas las letras. La P tenía una espinilla terrible en la frente. La S era una chica haciendo estriptis. Bien. Todo arreglado. Yo necesitaba gafas. Mi hermana no.

—¿Y puedo ponerle las gafas de la chica al chico?—preguntó mi madre.

—Pues sí, qué coincidencia—- dijo el médico —Si le gustan al chaval, sí— añadió, y me miró.

—Sí, me gustan. Son muy magnoliaceas—- dije yo.

A mi madre se le escapó la risa. El médico me miró extrañado. Mi hermana opinaba que a ella las gafas le parecían más bien tripanosómicas.

—Puede ser— pensé, y luego le pregunté al médico si tenía que llevar las gafas siempre.

—No, sólo para ir al cine, en casa, en clase y por la calle— contestó.

—Okey Makey— dijo mi hermana, se puso de pie, le besó la mano y el paquete de tabaco al médico y salimos de la consulta.

En la calle el sol era un espadachín loco. Me puse las gafas. Echaban un película en tecnicolor con miles de hormigas dando volteretas en una discoteca. Entramos al coche. Me quité las gafas. Mi madre arrancó y en medio segundo llegamos a casa. Salimos del coche. Me puse las gafas. Vaya lata.

—¡A la mierda!— grité, y me las volví a quitar, las tiré al suelo, las pisoteé, les dí una patada, las mandé al centro de la carretera, donde una excavadora que conducía el alcalde en persona las apisonó...

—¡No!— gritó mi hermana entonces, y cogió la excavadora, la tiró a una papelera, con alcalde y todo, recuperó las gafas y les hizo un liftin. Quedaron como nuevas. Me las devolvió.

-Ten en cuenta que el año que viene me toca llevarlas a mí- dijo.

Tenía razón, así que me puse otra vez las gafas. Vi pasar un coche de plastilina con gansters que disparaban calcetines de deporte lavados con Ariel.